Las mañanas en mi barrio son tranquilas,
en mí calle, pocos autos... luz de día,
No se admiten edificios, pocos llegan,
son los mismos, que envejecen en su tierra.
Y es verdad, yo no crecí en este barrio,
bueno, al menos, ya tenía veinte años.
Y me fui, buscando al fin huir del miedo,
pero, ese tiempo, me mostró un crudo invierno.
Mismas miserias... mezquindades disfrazadas,
más agradables en su arte, sus fachadas.
Mismas personas... que se visten de arrogancia.
mismas bajezas, bajo el velo de su estampa.
Y volví al barrio, ya sin miedos, ni impaciencia,
de gente simple, que no entiende sutilezas,
entre salvaje y solidario... todo se arriesga,
no van pensando en el futuro... van sin reglas.
Todos sabemos de raíces y de historias,
cuando los viejos rezongaban a la sombra.
Pocos pudieron apartarse del destino...
acostumbrados a ser eso... no hay caminos
Pero conservan calidez, son como niños,
tan inocentes y malvados... no usan filtros.
Y por las tardes, los pequeños arman juegos,
son esos mismos, que jugaban los abuelos.
Y si pelean, todo allí es duelo abierto,
gritan tan fuerte que el final, parece incierto,
pero se insultan sin hacer... escena extraña,
después, se juntan en sus vicios y andanzas.
Se escucha el canto de las aves... ladran perros,
las casas más bonitas, saben de otros tiempos.
Esa vecina que no entiende que molesta,
escucha música y canta fuerte... sin vergüenza.
Y crecen casas que se trepan en terrazas,
y ya no todos van tranquilos a las plazas.
Miramos caras conocidas... muchos años,
y te saludan con sonrisas, hablan alto.
Y ya conocés los sonidos repetidos,
viste a ese árbol tan enorme, en sus inicios.
Mis hijos, viven todos cerca... no hay rutinas,
ellos trabajan por sus sueños, no declinan.
Pasamos fotos al whatsapp de la familia,
hacemos chistes, y compartimos las desdichas.
Y sí, es verdad, que es difícil... pero hay sueños,
nos alentamos, respetando los procesos.
Y casi siempre el desayuno lo hago a solas,
pero disfruto de esa paz, que hoy se honra.
Trabajo, y salgo a caminar, cuido mis plantas,
y yo agradezco lo que tengo... aunque aún falta.
No sabe el mundo cuánto aprecio estar en calma,
que solo el día, con su sol, abre mis alas.
Después, la noche me recuerda las carencias,
pero, me abrazo a otro mañana con falencias.
Norma.
