Sinceramente, no sé qué me está pasando, los versos se atascan... no quieren salir, se contradicen y se retractan de todo lo dicho.
Puedo suponer, que mi interior se ha enojado conmigo, y en una huelga absuda , se niega a expresarse con la naturalidad con la que corrían las letras, alineándose apuradas, para revelar destellos de revelación.
No, no sé, la musa se rindió, el murmullo enmudeció, cansado de fluir sin freno, como cascada caudalosa, a un río sin forma. Como si hubiese advertido, que era un cause sin destino, o que se percatara, que sin retroalimentación, algún día, caería una última gota... y eso sería todo.
Y la gente aconseja, no a mí, porque algunas cosas, no pueden salir, sin su credencial aptitud en cordura. Porque, con mucha liviandad, se dice: ¡suelta!, no te apegues, no extrañes, no esperes, no te victimices, no te postergues, no te estanques, no derroches tus semillas en suelos áridos. Y sí, qué bonito, qué sabio, qué maduro y empoderado suena todo ese discurso de palabras correctas, pero... inhumanas y vacías.
Nadie debería hablar con tanta autoridad,sobre las desiciones de otras personas. Y sí, yo también lo hago, con un solo fin, solo pretendo explicar que esas alternativas existen, pero cada uno elige o abandona la mochila que pesará, o no, en su espalda.
En definitiva... ¿Cómo entender el dolor ajeno, cuando no se siente en la piel, en los huesos, en el corazón o el alma de otro ser.?
Te hablan de comportamientos que se deben entender de los hombre, características propias de las mujeres, de amor propio, de los beneficios de la soledad, de invertir todo en el crecimiento y autosuperación personal, de respetar procesos, de tiempos correctos, aceptación, introspección, de elevar la vibración con pensamientos positivos, respiración, postura, observación y espacio personal... ¿Algo más?..
Tal vez, lo ideal, sea vivir como monje, en el Tibet, en austeridad, reclusión o autoexigencia extrema, que permita conseguir facultades que la mayoría nunca conseguiría. Y yo me pregunto... ¿Para qué? ¿Qué quieren probar? ¿A dónde quieren llegar? ¿Es ego, o es incapasidad de soportar lo que demanda una convivencia diaria en las conplejidades de los entornos urbanos?
¿Qué nos pasa? ¿Qué estamos queriéndo probar? ¿Estamos disfrasando el miedo a cometer errores, a enojarnos, al fracaso, o a la frustración? ¿Quién nos dijo que el objetivo de esta existencia, es intentar ser semidioses? ¿A qué llamamos valentía? ¿El valiente es el que se impone y se lleva por delante el mundo, o, el que despierta cada mañana, lidiando con la insertidumbre, las carencias, la impotencia de verse limitado en algunos caminos y con la absoluta conciencia, de que las certezas, pueden desaparecer?
Esto que digo, pueden parecer quejas... y, tal vez lo sean, pero... ¿En qué momento nos hicieron creer que con palta, arándanos, gengibre, y algunos alimentos adecuados, íbamos a vivir ciento veinte años? ¿Cuándo nos entregamos a la idea de que nuestra meta en la vida, es alcanzar la perfección?.. ¿De verdad, nos convencimos, que hay un solo concepto de perfección?
Curiosamente, yo prefiero, que las arrugas me cuenten, qué gesto se repite más, que nada esta bloqueando un movimiento del rostro, o la coherencia, con que la piel habla de los sentimientos y el estado de ánimo de una persona. Aunque, a decir verdad, no me gusta como me quedan a mí... pero ese es otro tema.
Estoy algo asombrada de las posturas absurdas de personas, que no comprenden lo que somos en realidad. Es bueno, que las personas se fijen objetivos, y tengan metas... las que sean. Son como la zanahoria, que lleva al burro hacia adelante, pero... es probable, que el burro se pierda de disfrutar del paisaje que los circunda, de olfatear una flor, de sentir el pasto, de beber agua, mientras observa el paisaje ondulante que se proyecta en su superficie.
En fin, muchas veces en la vida, me sorprendo como una observadora, asorada de lo que descubro.
Hoy, me encuestaron en la calle, y pensé en huir, como hago siempre, con una excusa amigable, pero... acepté el desafío, para comprobar con resignación, que ni se esfuerzan por elaborar estrategias, más o menos elegantes, porque son obvios, básicos y absurdos. Creen que la gente es incapaz de discernir, de procesar, de advertir las consecuencias de las promesas hechas con el fin de enroscarte en su juego de intereses.
Y bueno, puede que yo no sea un parámetro para nadie, que lo que diga sea irrelevante, o demaciado extenso, para leerlo, pero... jamás hago algo por aplausos o reconocimientos, aunque, es verdad, que es lindo recibir algún halago sincero, o un gesto de afecto.
Lo cierto es que, no hay comida que garantice una vida larga, aunque, si puede hacerla más sana o llevadera. No se puede vivir en lo puramente espiritual, porque también somos materia, no importa si es desde una visión cuántica, atómica, holográfica, ocualquier otra variante, Lo importante es, que el cuerpo, no tiene que ser un intrumento del ego, o lo único importante. Que tratar de alcanzar otros planos o vibraciones elevadas, nos impide disfrutar de los sentidos, de tener los pies en la tierra para apreciar los pequeños milagros que la expone en sus brotes, en sus aguas, en sus desniveles, en los movimientos suaves, que no siempre son venébolos con el humano, pero... que suelen ser indispensables, para su transformación . Placas que sacuden olas y hasta moldean nuevos pliegues, grietas , que separan las extenciones de terreno, y, hasta volcanes, que derraman lava al océno, engrosando su plataforma submarina, dibujando en el mapa otra isla, o la prolongación de una costa.
En resúmen, creo que complicamos todo, olvidamos la propia persepción de lo que nos hace bien, dejamos que nos invadan con fórmulas mágicas y caminos garantizados por un erudito en el tema, cuando sería más fácil ecuchar como reacciona el cuerpo y las emociones propias.
La risa espontánea y sin malicia, cura y reactiva procesos positivos. Un abrazo a una persona elegida, no se siente igual al que se da por compromiso, porque, uno sana y contiene, y el otro se detiene en detalles, como texturas, perfumes, presiones o posturas. Una mirada, puede tener una profundidad que vulnera, que desnuda intenciones, que protege, o calma. O bien, puede incomodar, al punto de fomentar pensamientos negativos. Las manos de una persona transmiten, perciben y delatan. La postura, los gestos repetitivos... todo trasluce el interior complejo y dual, que todos llevamos dentro.
Por todo eso, interpreto que cada uno sabe dónde le aprieta el zapato, qué lo hace sentir pleno, y qué le dibuja una suave curva en los labios, cuando los ojos se iluminan, enmarcando un rostro que encontró la paz.
Y, que digan lo que quieran, que organicen charlas, conferencias, cngresos, videos, clases, talleres, cursos y... exactamente lo que se les cante.
Se toma lo que te hace bien, y lo demás, se deja al cuidado de sus autores.
Se predica con el ejemplo, y el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra...
No lo dije yo, y... esa sí puede ser una verdad universal.









