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lunes, 2 de noviembre de 2026

A PESAR DE TODO Capítulo 7 - "Nada era como creía" - Segunda parte

 Y sí, ahora reconozco el patrón, pero... no me culpo por no entender lo que sucedía. Yo era una menor emancipada, casada a los diecisiete años, por decisión propia... o eso creía.

 Así fue, llegamos a Mar del Plata un veinticinco de diciembre por la mañana. Paseamos, y fuimos a la playa con ese matrimonio, pariente de él, y su nene de casi dos añitos.

 Recuerdo que tuve que aguantarme los comentarios irritantes de este hombre, que constantemente, advertía a mi marido sobre el cuerpo de alguna chica. Mientras todo eso ocurría, ella, se reía o comentaba si le parecía que esa chica o señora, tenía buen cuerpo, o no... totalmente inaceptable.

 A pesar de sus desagradables comentarios, mi marido, no reaccionaba ni con gestos, porque sabía que yo lo consideraba una falta de respeto. Incluso, me mostraron a una chica de espaldas, que según ellos, le quedaba la malla como a mí... sin comentarios.

 Nosotros teníamos, por nuestra luna de miel, todo pago por diez días, pero, los días no eran lindos, y a ellos se les estaba terminando el dinero que habían reservado para sus vacaciones. Entonces, al quinto día, decidieron que iban a volver. Yo me enojé, porque nosotros teníamos que volver con ellos. Ya les habíamos pagado el combustible y otros gastos, porque pactamos quedarnos todos los diez días.

 Y así sucedió, él, que generalmente conseguía por insistencia lo que quería, no peleó, solo me dijo que no teníamos más dinero para volver de otra manera, y... a casa otra vez.

 Cuando llegamos a Buenos Aires,fuimos a visitar a mis padres, que se sorprendieron de vernos llegar a los cinco días. 

 Cuando quise saludar a mi hermana, mi madre me dijo que estaba muy deprimida, que se había cortado el pelo, pero como no le gustaba el corte y no quería salir. Así que, fuí a hablar con ella. Cenamos con ellos y nos fuimos a casa. Yo sentí ganas de llorar, se me abrió un gran hueco en el estómago de la angustia, es que los había extrañado mucho.

 Llegamos a la casa que habíamos alquilado antes de casarnos. Todo estaba impecable, yo me había encargado de eso. Él había comprado nuestro primer arbolito y un pesebre, del que conservo algunas piezas todavía. Esa noche fue complicada, porque la casa tenía un sótano clausurado, y cada tanto se veían bichos, que solo salían de noche. Así que, yo terminé quedándome dormida y él quedó alerta, exterminando cucarachas.

 El primer mes, transcurrió tranquilo, él se iba a trabajar al centro, temprano, y yo me levantaba un poco más tarde. Limpiaba, lavaba la ropa, planchaba, me hacía de comer y lo esperaba ya bañada y cambiada, todas las tardes a las 17hs. Él se duchaba y nos íbamos caminando de Devoto a Villa del Parque, donde vivía mi familia.

 Habíamos encontrado una verdulería que tenía buena fruta a bajo precio, y compramos a la vuelta, cuando íbamos a casa. Nos encantaba tomar licuados de fruta. 

Generalmente cocinaba él, y lo hacía bien, porque yo no sabía, ya que mi madre nos había moldeado para ser profesionales, no amas de casa, y suponía que ya tendríamos tiempo para aprender a cocinar.

 Él, me había regalado una perrita pekinés en el noviazgo, y, a pesar de que mi padre no quería perros en casa, porque había llorado mucho cuando murió su perro, decidió que eso no importaba, lo que generó una discusión. Ellos, finalmente, terminaron embobados con mi perrita. 

 Cuando me mudé, me llevé a mi Peki, pero, estaba triste y no comía, así que, me daba tanta pena, que se la dejé mis padres.

 Una tarde, estando en casa de mis padres, le comenté a mi madre que no me sentía bien, y que suponía que era porque habíamos estado comiendo mucha fruta, a lo que mi mamá respondió: _Si, claro, la fruta. Yo no entendí su cara de preocupación y fastidio, pero ella insinuó que podía estar embarazada y a mi me dió vergüenza.

 En ese entonces, no existían los test de embarazo, así que, tuve que esperar. Sinceramente, me asustaba más, pensar que no existía tal embarazo, porque desde los dos años, yo decía que iba a ser mamá y maestra.

 Una mañana, el despertador no sonó y yo me sentí culpable, porque él tenía un sueño muy pesado, pero yo, siempre lo escuchaba. Así pasó tres días seguidos y él me explicó que tenía que renunciar, porque lo iban a echar del trabajo, y no le iba a servir para darlo como referencia cuando buscara otro trabajo. Yo le dije que no, que vaya a hablar, que seguramente podían llegar a un acuerdo, pero no me escuchó, me dijo que yo no sabía como era eso. Yo no encontraba las palabras para explicarle a mis padres, y, terminó todo en llanto y vergüenza. 

 Muchos años después, supe que a la madrugada desenchufaba el despertador, porque ya había planeado todo para ese desenlace. 

 Pasaron los días, y mi embarazo quedó confirmado, mientras tanto, mi suegra se había ido con una pareja y nadie sabía donde estaba. Mi cuñado, de trece años, había quedado al cuidado de ese matrimonio que nos acompañó a la luna de miel, y mi marido lo trajo a casa. El chico tenía sintomas de rebeldía, al punto, de entrar a la habitación con mi marido para conversar, y cerrarme la puerta en la cara. Todo era un problema, no quería bañarse, no quería comer y todo se hizo cuesta arriba, porque ya no teníamos un sueldo para cobrar. 

 Mi madre no quiso que me haga los controles hasta los cuatro meses de embarazo, supongo que eran creencias antiguas, pero después entendí que era un riesgo. 

 A los veinte días de haber llegado mi cuñado a casa, mi marido, finalmente, encontró a su madre, que según argumentó, se fue enojada, porque él no le hizo caso, y se casó conmigo, lo que no me sorprendió, porque cuando me vió sola en el registro civil, me dijo con cara de enojada, que había hecho todo lo posible para que no nos casáramos. 

Después de tanta turbulencia, volvimos a quedar solos en casa, aunque, cada tanto, venía llorando para que mi marido la ayudará a encontrar a mi cuñadito, porque se le perdía... yo nunca entendí esa relación de madre e hijo tan tóxica.

 Durante el noviazgo, mi primo, me traía partes de aritos para armar, porque él estaba vendiendo bijouterie y no le alcanzaba el tiempo, ya que además, hacía llaveros labrados y trabajaba en plata con engarces de piedras semipreciosas.

 En base a todo lo que habíamos aprendido, vendió las alianzas y compró material, para dedicarnos momentáneamente a ese rubro. Todavía teníamos nuestros anillos de plata y los usábamos. Recuerdo que me dijo que los íbamos a recuperar... pero nunca sucedió.

 Con sus habilidades de vendedor, o de chamullero, encontró un local de bijouterie muy grande, en una zona muy comercial, que había perdido a su proveedor favorito, y nosotros, pasamos a replicar sus modelos, por pedido de la señora.

 Un tiempo después, perdió los papeles del auto, cuando se quedó dormido en el tren, y la única solución que encontró para rehacerlos, fue empeñar mis alhajas de oro, prometiendo nuevamente recuperarlas... pero tampoco sucedió. Yo me quedé con dos medallitas, pero, con los años, desaparecieron misteriosamente de mi casa, con un anillo de mi abuela y el cintillo de mi madrina.

Mi vida comenzaba a transformarse en una montaña rusa de emociones intensas, que de un segundo para otro, me llevaba de la esperanza a la frustración absoluta.

 Mi madre me acompañó a mi primer control de embarazo, y por supuesto, me retaron y me sugirieron, anotarme en un taller para madres adolescentes y un curso de "parto sin dolor'. 

 Así transcurrió mi embarazo, con deudas, con desacuerdos y con angustia. Por momentos, trabajando toda la noche, para poder entregar a tiempo los pedidos. Mis padres, nos ayudaron todo lo que pudieron, pero ellos también tenían muchos gastos.

 Ya habíamos vendido el auto, y mis padres, me sugirieron, que los últimos días de mi embarazo, los pasara en su casa, porque mi padre, siempre tenía el auto listo para cualquier emergencia. Mientras tanto, él venía todas las tardes a pasar un rato conmigo, y se iba.

 Un trece de Octubre de 1982, las contracciones se hicieron presentes desde la tarde, pero, yo sabía que podía ser una falsa alarma, porque, para la fecha probable de parto, faltaban quince días. Así que, tenía que terminar un pedido de aros muy complejos, y me lo tomé con calma. Mi madre no estaba en casa, y cuando llegó, me preguntó cómo estaba y le conté, pero ella me dijo que si fueran contracciones reales, no podría ni hablar del dolor. Me ofreció comida, pero no tenía hambre, por lo que insistió con una sopa, y acepté. 

 Como a las 22:30hs, las contracciones llegaban más seguidas, y mi madre, me dijo que teníamos que ir a la maternidad por las dudas.

 A mitad de camino, el auto dejó de andar, mi padre bajó y se había roto una manguerita, creo. En la desesperación, corrió siete cuadras, buscando una estación de servicio, pero no tenían lo que necesitaba. Mi madre estaba en pánico y yo intentaba calmarla.

 Mi padre, no quiso alarmarme, pero, asustado, tocó timbre en una casa que tenía un auto parado al lado frente. Para nuestra sorpresa, un señor salió, escucho a mi padre, lo ayudó a arreglar el problema, su familia también salió, y después de mucho agradecer, mi padre puso en marcha el auto. Cuando nos estábamos yendo, el hombre dijo: _ ¡Qué sea un varón! 

Por un tiempo, mis padres buscaron esa casa para llevarles un regalo de agradecimiento, pero no pudieron encontrarla nuevamente.

 Ya en la maternidad Sardá, rompí bolsa y me llevaron a la sala de preparto, donde varias mujeres gritaban y las enfermeras intentaban que se calmen, supongo que éramos unas ocho mujeres en la sala. Me pusieron goteo para acelerar la dilatacion y me dejaron allí, entre los gritos y una luz tenue. Al rato, empecé a sentir que mi bebé hacía fuerza para salir, y se lo dije a una doctora que entró a la sala, ella me hizo tacto, y me dijo que faltaba. Yo intenté mantenerme en calma, pero los dolores eran fuertes y me dió miedo y sentí un sabor  amargo. 

 Un tiempo después, entró un médico y me revisó, pero, se iba sin darme importancia, entonces, yo lo tomé fuerte del brazo y sentí como las lágrimas caían tibias por mis mejillas. Creo, que le dió pena y me dijo que iban a venir a buscarme para llevarme a la sala de partos.

 La figura de un enfermero alto y corpulento trayendo una camilla, me pidió que lo ayude a pasarme a la camilla y me llevó muy apurado por los largos pasillos fríos y blancos de la maternidad.

El enfermero, me preguntó que edad tenía, le dije que tenía dieciocho, pero no me creía, decía que parecía de quince. 

 Ya en la sala de parto, las enfermeras me ayudaron a pasarme a otra camilla, mientras llegaba el médico que iba a atenderme. Me pusieron algo para monitoriarme los latidos, me tomaron la presión, que estaba bastante alta, y comenzaron. Cuando levanté la vista, un grupo grande de estudiantes, me observaban a través de una ventana y una puerta vidriada y tomaban nota. Por supuesto que eso me disgustó, pero nadie estaba esperando que los autorice, así que me concentré en hacer todo lo que me pedían. 

 Es algo extraño, y no sé si todas las mujeres lo sienten igual, pero, el esfuerzo de pujar y el dolor que lo acompaña, se siente como estar muriendo, mientras tu hijo nace. 

Mi hijo nació con la boca hacia arriba, y otro médico que estaba ahí, corrió a buscar un sorbete, y le absorbió el líquido amniótico de su boca, para que no vaya a sus pulmones.

Mi bebé nació con 3,250 kg a las 12:02hs. de la madrugada del catorce de Octubre. Después del chequeo del pediatra, nos llevaron a los dos a una sala de diez camas, cada una con su cunita al lado. Al salir de la sala de partos, el enfermero que me había llevado, le decía a otros: _ ¡Mirá, parece una nena con su muñeco!

Y allí quedamos, en una sala grande, con las luces apagadas, y solo la iluminación del pasillo, nos permitía ver que teníamos alrededor. 

 Pasar esa noche fue difícil, porque mi bebé lloraba y yo intentaba calmarlo o alimentarlo, pero, estaba asustada y muy cansada, lo que me provocaba mucha angustia y cada tanto las lágrimas volvían a caer.

 Mi marido, se enteró al día siguiente, cuando fue a visitarme a la casa de mis padres, ya que no teníamos teléfono de línea y los celulares no existían.

 Mi familia vino en el horario de visita para conocerlo, también llegó mi suegro con flores y el flamante papá, que quien sabe que habría estado haciendo, mientras yo pasaba una de las pruebas más difíciles de mi vida.

 Hasta que me dieron el alta, vi como una madre abandonaba a su hermosa bebé, y según dijeron las enfermeras, tenía antecedentes de haber abandonado a otros. 

El día que nos fuimos a casa, sentí alivio, porque ya no me iban a levantar a las seis de la mañana, abriendo las ventanas "para ventilar" y para que se sequen los pisos, porque las chicas que limpiaban, hacían sus tareas, mientras nos preparábamos para la revisión diaria de los médicos por las salas.

 El primer mes de mi bebé, fue complicado, porque no descansaba, siempre tenía hambre, y yo, con mi depresión postparto, hacía lo que podía. La pediatra, le mandó como suplemento, agua con glucolin, porque, supuestamente, yo debía esperar veinte días, antes de recurrir a una leche de fórmula. La solución, según ella, era que yo aprovechara a dormir, mientras dormía mi bebé, pero él se despertaba cada quince minutos o media hora, durante todo el día y la noche. Todo era una locura, yo era un zombie caminando por la casa, lavando pañales y olvidándome de comer o de ir al baño, hasta que, al mes, mi hijo no subía de peso, y la pediatra a regañadientes, me dió la razón. La primera mamadera que tomó, lo hizo dormir por siete horas, y nos asustamos. Recuerdo haber comprobado si respiraba, cada media hora. Pero... yo nunca más iba a pasar por todo eso. Tal vez, para un médico, hablar de veinte días de espera es válido, pero en la práctica, es aterrador.

 Y sí, todo fue difícil, y a él solo le había preocupado que yo me mantuviera delgada, y a los seis meses, yo estaba nuevamente en mi peso y no podía entender que fuera tan egoísta.

 Mi madre me decía que los hombres tardaban mucho en madurar, y yo puse mi esfuerzo en esperar ese momento, lo que ella no me dijo, es que algunos jamás maduran, solo se pudren con los años.


Norma.

sábado, 31 de octubre de 2026

APESAR DE TODO. Capítulo 7. "Mi inocencia" - Primera parte.

 Sin lugar a dudas, este es el capítulo más largo y complicado de mi vida, por eso dudé mucho, si era necesario resumirlo en letras, pero, también imaginé que si alguien pudiera cambiar algo en su vida, a través de este relato, valía la pena exponer lo vivido.

 Todo comenzo en 1979, un fin de semana antes del día de la Primavera. Mi hermana tenía un novio, y me invitaron a ir a bailar, a San Jorge, el lugar al que siempre íbamos. A mi me gustaba mucho bailar, aunque no lo hiciera en forma llamativa, solo era escuchar la música y permitirle a mi cuerpo moverse, no como expresión corporal, sino, con suavidad, pero con pasos que se usaban en ese momento. En conclusión, yo bailaba toda la noche, muchas veces con diferentes chicos, pero al otro día, había perdido un kilo.

 Recuerdo esa noche, había bailado con un chico alto, pero medio torpe para hablar y algo no me hacía sentir en confianza, así que, cuando empezaron los lentos, le dije que estaba cansada y él se fue. Nos habíamos sentado y yo explicaba a mi hermana creo, por qué había dejado de bailar. En eso, alguien me preguntaba si quería bailar, y yo, medio fastidiada por lo sucedido, le dije que no, sin siquiera verlo, pero el insistió negociando, o regateando la cantidad de tiempo que me estaba pidiendo, y al final accedí y esa fue la primera vez que lo vi. Él era muy alto y muy delgado, cabello castaño oscuro y ojos marrones claros, con una aureola azul, alrededor de la pupila y, sinceramente, no vi todos los detalles en ese momento.

 Yo no lo supe en ese momento, pero él, y un grupo de amigos, hacían apuestas, apostando a quien podía besar más chicas en una noche... totalmente reprobable, pero, real.

 Un tema lento, que no recuerdo ahora, sonaba de fondo, y él con mucha delicadeza, me tomó de la cintura y con su otra mano, tomó la mía, y la apoyo su mano en su pecho. Yo tenía tacos altos y muy delgados, pero sabía hacer el equilibrio necesario. Así llegó la primer prueba, era otro de sus filtros, para divertirse, supongo. Él, no bailaba los lentos, de las dos o tres maneras tradicionales, él tenía coreo propia, con pasos complejos y giros rápidos. Para su sorpresa, yo podía seguirlo, entonces, me confesó esa vez, y nunca lo negó, que era la primera vez que alguien podía seguirlo. 

 Bailamos un rato, y después, quiso ir a la barra a tomar algo, él, se pidió una gaseosa y yo lo acompañé, recuerdo, que tenía un jean azul y una camisa de manga larga azul, con unas florcitas blancas casi imperceptibles. Siempre se arremangaba las camisas de manga larga, no usaba manga corta. Ambas prendas eran de una marca, que yo no podía comprar. Él activó su fase de galán con mucho verso, y, antes de terminar la noche, concretamos una cita para el día siguiente, a tres cuadras de mi casa y en un horario diurno, autorizado por mi madre.

 Al día siguiente, me prepare, con todo el nerviosismo que proponía mi timidez y la incertidumbre de saber que pasaría. Me paré en la esquina comercial que acordamos, y esperé unos cuarenta o cincuenta minutos, pero él no llegó, entonces, volví a casa, medio triste. 

 Y así, llegó el día de la Primavera, y una vez más, mis compañeros de colegio, me invitaron a Palermo, pero... una vez más, no quise ir. Ese año, mi hermana aceptó una salida con sus compañeras, y yo me iba a quedar en casa, pero, mi mamá, recordó que en San Jorge, habían anunciado un baile especial de Primavera y me dijo que si quería, ella me llevaba. Aclaro, que era en el único lugar donde iban algunas madres a acompañar a sus hijas y el requisito era ocupar una mesa y consumir algo, pero, no iban a bailar, solo acompañaban, porque yo tenía quince años y era obviamente menor, aunque nadie se daba cuenta.

 Cuando subo las escaleras, lo veo a él parado al final de la escalera con una rosa en la mano, que le había pedido a una persona que repartía rosas para las chicas. Sí, todavía lo recuerdo, fue como una escena de película.

 Lo que me impactó, era lo alto que era, a mí siempre me habían gustado los chicos altos, de pelo y ojos oscuros, y delgados. Además, era muy cuidadoso y atento a los detalles. Él se mostraba muy seguro, evitaba los lugares de conflicto y hablaba bonito.

 Después de saludarnos y apurarse por pasarme el teléfono de su trabajo, me preguntó, por qué no fuí a la cita, y yo le dije que sí, que yo lo había esperado, pero no lo ví. Analizando la escena del desencuentro, entendimos, que yo lo cité al 2.000 de Nazca, pero era a la altura que vivía anterioriormente, y por eso la confusión. En definitiva, estuvimos esperándonos casi una hora a una cuadra de distancia.

 Así comenzó esta historia, él tenía dieciocho, y yo, quince, pero en esa época, la mayoría de edad, era a los veintiuno. Aunque, de todas formas, a mi madre le preocupaba que me diera vuelta como a una media.

 Y sí, supongo que mi madre tenía razón, él tenía calle, una vida que se había complicado cuando aún era muy chico, una familia conflictiva, al borde de la violencia y un ego inflado, para sobrevivir. 

 Me costaba entender sus derroches, en mi casa, se cuidaba y valoraba cada peso, porque era el fruto del esfuerzo de mis padres. Él era muy soberbio, yo le decía agrandado, pero tenía una parte sensible que me conmovía, aunque todavía no sé cuanto de todo eso era cierto.

 Tuvimos un noviazgo complicado, en cuanto al entorno, pero divertido para lo que compartíamos. Yo admiraba su audacia y él se reía con mis tonterías, mi humor inocente y mi transparencia. Íbamos al cine, a comer pizza, a bailar y caminábamos por horas, mientras nos contábamos anécdotas o planeábamos un futuro. 

 A los diez días de estar saliendo, fingió no sentirse bien, para entrar a mi casa y entrar en mi mundo, aunque comenzaron los choques con el novio de mi hermana, que a esta altura, se consideraba local. Todo llegó a un punto muy complicado, y solo volvió a una supuesta tranquilidad, cuando ellos terminaron su noviazgo.

 Llegó su momento de ser sorteado para hacer el servicio militar, y ahora entiendo, que por ese motivo me pidió matrimonio. Los casados quedaban afuera del reclutamiento. Yo lo tomé como un acto de amor, pero todos se opusieron y se fue posponiendo durante dos años y medio. 

 Recuerdo la noche anterior a presentarse en Ciudadela, para comenzar la instrucción, se quedó en mi casa y pasamos toda la noche conversando en la cocina, mientras él lloraba, porque decía que me iba a extrañar. Y... obvio que no era eso, él sabía que no era un lugar donde se pudiera manipular a nadie, pero yo trataba de consolarlo y me quedé acompañándolo, aunque mi madre se enojara con razón.

 Abusando siempre de su buena fortuna, fue ubicado para prestar servicios de mantenimiento en canchas de tenis del círculo de suboficiales, llevar recados, e incluso, gestionó la incorporación de puestos de una conocida gaseosa para un evento militar.

 Yo cursaba tercer año cuando nos comprometimos, mis compañeros me decían que estaba loca y otros se sorprendían de ver que me esperaba en la vereda de en frente del colegio, incluso, llegaron a decirme que tenía buen físico.

 En las vacaciones, volvió a hablarme de casamiento, y pensamos en casarnos en septiembre, para la Primavera, pero, como en ese entonces, no se admitían chicos casados en el colegio, no comencé cuarto año. Todo esto, dió paso a una guerra de estrategias y reclamos cara a cara de nuestras familias, pero al menos  yo, resistía como podía a esas embestidas. 

 A mitad de año, aproximadamente, él, cambió el discurso y propuso casarnos en Diciembre, mi madre rescató la coincidencia con su aniversario de casamiento, y supongo que fue para ganar tiempo, aunque el año de colegio, ya se había perdido. 

Indudablemente, él había nacido con el regalo de saber como abrir puertas a su antojo, aunque, generalmente, lo usaba para caprichos, y no, para avances en su vida. Así, consiguió en tiempo record, fecha para el civil y nosotras nos encargamos de la Iglesia y el vestido. Mis padres ponían la casa para la reunión, y se encargaron de mejorar las condiciones de paredes y pisos. ¿Qué hizo su familia? Le compraron un auto, impulsándolo, a salir y levantarse chicas. ¿Qué estuvo mal? Supongo que todo.

Quería comprar una casa con terreno grande, a pagar en cuotas, pero...mi madre no quiso, porque quedaba lejos, así que, fuimos a alquilar en el barrio más próximo.

 Unos días antes de alquilar, me propuso posponer el matrimonio hasta Marzo, y yo me puse furiosa, por todo lo que habíamos pasado y el año escolar perdido, así que, me casé un veintitrés por civil y un veinticuatro, por Iglesia. 

 Nos casamos a las 20:30hs. Mi padre tenía el auto listo, tardamos un ratito en acomodar el tocado y los nervios no ayudaban. Al subir al auto, perforé con mi taco, el volado de organza del vestido de mi madre, que había remodelado a mi gusto, y tal vez, eso fue el primer indicio. El sacerdote, aceleró la ceremonia, porque no se acordaba haber tomado un casamiento, en el horario en que tenían que tener los ensayos para la misa de noche buena. Mi suegra, se vino con vestido largo y una rosa enorme en el pecho, cuando habíamos acordado lo contrario. Mi madre, pidió que cantara el Ave María, una monja que emociona por su voz... pero yo solo escuché la música.

Solo estaban ocupados los dos o tres primeros bancos de cada lado del pasillo principal, porque no todos vinieron a la Iglesía y, mi hermana lloraba desconsoladamente,mientras mis tías, intentaban consolarla. En el atrio, nos vinieron a saludar, y un tío, me desacomodo el tocado del pelo.

 Mi suegra, llevaba unos años separada y llegó con su nuevo novio y cuatro amigos, que no habíamos tenido en cuenta y se tomaron hasta el agua de los floreros.

 Para frutilla de postre, él, estaba sin dormir, porque le había gustado como le había quedado el pelo y no se quiso acostar, para no despeinarse... o eso dijo.

 Nuestro hotel para la Luna de Miel, nos esperaba en Córdoba, según las políticas de sindicato, pero... él, fue a insistir durante un mes, para que nos den ese beneficio en Mar del Plata, y como siempre... lo consiguió. Nunca ahorró nada y no compró nada. Mis padres y su padre, nos regalaron un dinero que administró él, y, como siempre, no alcanzó. 

Fuimos a Mar del Plata, en el auto de una pareja que tenía un nenito y eran de su familia, porque tenían descuento en la estadía del hotel, por medio de nuestro beneficio.

 Él, fue todo el viaje durmiendo adelante con su pariente, y yo atrás, con su mujer y su hijo. Al pasar el cartel de Bienvenida, alguien lo saluda, y él nunca había viajado a esa ciudad. Y así fue como siguió, él, conocía a muchísima gente, algunos lo apreciaban y otros dudaban de todo lo que les decía, pero... yo iba a tardar muchos años en entender ese patrón de tira y afloje, sus mentiras, sus estrategias y lo peor... asumir, que tal vez, jamás me entere de todo lo que fue capaz de hacer, mientras me decía que me amaba y me juraba todas las noches que nunca me iba a engañar.

 Él, era muy bueno en los deportes, jugando a las cartas, aunque lo acusaban de hacer trampa, pero nunca lo pidieron probar. Jugaba campeonatos de pool y villar y le encantaban los desafíos. 

 Tenía la capacidad de llevarme al límite del enojo y decirme que me calme, que me iba a hacer mal, o venir llorando a decirme que nunca quiso hacerme daño, que no se acordaba de lo que yo le decía, pero me pedía perdón, porque me amaba y no me quería perder. Que él tenía mal carácter, que tenía que entender que solo era eso. Con un abrazo y poniendo la pava para su mate y mi té, finalizaba su exposición y pasaba a otra cosa. 

 Y todo eso no es gratis, la vida es un boomerang y él no se fue sin encontrar la horma de su zapato... pero, eso será una segunda o tercera parte.


Norma.


jueves, 29 de octubre de 2026

Mi herida

 Qué raro que suena mencionar su nombre,

suena a utopía, como ese relato que inventó la noche.

Y... ¿Quién me diría cuando era niña, 

que podría hablarle con tanta soltura?


 Yo crecí soñando, que sería un hombre,

mi fiel compañero, mi galán... mi roble,

que no habría otro, que sería mi abrazo,

que no habría tormenta, capaz de borrarlo.


Soñaba con niños... mañanas soleadas,

compartir sonrisas... hasta por miradas.

Asumir el reto de ser responsables,

el trabajo, estudios... y hasta enfermedades.


Dar gracias al cielo por lo superado,

crecer con el tiempo, mi mano y su mano.

La historia real, muy llena de comas,

de anécdotas varias, con llanto y con bromas.


Y al llegar la hora, esperar los nietos,

mientras nos buscamos como en el comienzo.

Compartir lo simple, apreciar esfuerzos,

y verlo más lindo en cada regreso.


Pero no pasó... nada fue tan bueno,

dos niños sonriendo, y el resto muy serio.

Después, fue un inicio, no vi las alertas,

sí, hubo familia, llantos y exigencias.


Mis hijos, las joyas que robé al desierto,

alguien sin amor, desangró mis sueños.

Y cuando creí que ya no podía,

la foto volvió y escribió poesía.


Yo que no fuí infiel, corté las cadenas,

fue una guerra dura, sin razón ni tregua.

Y quise quedarme con la voz en calma,

casi sin aliento, tejía mis alas.


Y después de un tiempo, aprendí refranes,

no quiso admitir que no iba a quedarse.

Y rasgó la foto frente a mis pupilas,

y yo me culpé.. ¡Y cómo dolía!


Yo estaba allí, sin saberlo todo, donde no quería,

y corrí muy lejos, no lo presentí... yo solo creía.

Y después llegaron las voces vacías,

 carcazas de hombre, de sabor amargo, sobre mis heridas.


Y llego la opción, con su madurez.. o eso creía,

cayó su careta, cuando dejé todo... fue una pesadilla.

Y fuí esa mosca que atrapó la araña, con maña aprendida,

era tan oscuro, que aprendí a pelear, con rabia y fatiga.


Y aquí estoy de pie, sin mucha visión de qué se aproxima,

aguantado el eco de mi corazón, que no se resigna.

Si, me queda claro que no habrá traiciones abriendo mi herida,

y no sé que llegue, pero no negocio la paz adquirida.


No juego con fuego, no quiero el poder, ni las apariencias,

yo no he competido, ni pido castigos, o venganzas viejas.

No quiero mentiras, o verdades crueles, sin medir la huella

solo quiero amor, o paz transparente sobre la coherencia.


Norma.

sábado, 24 de octubre de 2026

Sin negar

 Siento algo extraño, no tengo certezas,

como algo ajeno, traspasa ese muro.. empuja con fuerza.

 Todo es muy incierto, como casa a oscuras con la puerta abierta,

y ese frío impropio que habita el camino que transito a ciegas.


Una mezcla rara, de miedo y suspenso en la curva nueva,

yo trenzo una soga, porque es imposible avanzar sin reglas.

Y si, me da miedo lo desconocido... y si que me alerta,

porque estoy cansada, del mundo ruidoso, que he dejado afuera.


Lamento los baches, de la vieja calle que borró mi huella,

y el cactus de espinas, que he apartado, aunque me doliera.

No abriré ventanas, si el aire se siente como una amenaza,

porque el paso es lento, y yo ya no tengo mi paciencia innata.


Abriré el oído, y serán mis ojos los jueces del habla,

no habrá fantasía, aunque aún perdure mi fe y mi confianza.

 Si llega el amor, será en mi cabeza, corazón y alma,

porque no es excusa, lo que hicieron otros, sin pensar en nada. 


No seré verdugo, ni ángel muy blanco, desplegando alas,

en mi propio centro, sin negar las noches oscuras y heladas.

Aprendí a estar sola, aunque el cielo sabe que llega mañana.

mi espíritu insiste, que es joven y alegre, cuando todo encaja. 


Norma.

viernes, 16 de octubre de 2026

Sabor amargo

 Muchas veces me pregunto ¿Qué les pasa a algunas personas? ¿Por qué necesitan sentir distancia, sufrimiento o límites, para reaccionar con humildad, o al menos, sin tantas vueltas?
 Admito que mucha gente no me entiende, y no, porque haga cosas con maldad, o porque espere que la vida me regale algo... no, en realidad, no comprenden mi sensibilidad, mi mirada, tal vez, demasiado intensa, mi excesivo respeto, mi manera de intentar no lastimar, y mi forma de correrme, cuando siento que mo hay espacio para mi. Y no, no es que me describa como una persona buena, pero... al menos, procuro que nadie pase por mi lado y se sienta peor de como estaba unos segundos antes de cruzarse por mi camino.
 ¿Y yo, que pienso de mí? En ocasiones, coincido en que se debe empujar un poco para pasar, en vez de pasar por otro lado. Pero bueno, lo cierto es, que particularmente hoy, siento ese frío que reconozco, que no me gusta, pero no lo comento, porque ya lo intenté y no funciona. Por lo tanto, prefiero no desgastarme en explicaciones que no van a ningún lado.
 No soy una persona que busque llamar la atención, no pretendo que mis palabras sean una verdad inamovible. 
 Es muy difícil explicar lo que siento en los ambientes colmados de gente ansiosa o negativa. 
 Las miradas de superioridad, las de gente agresiva, las de los manipuladores, cuando te ven como presa fácil, las miradas vacías de personas que no sienten, o las miradas tristes, que te golpean en el estómago sin aviso. 
 Es complicado expresar que se siente, cuando sufriste varias decepciones, y no de cualquier persona, porque eso, tarde o temprano se acomoda solo, pero si la persona es muy cercana... duele.
 Puedo entender que el mundo no funcione como a mí me gustaría. 
 No comprendo que me pasa, estoy como anestesiada, sin capacidad de proyectar algo a futuro, no sé, tengo ideas de presente, cortas, específicas, austeras... y ya.
 Sin embargo, defiendo mi dignidad con uñas y dientes, no permito faltas de respeto, ni a personas diciéndome que debería hacer. 
 Detesto los fanatismos y las modas absurdas que muchos siguen sin criterio propio. Yo veo arte y belleza en muchísimas creaciones, sin tomar en cuenta el nombre del artista, o si tengo un criterio culturalmente refinado que me avale.
 La naturaleza, es la expresión infinita de arte, aunque no admire la voracidad de los más fuertes, reduciendo a nada, las posibilidades de otros más débiles. 
 Sinceramente, nunca quise manipular o torcer la voluntad de nadie.
 Me hace mal la infidelidad, (propia y ajena),el abuso de personas invasivas, que no entienden donde termina lo propio y comienza lo ajeno. Me siento incómoda entre gente superficial, cautivada por las apariencias y el poder.
 Será que hoy siento un sabor amargo, algo me duele, tal vez, algo que me confirmaron, algo difícil de digerir. Y no, yo no necesito tiempo de receso, por el contrario, necesito activarme ya, despegarme de rutinas desgastantes, consideraciones innecesarias, e interminables compromisos de trabajo.
 Ahora, tengo que terminar un trabajo, que se retrasó por un inesperado acontecimiento familiar. 
 Las horas son muy cortas y la tristeza viene a visitarme en estos momentos de cansancio. En otras ocasiones, es la lluvia, con su goteo cíclico y melancólico. 
 Casualmente, afuera, el goteo llega y se va.

Norma.



jueves, 1 de octubre de 2026

El proceso

 Y si que sé cómo, conozco el proceso,

con los pies descalzos, conociendo el fuego.

No me victimizo, no busco un acierto,

tal vez nunca entienda... ya no importa eso.


Cuido mi energía, no será un regalo,

necesito todo dentro de mis manos.

Ya lo hice antes, fue un proceso lento,

decidí pararme, sin venganza... ni ego.


 Un proceso ingrato, que cubrió el silencio,

que rompió en pedazos el último intento.

Primero, es la duda, después... desaliento,

entonces... el tiempo, destrozo lo viejo.


 Él no fue el mejor de un grupo funesto,

la historia fue armada sin medir el riesgo.

No deseo el mal, ni busco venganzas,

será acomodado, donde no sea nada.


Guardaré esa foto, antes de su ruina,

dejaré el recuerdo de quien conocía.

Lo demás...  es tiempo de dejar a un lado,

ya no me interesa que habría pasado.


 Conozco el proceso, ya lo hice antes,

descarto alimañas, y limpio mi sangre.

Los pasos son duros, yo sé caminarlos,

y al final de todo, ni quiero mirarlos.


Primero, no entiendo, busco mil excusas,

después, veo en ellos la crueldad más dura,

el llanto los pone donde corresponda,

al final, no quiero ni rozar su sombra.


Así es el proceso que libera mi alma,

ya lo hice antes, en oscuras farsas.

No agradezco al lobo que mordió mi mano,

y dejó un herida que dolió por años.


Y ya estoy armando mi camino nuevo,

no quiero escuchar ni un solo consejo.

No muerdan sus lenguas, diría mi padre,

yo curo mis alas... voy a liberarme.


Norma. 

martes, 29 de septiembre de 2026

¿Cómo entender?


 Me paro frente al inmenso horizonte que no llega a mostrarse como una curva, porque nuestra visión esta afectada por nuestra incapacidad de poder observarla.
 Por años, me sentí incapaz de comprender al mundo, y me aferré a la idea de que la falla estaba en mí, en mi inflexibilidad para aceptar la crueldad, la burla, la indiferencia y todo lo que implica renunciar a nuestra humanidad.
 ¿Cómo entender que la carcel sea la respuesta a un rostro que se exhibe al sol?
¿Cómo entender que algunos se crean superiores o portadores de derechos, inventados, solo para justificar su maldad?
¿Cómo entender que muchos solo piensan en llenarse los bolsillos, rodeándose de personas interesadas y envidiosas?
¿Cómo entender que a muchos les molesta las masas con buenas intenciones, porque eso limita sus propias aspiraciones?
¿Cómo entender qué un Dios bueno, en toda la amplitud de la palabra, nos dejó en un mundo tan cruel, que el instinto te hace truncar la vida de otro ser vivo para sobrevivir? 
¿Cómo entender que se guardaron libros y sabiduría ancestral, solo para manejar a inmensos grupos de personas a su antojo?
¿Cómo entender el maltrato como forma de satisfacción o castigo?
¿Cómo entender que hay padres que no quieren a sus hijos?
¿Cómo entender que destruyan métodos naturales para curar enfermedades terriblemente dolorosas, por no perder los miles de millones que implica aceptarlos?
¿Cómo entender que quienes deben impartir justicia, se vendan al mejor postor, sin consecuencias?
¿Cómo entender que muchos se escudan en una masculinidad o femineidad manipuladora, cuando lo real, es que eso no justifica nada?
¿Cómo entender que los adictos al poder y el dinero que los respalda, sigan abusando de los más necesitados y tengan a sus pies un séquito repugnante de arrastrados sin moral?
¿Cómo entender que la perversión contamine a personajes que muchos admiran, y los tomen de ejemplo?
¿Cómo entender a hombres y mujeres que creen que las personas son objetos que se usan y se descartan sin consecuencias?
¿Por qué no pueden entender que no se puede huir del efecto de una causa, de la incertidumbre y de la muerte?
 Y sí, sé que no puedo solucionarlo, porque eso solo se transforma, cuando una mayoría tiene la buena intención de cambiar injusticia, egoísmo, indiferencia y resignación, por justicia, comprensión, empatía y ganas de cambiar el futuro, que tal vez no lleguemos a disfrutar, pero... pensando que, nuestros hijos o nuestros nietos, puedan aprender a mejorar nuestro destino como humanos, como seres emocionales. Que no quieran escapar de su naturaleza, solo para enfermarse de poder, lujos y abusos, sumando objetos que jamás se llevarán de este mundo, y que sus herederos usarán o destruirán sin reconocer el valor y el esfuerzo obtenido.
 No sé bien por qué estoy donde estoy, o por qué nací. Tal vez, solo nací para ser madre, y agradezco si esa era mi misión, porque es lo más importante que me pasó y es de único de lo que no me arrepiento.
 Mientras tanto, solo camino, y observo que aparece en mi camino, entiendo que no todo lo que se ofrece es para bien, entonces, solo sigo de largo sin espectativas. Si algo más grande me espera, será agradecido, y sino... agradeceré también lo que sí me hizo bien.

Norma.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Y sí que me enoja.

 Y sí que me enoja, no hubo un consenso,

alguien lo escogió... no hubo respeto.

No quiero escuchar que usé estrategia,

sí, me he equivocado, eso no se niega.


 Y sí que me enoja esa espera impuesta,

yo no tengo jefes, ni me abro a cualquiera.

Soy lo que aquí ven... no me importa el juicio,

sí, soy muy sensible, y espero lo mismo.


 Y sí que me enoja, si usan mi empatía,

o mi trato amable, por cuidar sus días.

La absurda arrogancia de creer que pueden,

verter su opinión como quien protege.


Y sí, me da bronca... si me han conocido,

que me fijen plazos, que se crean listos.

Que piensen que importa, si me dan o niegan,

que usen mi paz, como cura alterna.


Y sí, me sublevan los juegos mentales,

porque nunca intento manejar las frases,

porque lo que escribo, no tiene una meta,

yo no obligo a nadie, ni busco una tregua.


Y si que me enoja tanta prueba absurda,

no soy lo que quiero, si debo ser dura.

Detesto esa forma de buscar reacciones,

no tengo la culpa de sus decepciones.


 Y sí, que me enoja la historia inventada,

la que se contaron... la que trajo calma.

Justificaciones de un trato incoherente,

no entendieron nada... y ganó su mente.


Y sí, estoy cansada de cosas impuestas,

no me han preguntado si estaba dispuesta.

Cuál sería el costo, si quería aceptarlo,

si estaba de acuerdo... o fue sentenciado.


A veces consigo no pensar en esto,

no soy responsable de lo que no he hecho.

Asumo la falla de haber permitido,

sin mala intención... yo confié en lo dicho.


Debí acostumbrarme a no ver respuestas,

a sentirme triste... a soltar quimeras,

a tener certeza, solo cuando hay hechos,

a ser más mental, ante el trato ajeno.


Y así son las cosas... no quería ser otra,

tomaron mi amor, como a cualquier cosa,

mi aliento genuino, como su derecho,

mi lealtad más noble... como trato ingenuo.


Y esto es lo que soy... no sé si me gusta,

extraño mi fase más tierna y más pura.

Me han roto mil veces... y me he levantado,

pero, ya es difícil entrar en mi espacio.


Todo tiene un precio, yo no pedí nada,

aposté al amor... y todo fue un drama.

Quisiera borrar, mucho del pasado,

pero... es lamentable tener que aceptarlo.


Y sí que me enoja que digan que es bueno,

que ahora soy más fuerte... ¿Debo agradecerlo?

¿Quién me quita ahora esta desconfianza?

Ya no sé soñar... estoy congelada.


Norma.

martes, 22 de septiembre de 2026

Aceptar


 Es muy difícil de explicar lo que no tiene lógica... ¿Verdad?

 Me gustaría poder escribir, y que cada palabra sea la expresión más pura de lo incomprensible, de lo que solo puede sentirse, aunque el cerebro no procese muy bien las emociones.

 ¿Cómo transmitir lo que implica sentir una emoción? 

 Aunque tardé muchos años en entenderlo, algunas personas, tienen bloqueada esa posibilidad, sin embargo, las emociones no son sinónimo de debilidad o de exposición, solo es la manera más auténtica de demostrar nuestra humanidad.

 Nos empeñamos en ser inhumanos, fríos, calculadores, exactos, astutos... estúpidos, negando una esencia otorgada como un regalo del cielo, solo para encajar en un mundo que valora lo artificial, la tecnología, y el hecho de sumar objetos, que no nos vamos a llevar a ninguna parte, ni nos hacen más valiosos.

 La vida no es fácil para nadie, pero así y todo, somos un engranaje más en esta maquinaria de existencia, donde podemos ser seres recordados por lo valioso de nuestro aporte, aunque solo se trate de nuestro rol en una familia o un entorno, o... ser recordado como un ser despiadado, mezquino, destructivo, o que algunas personas suspiren aliviadas cuando ya no estemos. Lo ideal, es encontrar el equilibrio... aunque sea una meta difícil de sostener.

 ¿Cuál es la forma correcta de vivir? ¿Quién puede tener la arrogancia de contestar esto con una guía detallada? Yo creo, que la forma menos difícil de vivir, tiene como base el no auto-engañarse, no traicionarse a uno mismo, no justificar lo que te hace mal, y entender que la competencia con otra persona, es una forma de desgaste voluntario, sin ningún sentido. Solo aspiro a ser mejor de lo que soy hoy, aunque el mundo no me entienda, aunque nadie tenga la certeza de cuántas noches he llorado en silencio, aunque nadie pueda ver todo lo que hay detrás de mi sonrisa.

 Con los años, volví a cerrarme un poco, no porque desprecie a la gente, sino, porque entendí que es inútil explicar lo que los demás no tienen tiempo, o intención de entender.

 ¿Cómo se explica el esfuerzo de salir de la cama por las mañanas, cuando no hay una meta particularmente motivadora?, ¿Cómo explicar que pocas veces pido ayuda, porque me acostumbré a resolver o descartar?, ¿Cómo explicar que ya no tengo ganas de explicar nada?, ¿Cómo explicar que toda mi vida valoré mucho el tiempo, y no entiendo cómo la gente pretende jugar con eso, sin entender las consecuencias?

 No pretendo cambiar lo que los demás hacen, sus criterios, sus decisiones... realmente, no.

-No comprendo el sentido de un pensamiento que se queda girando en una fantasía que no va a ningún lado. 

-No entiendo cómo algunas personas, imaginan que es suficiente sostener un recuerdo, o decirte que por algún motivo, fuiste especial en su vida. ¿Y en qué me ayudaría eso a mí?

-No logro aceptar que debería agradecer el sufrimiento, porque transformó algo dentro de mi. A veces, solo deja como secuela: desconfianza, desilusión y emociones anestesiadas.

 Así y todo, aprendí a vivir con esta sensación de no esperar nada, de entender que lo que tiene que llegar, llegará, si es que realmente hay alguien o algo en mi futuro. Lo que sí sé, es que yo ya no corro detrás de nadie, soy lo que ven, y me quieran... o no, voy a aceptar lo que me toque. Y no, no es depresión, no es coraje, no es manipulación, victimismo, o algo similar... es seguir caminando con lo que tengo, sin idealizar nada, entendiendo que cada uno está en su momento de evolución o retroceso, y yo solo tengo poder sobre mí.

 Y es muy difícil para mí aceptar, comprender que mis sueños siempre fueron muy idealizados, muy utópicos, porque admiro profundamente la belleza de este planeta, a pesar de lo caótico que pueda ser a veces. Amo los amaneceres, los atardeceres, las noches estrelladas de verano, las flores, la majestuosidad de los árboles y las montañas, la fluidez de los ríos, la imponente potencia del mar, lo magnánimo de la tierra, de las semillas, de los frutos, de los silencios que realmente no existen, incluso, la lluvia, a pesar de la melancolía que me trae, pero... sé que es fundamental en un ecosistema variado, y necesario para todo lo que sigue vivo .

 Sigo creyendo en el amor, en que el humano posee una fase muy bonita, que no siempre está expuesta. Creo, en una mirada, aunque sé que los actores dominan ese arte, pero aún así, trato de escuchar a mi intuición, a los efectos que mi cuerpo percibe.

 En definitiva, trato de no culpar o justificar a nadie, intento no confiar en todo lo que veo o escucho. No me gusta esperar, detesto desperdiciar mi tiempo así, aunque en realidad, no esté haciendo nada en especial. 

 Es complicado intentar acomodar mis sentimientos, para aceptar lo que es... y lo que no, porque no está en mi esencia la resignación, pero... aprendo a no gastar mi energía en lo que no puedo resolver, así que, solo tomo lo que llega, y veo si lo acomodo o lo descarto. Tal vez, esto cambie en algún momento, pero no quiero sentarme a esperar milagros o acomodarme en ideas bonitas que solo son quimeras. Solo aspiro a aceptar lo que no puedo cambiar.


Norma

jueves, 17 de septiembre de 2026

Tan solo imaginaron que fue bueno

 Puede ser difícil de entender, ese brillo gris  en la mirada, 

una luz nublada imperceptible, cuenco de una gota congelada.

Un velo flotando en su misterio, nadie se percata de lo dicho,

un camino frágil, sin sustento... la profunda voz de lo incisivo.


Una prioridad en su cuidado, nada que fragmente lo obtenido,

habla a su interior, y ella sabe, algo que omitió desde el inicio.

Nada se alteró en lo visible, algo transmutó sin más indicio,

ella se corrió de ese camino, algo que entendió, quedó escondido.


Y aunque no hay dos sin tres... así fue dicho,

¡Qué mal hace insistir, si no hay señal de algo preciso!

Nadie vió el derrumbe de un altar sobre su pecho,

nadie se alteró al advertir... muros sin paz, dichos sin hechos.


En un cielo nublado y algo ambiguo, harto de negarse en su desierto,

mira y evalúa el recorrido, algo adormecido... no es intento.

Llora sin sonido, nadie ha visto, flor de una emoción en detrimento,

muda, en su expresión más desvelada, grave, en lo profundo de su centro.


Algo la corrió sin más consulta... algo decidió desde su ego,

algo se apropió de algo impropio, alguien, no entendió que no era apego.

Nunca fue esa hiedra, y no fue orquídea, trepando sin pensar, sin desaliento,

no supieron ver que era genuino, ella decidió... y fue correcto.


Todos miran algo inesperado, ella supo ser más que el libreto,

nadie supo ver cuánto costaba, tan solo imaginaron que fue bueno.

Y no quiso explicar, pero intentaba, mostrar lo que omitieron en la huida,

y ella dijo... ¿Para qué seguir hablando, si no solucionaba la partida?


No hay forma de olvidar lo que ha vivido... irónica la fe, se ha congelado,

¿Qué le pasó al destino en su emboscada? ¿Por qué se dió ese giro inesperado?

Si no se va luz, habrá otro día, tan claro como un cielo despejado,

no niega su verdad, no va rogando, sus pasos son genuinos y callados.


Norma

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Todo es personal.

  Con los años, entendí la importancia de no esperar mucho de personas o circunstancias. La vida es compleja, el futuro que imaginamos es como una mañana de neblina espesa y el pasado, se distorsiona, de acuerdo a la emoción que haya provocado.
 Un día, cuando mi hijo mayor era bebé, mi madre me dijo, que llegaría en momento, en que me miraría al espejo, y no podría entender cómo pasaron diez años, sin que me diera cuenta. Y sí, así pasó, pero no fue la única vez, varias veces en mi vida, el tiempo parece escaparse sin alternativa.
 Algunas etapas de la existencia, suelen ser más complejas que otras y, por extraño que parezca, las etapas de soledad y aparente calma, conllevan una revolución interna. El conflicto es interno, personal y profundo, donde las salidas que ofrecen los libros o los expertos, son desechadas por una voz interior, rebelde y desafiante, que grita enojada, que no pueden opinar sobre lo que no entienden del todo, porque es como querer ponerle un freno a un fenómeno de la naturaleza. 
 Por extraño que suene, somos parte de ciclos, como los lunares, por el inmenso porcentaje de agua en nuestro cuerpo, y por la influencia de la luna sobre los líquidos. También las hormonas y su influencia en los estados de ánimo, los químicos que segregamos, según el estímulo, la forma en que procesamos la información, los paradigmas de lo que puede ser... y lo que no, el entorno, los estigmas que cargamos desde la infancia e infinidad de otros motivos o contrastes posibles.
 Entonces me pregunto... ¿Cómo podría existir una fórmula secreta que agrupe a innumerables mundos interiores complejos de variantes aleatorias, en un solo diagnóstico?
 Y mi reflexión, tal vez un tanto insolente, nunca se resignó a esa premisa. Siempre creí, que las teorías son sumamente interesantes, pero, de ninguna manera, tan efectivas como la mayoría supone. 
 Incluso creer, que solo con silencio y calma, algo en tu interior te guía por el buen camino... permítanme dudarlo.
 Alguien pensaría que, de acuerdo con lo que digo, encontre la solución, o fórmulas alquímicas secretas que tienen el poder de trasmutar de la noche a la mañana procesos dolorosos, que solo con sonreir en la angustia, engañamos al cerebro o que la sensación de alivio que puede provocar el respirar bien, te va a solucionar todo de por vida, pero... la magia no existe.
 No es que sea pesimista, pero... el estar vivos, implica decisiones, movimiento, intuición, estrategia, cuidado, experiencia y un sin fin de habilidades, y todo eso, solo ayuda a poder elegir con un porcentaje un poco más elevado de acierto.
 Entonces, si somos seres básicamente emocionales... ¿Qué determina la emoción que acompaña a cada acontecimiento? Y ahí, todo vuelve a empezar, no depende de una sola razón, somos seres extremadamente complejos y sofisticados, aunque algunos, corten o anulen ciertas conexiones, para supuestamente, sufrir menos, aunque nunca lo consigan realmente.
 Sé que todo lo que he escrito, suena negativo o desesperanzado, pero no es así, solo quiero expresar esa rebeldía que me brota al escuchar a muchas personas que creen que la vida puede ser sencilla, siguiendo algunos tips, escritos con maestría y cierta autoridad, mientras que algunos, pensamos en silencio, que se aprende mucho más de un ejemplo. Es decir, si podés demostrarme que funciona,  yo te creo.
 Las personas, con frecuencia, siguen a líderes que te guían por el camino seguro de sus consejos y eso, los tranquiliza y todos estos estímulos de aprobación que estos oyentes generan, hacen que esa persona se suba al caballo de la verdad y el acierto, aunque su vida sea un caos, y tal vez, muy poco de lo que dicen sea efectivo en su vida personal. Así nacen los placebos verbales que hipnotizan a la gente desesperada por soluciones rápidas. Y sí, es posible que logren convencerse de que encontraron soluciones e intenten ponerlas en práctica, y porque apostaron con fuerza a esa idea, es muy probable que algunos consigan resultados, entonces... la premisa es ajena, pero los procesos fuertes para lograrlo, son personales y profundos, o solo son momentáneos, hasta que otra pista parezca más certera.
 Y así, pasan años y oportunidades, pasan emociones, llanto, bronca, momentos de calma, fragmentos de alegría, satisfacción o de entusiasmo, pero... las interacciones nos otorgan o nos quitan poder, a la hora de moldear una realidad. No tenemos ningún derecho de torcer decisiones ajenas, cada uno debe hacerse responsable de cómo maneja su vida y esas acciones, influyen directamente en otras personas, en los entornos, e incluso, en los paisajes.
 Por lo tanto, no quiero escuchar consejos, no pretendo halagos o incentivos. Mi vida es un laberinto complejo, imagino que como la de cualquier mortal, pero, no existe un plano universal para recorrerlo, ni caminos rectos, con salidas infalibles, solo se descubre el siguiente recoveco mientras se avanza. 
 Mi conclusión, es que tener éxito, depende de como definas a esa palabra, depende de qué estés dispuesto a sacrificar y si ese es realmente tu objetivo. 
 La perfección, depende de la ilusión que generó esa definición. Incluso, la verdad, depende de tus creencias, limitaciones morales, formatos aprendidos y conceptos.
 La vida ideal, es discutible, no todos esperamos lo mismo.
 Las utopías, idealizaciones e inspiraciones platónicas, son estrictamente personales.
 Incluso, el amor, u otras sensaciones y emociones profundas, son definidas desde diferentes puntos de vista.
 Es verdad, es importante expandirse y abrir las ideas con definiciones más amplias, pero... también la libertad debe tener límites sanos, no es necesario vivirlo todo y de ninguna manera se debe transgredir la voluntad de otros. El respeto bien entendido es un límite básico en un mundo compartido.

Norma.

lunes, 31 de agosto de 2026

La luna y el mar.



Con la mente en blanco, sigues caminando,

con el tiempo en cero y nada en las manos.

Con hojas en blanco, sin saber que llega,

en un lapso extraño de giros y treguas.


La luna, que es muda en su fase plena,

se duerme en un lento latir... sin certeza.

Nadie puede ver lo que lleva adentro,.

porque se ha eclipsado en cielo sereno.


Es de luz callada y parece quieta

algunos afirman que que sí, que se aleja.

Es sutil su paso... parece mentira.

¿Qué será del agua, cuándo al fin se rinda?


Algo la ha alineado, no fue voluntario,

ni la Tierra es todo lo que ve a su paso.

La pintan con luz , circular y plena,

o apenas visible, en creciente o nueva.


Dicen que es extraña, porque reverbera,

dicen,  que es muy grande y no hay coherencia,

dicen que es fragmento de algún pasado,

dicen, y no saben, cuánto  ha inspirado.


Y después de todo, ven brillar al sol,

cultos ancestrales de ofrenda y fervor,

pero, pocos piensan si habrá un final,

si algún día, la luna, se aleja del mar.


Ya no habrá reflejo, ni luz, ni templanza,

el agua sin freno, desborda... y avanza.,

ya no habrá mareas frenadas a tiempo,

ni luz en las noches, cuando el sol no ha vuelto.


Norma.

lunes, 24 de agosto de 2026

Nunca esperes


 No esperes todo aquello que es de humo y es de piedra,

ni busques flores bonitas, donde solo hay maleza.

No esperes siendo fiel, cuando a nadie le interesa.

no esperes el amor, que no avanza... o se fragmenta.


 No le des al indeciso, ni una hora de tu tiempo,

que no estás rogando al cielo, ni atrapada en desespero.

Solo vive con las ganas que te inspiran los momentos,

no postergues esos planes, por la apatía del necio.


 Que el silencio, no sea pausa, en las páginas de un cuento,

ni fantasía de otro, por creerse muy selecto.

Que puedas decir ¡Ya basta!, cuando aún estas a tiempo,

no claudiques en valores, por acoplarte al desierto.


 Nunca abraces con cariño, a un muro de cemento,

ni acompañes a esa sombra, que simula ser un perro.

No traiciones tus ideas, ni descartes sentimientos,

nunca aplaques tus palabras, por no dañar lo deshecho.


Nunca aceptes las fracciones, exige que esté completo,

no mereces las migajas, de un banquete palaciego.

Nunca creas en las frases que sustituyen los hechos,

ni esperes en la puerta, bajo el frío del invierno.


Nadie merece ser parte, de un tal vez, o de un secreto,

que no pese ese pasado... el presente es lo concreto.

No alimentes los egos, ni te encojas a otra altura,

no expliques a distancias, lo que dolió su estructura.


 No reserves, no acumules, que la vida no te espera,

que es un hermoso viaje, cuando cortas las cadenas.

Nunca entregues tu lealtad, si no saben valorarla,

y no cubras las espaldas, de un guerrero sin batallas.


 Al final, miras el campo, que sembraste con templanza,

y entendés cuál fue el costo, de abrigar esa esperanza.

No hay reloj que se acomode y revierta lo sufrido,

pero... el verano no llega, si el frío no se ha ido.


No esperes, no hay promesas que justifiquen lo anclado,

porque esperar es muy cruel, cuando no fue necesario.

No esperes que sea justo, aceptar ,es lo valiente,

no te culpes por sentir, en un mundo indiferente.


Norma.



lunes, 17 de agosto de 2026

La pregunta.


  Siempre pensé, que los años traerían certezas, fórmulas, salidas y un camino claro, pero... al menos a mí, no me sucedió así. Es increíble pensar, que muchas cosas que he vivido me sirvieron, y otras... no sé, no les encuentro un sentido. 

 La eterna pregunta, tan repetida y desmenuzada a través de la historia, da vueltas en un espiral, donde las respuestas, se alzan como un humo inevitable, y giran hasta disolverse en el aire, que contiene polen, sonidos, hojas y partículas, que se desplazan con la fuerza que impulsa al aire, para convertirlo en viento. 

 Y entonces, cuando la tarde se despide, en un espectáculo propio de la creación, cuando una inexplicable esfera roja se asoma desde el horizonte, desde los llanos propios del campo, amplio y generoso, que aún guardan el rocío de la madrugada, se siente esa magia.

 En esos días, que la lluvia no cesa, y te atrapa en su juego hipnótico, cuando una ventana o una puerta, te ofrece una butaca en primera fila, en ese teatro húmedo y nostálgico, donde las gotas caen con un ritmo adormecedor, o se multiplican en una implacable cortina de hilos cristalinos.

 También, en esas noches de verano, donde las estrellas se expanden o disminuyen, en su tímido parpadeo, jugando a ser reales o solo fantasmas, que dejaron su eco de luz en el universo y aún parecen vivas para nuestros ojos. 

Y no puedo dejar de mencionar, la imponencia de las montañas, como colosos inertes y poderosos, y la sensación de infinito, que el mar despliega en su abrazo de olas y sus profundidades misteriosas...

 Tal vez, contemplando un arco iris, mágico y fabulosamente irracional a la vista. Frente a alguno de estos momentos, el tiempo se frena, y todo parece silenciarse, entonces, surge la pregunta... ¿Por qué estoy vivo? Y, sinceramente, algunas veces, me cuestiono, si todo es tan real como parece. 

 Es extraño, pero suelo tener la sensación de que no todo es lo que parece, que el hombre, inventa fórmulas, respuestas, relojes, y medidores de cualquier tipo, para sentir que entiende, que lo puede explicar, que domina lo que existe, para no sentirse indefenso, frente a la omnipotencia de todo lo que puede ver y de todo lo que ya sabe, que sus sentidos no pueden registrar. Pero... yo sospecho, que si entendiéramos la fragilidad de nuestra vida, frente a un leve movimiento de la Tierra o de un fenómeno cósmico, aprenderíamos de un segundo para otro, que no se puede aprender sin la humildad, porque es la llave para abrirle las puertas a lo desconocido. Aún así, existen personas que prefieren no ahondar en esos temas, porque los asustan, y se debe respetar esa postura, porque cada uno vive o sobrevive como puede. Lo que no comprendo, es esa postura de superioridad que algunos se atribuyen, a pesar de no contar con garantías de ningún tipo.

. Y nosotors allí, en el medio, en la superficie de un planeta pequeño, diseñado a medida para nuestra existencia y aprendizaje. Sufriendo por amor, por necesidad, por resguardo, por certezas, por salud, por posibilidades, por ilusiones, por atención... o por lo que sea. ¿Qué absurdo no? pasan años, meses, días, horas y sus fracciones, y no hacemos otra cosa más que quejarnos, lamentarnos, culpar, criticar... y también agradecer (cuando nos acordamos), a algo, o a alguien que sentimos como una energía celestial, superior, creadora, indiscutible e incomprensible también.

 Algunos, se llenan de tabúes, dioses que reaccionan como humanos arrogantes y vanidosos. Otros, viven todo sin entender límites, o lo que provocan. Nunca faltan los que se sacrifican sin sentido, porque cada uno es responsable de su vida, pero si la empatía es auténtica, realza su valor. Convivimos en un escenario de personajes diversos y complejos. Algunos, se alinean detrás de un líder, aunque no estén de acuerdo en todo. Los rebeldes, se resisten a todo, aunque en ocasiones no lo sientan así. No faltan los que se obsesionan con el equilibrio, los que quieren ser solo espirituales o los que se contraponen, en su versión carnal y tangible de todo lo posible.

 ¿Quién tiene la razón, o está más acertado? Tal vez nadie del todo, todo depende del paradigma que crearon en sus mentes, los parámetros del bien y del mal, la visión personal, o más global de la existencia. Entiendo, que el error, está en desechar automáticamente lo que nos molesta, juzgar ante la incomodidad que nos provoca o sentir que ya lo sabemos todo. ¿Cuál es la salida entonces?.. Es posible que la única salida, sea la negociación, porque todos vivimos en una gran casa, aunque, por grupos, nos dividamos en habitaciones individuales. 

 Yo, no estoy filosofando, pretendiendo que tengo las mejores preguntas, ni encontrando las respuestas correctas, solo creo, que no todo es como parece, ni vemos todo lo que existe, y muchos menos, podríamos agrupar o etiquetar personas, por su aspecto, capacidad intelectual, destreza física, posición social, o por fórmulas matemáticas, que al proporcionarle datos, nos devuelvan un resultado certero, para catalogar a una persona, con la complejidad incomprensible que guarda en su interior.

 La concepción, es una conjunción casi mágica de dos cuerpos, desarrollándose durante varios meses dentro de otro humano, con todos los riesgos que conlleva ese proceso, que llamamos "natural".

 ¡Que la vida los abrace con ternura y los guíe por el mejor camino!


Norma.

 

martes, 11 de agosto de 2026

Casi...

                                                        https://youtu.be/h7-okfqHDpY

 Casi un corazón flotando en el viento,

casi una canción que dobló el intento.

Una dulce brisa suspiró en silencio,

lejanos mis ojos, contaron un cuento.


 Casi fue una noche que mostró su estrella,

casi fue un reloj, que encendió una vela.

Un capricho ingrato que torció el destino,

casi se agotó en un sueño indigno.


Casi fue escalera, al portal del alba,

casi fue una fuente de agua sagrada.

Un lazo de seda... tornasol y oro,

un cause apropiado... una luz sin rostro.


Casi fue el encanto propio de la magia,

casi un unicornio de intensa mirada.

Un encuentro extraño, planeado con gracia,

gentil y elegante, como la esperanza.


Casi fue el destello que rasgó ese cielo,

casi fue un perfume que opacó al lucero.

Un gesto atinado en la madrugada,

una confesión que guardó una carta.


Casi fue una estela de brillo inaudito,

casi fue posible, como se había escrito.

Una tentación, un ego, una evidia...

asfixió ese casi... causando una herida.


Norma.  

lunes, 3 de agosto de 2026

Me extirpo sentencias.


 No voy a pensar qué vendrá mañana,

tomo ese perfume que llega en la calma.

Aprendí a filtrar y a ser selectiva,

 voy en mi presente, sembrando semillas.


 Intento arraigarme a los cielos claros,

hoy, veo esas nubes de un techo nublado.

Trato de ser fuerte, cuando el viento llega,

no me victomizo bajo la tormenta.


 Acomodo el tiempo, por qué es prioritario,

soy la responsable de mis buenos pasos.

Todavía me duele lo que hizo daño,

pero no me quedo en recuerdos rancios.


 Si alguien no entiende qué me está pasando,

no voy a explicar... estoy trabajando.

No pierdo la fe, restrinjo mis puertas,

nadie puede entrar, si no me respeta.


 Y sí que es difícil, yo no busco atajos,

algo esta inconcluso detrás de mis trazos.

Creo en lo bonito que no está a la vista,

creo en la creación, el amor... la vida.


 Si me he equivocado... no podía verlo,

pero, si lo he visto... ahora ya es cierto.

Hoy quiero ser justa, neutral, positiva,

aunque no me atrape la amnesia incisiva.


 No soy la perfecta versión de lo bueno,

quiero ser humana... virtud y defecto.

No uso careta, pero me resguardo,

no abriré mis manos a quien me haga daño.


 Soy la tinta blanca, que escribe mis versos,

solo los verán, quien pueda entenderlo.

El perdón es bueno, en alivio propio,

no es cohercitivo, obligado... ancioso.


 No bajo los brazos, lo traigo en mi esencia,

mi mente sugiere, salidas... sus vueltas.

Me extirpo sentencias de viejos legados,

condenas, cadenas... grilletes pesados.


Norma 

domingo, 2 de agosto de 2026

Me da escalofríos

 


Buenos Aires tiene, una mezcla extraña,

por esa humedad de río... y nostalgia.

Y ruge la noche rasgando su luto,

rompiendo escenarios de ritual absurdo.


Se parte en un trueno, y queda vibrando,

el grito del cielo, que explota en un llanto.

Me acurruco al borde... me da escalofríos,

puedo ser muy frágil, sola en mis latidos.


Y respiro hondo, busco el equilibrio,

algo de la lluvia, me envuelve en suspiros.

Y siento ese frío, anclado a mis brazos,

como hiedra impropia haciendo reclamos.


Y otra vez se siente que nunca termina,

esa cruz de gotas, que tiembla... que limpia.

Una estrofa rota, me abraza en la duda,

como ese goteo, de un alero a oscuras.


Y me iré a dormir pensando en mañana,

mi almohada es discreta, y no dice nada.

Extraño el verano, de noche estrellada,

pero vivo un tiempo que yo no esperaba..


Se escuchan afuera, sonidos acuosos,

melodía de invierno, que pesa en mis hombros.

Cómo voz que vuelve, y es reconocida,

tan viejo y tan nuevo, que nada lo explica.


Norma.

 



lunes, 27 de julio de 2026

Yo no necesito

 


Yo no necesito que nadie me salve,

que digan que sienten, aunque nada cambie,

que sean fantasías que a nadie interesa,

como humo rosa, de dulce apariencia.


Yo no necesito muros infranqueables,

ni forzar las noches de luna inestable.

Yo no necesito poder o dinero,

sostener caretas... yo soy lo que quiero.


Yo no necesito promesas futuras,

ni lazos que arraiguen falacias y dudas.

Yo no necesito que otros me aprueben,

que me acepte un mundo, de barniz endeble.


Yo no necesito disculpas o excusas,

ni una confesión que expire las culpas.

Yo no necesito que siempre me elijan,

yo soy como soy... dueña de mi vida.


Yo no necesito salvarlos del miedo,

ni ser la heroína que juega sus juegos.

Yo no necesito una historia hermosa,

ni un cuento de hadas con brujas y sombras.


Yo no necesito que alguien regrese,

quien no me valora, se irá cuando llegue.

Yo no necesito mentiras... limosnas, 

ni ser con el tiempo, la novela rota.


Yo no necesito esperar sin tregua,

ni validación de quien nada arriesga.

Yo no necesito probar que no miento,

ni egos inflados, inmaduros... cruentos.


Yo no necesito huir de mi misma,

acepté ver todo, aunque me dolía.

Yo no necesito fanfarrias, ni halagos,

ni que pongan precio al sincero abrazo.


Yo no necesito que todos me quieran,

ni ser esa paz que otros esperan.

Yo no necesito ser solo un recuerdo,

no me cambia nada... creo lo que veo.


Norma.

No renuncio



No renuncio al aire tibio aire del verano,

ni al silente abrazo del sol esperado.

No renuncio al cielo limpio del descanso,

ni al ángel que vela por mis sueños sanos.


No renuncio al trino de las aves libres,

ni a soñar con algo, que tal vez, ni existe.

No renuncio al día con su hora en blanco,

ni a esa caricia de un gesto impensado.


No renuncio al cuadro sereno y silvestre,

ni a esos ocasos que dejan inerte.

No renuncio al trazo de la letra clara,

ni a esa verdad que no niega el alma.


No renuncio al digno bastión de mis manos,

ni a los estandartes que llevo guardados.

No renuncio a ver lo que el cuerpo habla,

ni a esas miradas que gritan sus causas.


No renuncio al dulce suspiro del alba,

ni a pedir al cosmos que traiga esperanza.

No renuncio a ver lo que duele al mundo,

ni a ser consciente de lo que sea justo.


No renuncio al flujo que corre en mis venas,

ni al trabajo limpio de crear coherencia.

No renuncio al punto que busca equilibrio,

ni al amor, si es fiel en lo más profundo.


Norma.





miércoles, 22 de julio de 2026

Caminando bajo la llovizna.

                                                          https://youtu.be/D2KpUaFv6xk

 Hoy, fue uno de esos días comunes y algo ocupados a la vez. Volvió el frío y el cielo se enturbió con un gris veteado, como los que amenazan con pinchar una nube, para que al fin, suelte su potencial de convertirse en lluvia, como aguacero, o como finas líneas sobre superficies oscura, que desciende y  tiene la propiedad de cambiar el color a las prendas, desplegar un espectáculo de círculos concéntricos, en cualquier charco, o simplemente, apelar a ser susurro rítmico de agua sobre techos y aleros. 

 Con prisa, tome una bolsa, de esas que usamos para comprar mercadería. Avisé a mi hija que salía, solo para dejarla tranquila, porque ya lo habíamos hablado. El camino casi siempre es el mismo, conozco cada vereda y cada cruce de calle, incluso, dónde es conveniente cruzar, cuando la lluvia cubre alguna calle por la deficiencia de su drenaje. Conozco cada árbol nuevo, cada casa modificada a través de los años, vecinos que ya no están, familias con historias convencionales o de una toxicidad inimaginable.

 No soy la vecina que sale a conversar, aunque, alguna vez lo hice porque mis hijos eran chicos y la relación con las familias de sus amigos, era una forma sana de darles libertad y prevención a la vez. Todavía me cruzo con vecinos que eran tan jóvenes como yo, cuando llegué al barrio. Sinceramente, nunca pensé pasar una vida entre esas cuadrículas marcadas al momento de lotear esa extensión de terreno. Llegué a esta casa, con la promesa que solo hacen los que pretenden sacudirse la presión de lo que exige el progreso, pero bueno, esa fue una larga historia de engaños, manipulación y mezquino apego a la ley del menor esfuerzo.

 La historia de mis hijos se escribe en estas calles conocidas y temidas en algún momento, y no significa que sean seguras para caminar a cualquier hora o condición. Algunas normas básicas son respetadas por los vecinos que aún valoramos la dignidad del trabajo, y, aceptamos con cierta resignación las reglas del juego. Personas que no deberían formar parte de un grupo civilizado de gente, y a nadie le importa cuanto dolor causen, cuanto se burlen de las leyes, de principios básicos de cuidado y respeto, o de límites claros. 

 Entiendo que no todo depende de nuestra opinión o necesidad, pero... comprendo que no estamos en un mundo ideal, ni mucho menos.

 Necesitaba hacer unas compras, y caminé mis siete cuadras hasta nuestro centro comercial. Cuando ya estaba próxima a la puerta del supermercado, veo que un hombre joven, con expresión de sufrimiento, vestido de forma muy sencilla. Él se acercó al hombre que alcanzó la puerta de entrada antes que yo, y le dice algo en voz baja. Mi experiencia me dijo que pedía dinero, y, en el mejor de los casos, pedía comida. 

 Cuando me tocó el turno de ingresar, también se me acercó, y me pidió si le podía comprar una leche. Sinceramente, me conmovió, pensé que tendría un bebé que alimentar y recordé que se siente cuando te olvidas de tus necesidades, porque tus hijos siempre van a ser la prioridad en tu vida.  Realmente me tocó el corazón, y solo atiné a decirle que si me alcanzaba se la compraba, pero entré convencida de salir con lo que me había pedido. Recorrí las góndolas en busca de lo que necesitaba, pero antes de llegar a las heladeras, me detuve para observar si ese chico, que podía tener la edad de mis hijos, todavía estaba afuera, o tal vez, ya había conseguido que alguien más comprara la leche que esperaba.

 La imagen que apareció frente a mis ojos, fue realmente desgarradora, ese chico, seguía inmóvil en la vereda, con la mirada fija en la vidriera del supermercado, pero ya había comenzado a lloviznar y él parecía no inmutarse. Entonces, me di cuenta de la urgencia, tomé un sachet de leche entera, y me apuré para llegar a la caja lo antes posible. Guardé lo que había comprado, y puse la leche arriba, para tenerla más a mano.

 Al salir del supermercado, lo vi con la mirada triste y la firme decisión de no moverse de ese sitio, hasta no conseguir lo que necesitaba. Ni siquiera, me interceptó, como ya me había pasado en otras oportunidades. Saqué el sachet de mi bolsa y caminé hasta donde permanencia, a pesar de la espesa llovizna y solo atiné a alcanzársela, vi como se iluminaba su mirada, me sonrió y me dijo, - Gracias, Dios la bendiga señora-. Yo no supe que decirle, solo me salió un: - No, esta bien, por favor- y se fue  caminando apurado. 

 En camino de regreso, bajo la copiosa llovizna, pensaba ¿Cuánto tiempo habrá estado parado allí? ¿Por qué la vida es tan cruel a veces? Y me cuestioné, por qué no le había comprado más de una leche y por qué, automáticamente decimos que no podemos. Confieso que más de una vez, tuve miedo y no ayudé, porque se me activó ese sistema de defensa que nos previene de robos, estafas y cualquier forma de engaño, pero... después me arrepiento.

 Una vez alguien me preguntó, ¿Qué se siente cuando uno pasa hambre? Y, la verdad, ni ganas tuve de explicarle a esa persona insensible, que no le interesa entender lo grave de la situación, solo quieren demostrar que nunca pasó por ese trauma.

 Más allá, de tener certezas o no, lo que das, aunque no tengas mucho, te hace sentir mejor persona. No mejor que otros, sino, mejor de lo que eras un minuto antes de esa acción y si nadie te ve, mejor aún.

 Cuando alguien te engaña, no dice nada de tu grandeza, habla de la actitud del otro y lo mismo se aplica cuando te ofenden o te faltan el respeto.

 

Norma.

jueves, 16 de julio de 2026

La soberbia deja ciego...

                                                               https://youtu.be/9gsQDFQX1gk

 No siempre recuerdo lo que sueño, y entiendo que es natural. Esta mañana, recordé partes de un sueño, que creo haber interpretado bien, pero... obviamente, no hay certeza.

 Me desperté recordando que estaba arreglando un jean, y por una extraña razón. había caído en medio de un terreno que no era mío, creo que era de una vecina que no conocía personalmente. El caso es, que al momento de ver en que lugar había caído, se veía un terreno largo, que tenía una casa pequeña en el fondo. Un camino de tierra, permitía entrar a la casa, casi oculta desde mi ángulo de visión. El frente del terreno, estaba abierto y también era de tierra. En el sector derecho, un rectángulo de pasto ocupaba gran parte del espacio, y en el centro, un círculo libre de hierbas. Por obra de la casualidad, no recuerdo bien, mi pantalón había caído en el centro.

 Al momento de perder el pantalón que estaba intentando arreglar, me sentí desconcertada, por el movimiento que motivó que se encontrara en el centro y la angustia de haber dejado algo inconcluso, incluso con una aguja enhebrada, que denotaba que la acción había quedado a medio camino. 

 No recuerdo como, pero al momento siguiente, estaba entrando al terreno, y la dueña de casa salió, por lo que le expliqué la situación, y ella me dijo que si podía pasar en medio del pasto lo recuperara, pero la situación no era la misma que había visto antes, el pasto había crecido casi a mi altura y era increíblemente denso y espeso, casi como un cañaveral. No todo el pasto era verde, se alternaba con pasto seco en ciertos sectores y el círculo central era inexistente, por lo que me era imposible descifrar, en qué condiciones se encontraba el pantalón. 

 En algún momento, que no percibí como un ruido de alerta, pude ver que en el frente del terreno, había un hombre parado fuera de su auto, pero apenas miré y no le di importancia. A continuación, comencé una lucha contra ese obstáculo infranqueable que me separaba de lo que quería recuperar. Juro que lo intenté con todas mis fuerzas, pero no podía avanzar, ni siquiera encontraba un lugar donde entrar un pie para hacer fuerza con el cuerpo y no solo con mis brazos, pero... fue inútil.

 Después de un tiempo de querer forzar un camino, me rendí, por cansancio, por aceptación, y por entender que, aunque encontrara el pantalón, ya no sería el mismo, ya no valdría la pena tanto esfuerzo. Llegaba a la conclusión, que la industria confecciona millones de jeans diarios, con variables de precios, calidad y colores. Insistir en algo que vale la pena, es importante, pero... obstinarse en algo, sin entender que pasó después de  tanto tiempo, permitiendo que el camino se plagara de impedimentos y sin tener una certeza, no me llevaba a ningún lado. Aunque no entienda, por qué la señora no corta su pasto y disfruta de la amplitud de su espacio, ese lugar no es mío, y tal vez, ni siquiera una tela creada para resistir, pueda sobrevivir el tiempo necesario, como para invertir tiempo y esfuerzo solo por una ilusión.

 En definitiva, es como pensar que hubiera pasado si el Titanic no se hubiera hundido, o dar vuelta sobre la especulaciones que tratan de explicar los motivos de ese caos. Algunos afirman que fue un descuido del capitán, otros que, tal vez el lujo, fue priorizado por sobre la seguridad, también se habla de una trampa mortal entre magnates, por una licitación que deseaban obtener. Lo último que me llegó, es que el invento de Marconi, se había incorporado como un elemento exclusivo para la elite que abordó el trasatlántico y suponen que el fervor con que los jóvenes hacían uso de esa comunicación inalámbrica tan novedosa, pudo haber interferido en el alerta, que supuestamente se le envió a ese coloso del mar.

 Sea como sea, mucha gente de alta sociedad o los refugiados en las bodegas, perdieron su vida en una espacio que parecía inmutable, seguro y poderoso, casi un milagroso paraíso, flotando seguro en terreno peligroso y casi siempre mortal para el humano. 

 La soberbia deja ciego, a quien cree que el castillo de naipes que sostiene su realidad, es permanente. Esta deformación de lo real, implica no ver que la vida no sostiene ni garantiza nada, porque su objetivo no es detenerse, su misión, es permitir la creatividad y la transformación en forma fluida y dinámica. Lo cierto es, que el Titanic, en su majestuosa ostentación de lujo y detalles de exquisito pulido, no era más que una pequeña cáscara de nuez, frente a la inmensidad del mar y su imponente fuerza. Nada pudo hacer el poder humano, frente al movimiento devastador del Vesubio o ante la grieta que parte un continente en dos. 

 Las personas creen que cumplir con algún ritual religioso, los protege frente a las inclemencias del clima o a los movimientos de las placas tectónicas. Creen que comer bien y tomar mucha agua, les va a permitir vivir cien años en salud, que tener dinero, poder o atractivo, les abre puertas que nunca se cerrarán. Aseguran que ser parte de un grupo, les asegura protección y validación, que mañana habrá tiempo, y miles de ideas nacidas de las fantasías más tranquilizante, la que promete, asegura y cumple, pero... lo único verdadero es lo que nos está pasando y que no se trata de superar a otros, porque lo único que podemos moldear, es a nosotros mismos.

 Cuando estaba despertando de mi sueño, escuché una frase: Precisamente, abusé de mí.


Norma.

Y si escribo sin pensar...

 


Y si escribo sin pensar, como quien no piensa nada,

como quien va deslizando el tono de letra anclada.

Cuando el invierno no dice, pero tiemblan las palabras,

cuando el cuaderno no alcanza, para plasmar esa causa.


Y si, tal vez me defiendo, con silencio en abundancia,

no es agresión, es la fuerza que equilibra la balanza.

Y aprendí sin querer, a estar sola en la templanza,

pero yo no elegí... solo acepté lo que pasa.


Solo sé lo que no quiero... no más triste y agotada,

quien no traiga honestidad, se perderá en la distancia.

Aún creo en lo bonito de una sonrisa sin farsa,

algo natural y simple, como el sol en su bonanza.


Y dormir sin más pendientes, que ser feliz otro día,

que el momento sea especial, solo por la compañía.

Que sea gestual lo importante, que no falte picardía,

que sea paz y que sea fiel, esa cómplice alegría.


Que los ojos sean testigos de lealtades sin murallas, 

que aún cuando no se ve, no se altere la confianza.

Que la duda sea en pregunta y su respuesta... certeza,

como cálido refugio, que protege en su tibieza.


Y si la vida no entiende de transparente intención,

que no llegue hasta mi puerta en busca de aceptación.

Y yo sé que soy humana, con errores y emoción,

con ilusiones frustradas, con valores... con dolor.


Y cuando amé, fue sin sombra, sin bloqueo diseñado,

y abracé con la ternura que no mide lo entregado.

Solo espero que sea justo lo que traiga el calendario,

yo no busco distracciones, ni dibujos animados.


Norma.

viernes, 10 de julio de 2026

Decisiones


 Hoy es jueves, y está nublado en Buenos Aires, aunque el sol es imposible de esconder, cuando las nubes dejan huecos indeseados, en su afán de ser protagonistas. Y sí, al sol realmente no le importa saber si lo vemos o no, él es, solo sigue con su rutina cíclica de expandir luz, hasta donde sea posible, hasta donde el cosmos diseñó su magnífica creación, que se despliega indiferente a los caprichos y a la incompleta percepción humana.

  Algunos momentos de la vida son difíciles de atravesar, pero... muchas veces, no tiene que ver con la decisión del momento, porque implica un gran conjunto de factores internos. A través de vida, acumulamos mucha información, mandatos, creencias y conjeturas nacidas de momentos en los que actuamos por impulso o por excesiva quietud. Lo curioso de esto, es lo que nos ocurre frente a una problemática. Algunos nos miran sin entender por qué es tan difícil, y otros, no saben ni que opinar, porque les resulta dramático, lo que nos lleva a la conclusión, que el problema planteado no se podría evaluar desde afuera, sin la emoción que compaña a la persona que se siente en esa encrucijada de la vida.

 Desde chica me fue inculcada la frase, "Nunca hagas lo que no quisieras que te hagan", pero... cada persona tiene ciertas restricciones con conductas que tolerarían o no, que posiblemente no coincidan con lo que uno consideraría imperdonable. Entonces... otra vez, se puede llegar a la conclusión anterior, la que nos demuestra que agrupar a personas dentro de patrones establecidos por una sociedad, que solo pretende ordenar a seres humanos, como quien ordena archivos, nunca va a tener la solución para cada individuo, solo clasifican por un modelo que permita que todo este en orden y que sea funcional a planes establecidos. De todas formas, es muy obvio, que el discernimiento y las decisiones son exclusiva responsabilidad de quien enfrenta esa disyuntiva. 

 En definitiva, desde siempre, mi único parámetro para tomar una decisión, se apoya en una pregunta... ¿Es necesario? Todavía la uso, pero, últimamente, le agregué un par más: ¿Quién se beneficia? y ¿Cuál es el precio? Y estas últimas, surgen de haber empezado a valorarme más.

 La gente grita a viva voz, que hay que amarse, priorizarse y ponerse en primer plano siempre, y yo opino que eso roza el egoísmo. Hay ciertos límites que son tan finos como la capa de ozono, o un divisor de cristal bajo el agua. Los límites, generalmente son muy confusos, pero necesarios, aunque la dificultad principal, radica en poder ver con claridad, en distinguir, en cuestionar el ¿Por qué? y ¿Para qué? En estos casos, las preguntas anteriores me ayudan a decidir, y, aunque me equivoque en ocasiones, entiendo por qué lo hice y de ahí corrijo lo que mi inconsciente archivo mal, o se sometió a opiniones o enseñanzas equivocadas.

 Lo más difícil de entender, es que la gente suele opinar desde la falta de emoción que motiva la duda, y tal vez,  intentando ayudar, pero... esas soluciones no siempre son positivas. Todos confiamos en personas cercanas o en personas que sentimos que nos cuidan, pero... la trampa es darle la responsabilidad a esa persona de vernos fracasar o triunfar. En caso de fracasar, ni lo imagines, nadie va a ponerse en su espalda ese peso, van a decir algo como: ¿Por qué me hiciste caso? En el segundo caso, esa persona, no siempre va a querer cargar con el peso de ser tu amuleto de buena suerte, y si lo hace... ¡Ojo!, se probable que sea una persona manipuladora, que solo quiera tu obediencia para su beneficio.

 Nunca fue fácil decidir con responsabilidad, porque el resultado es únicamente tuyo, para bien... o para mal.

Antes, la gente creía que personas más sabias debían decidir por todos, y solo porque algunos tenían acceso al conocimiento que dan los libros o la historia, y a otros, se le restringía esa información. La imprenta, le permitió al mundo descubrir lo que realmente contenía la Biblia y cualquier otro documento oculto, que otorgaba la autoridad de unos por sobre otros, y fue tan bueno en ese momento, como hoy es internet, aunque sabemos que los inventos no son malos en sí, todo tiene que ver con la intención con la que se usan.

 A lo largo de la historia, y considero que no tengo los conocimientos suficientes, pero... entiendo, que el poder emborrachó a muchos de estupidez extrema, de caprichos sin sentido y un delirio constante, que los llevaba a cometer actos brutales o grotescos, en nombre de su supuesta superioridad.

 Las torturas y las ejecuciones en la plaza pública, para aterrorizar a gente con ideas propias o para extirparles la dignidad. El derecho de preñada, o harenes de mujeres obligadas a someterse a la más vomitiva obligación de complacer al poderoso y expandir su genética repulsiva en cada mujer. Imagino que los gustos podrían ser variados, por lo que se deduce, que también se obligaba a hombres, jóvenes o niños, según el gusto o preferencia del demonio de turno, consentido por los cómplices obedientes a sus caprichos pestilentes. 

 Construyeron enormes fortalezas, castillos y palacios, tan imponentes como su ego inflado exigía. Todo se pagó con la vida de muchas personas y el sufrimiento permanente de muchos otros. Hoy, solo se aprecia la osadía de los arquitectos, muchas veces sacrificados, para que no revelaran los secretos de construcción y el exquisito arte con que plasmaron en detalles exclusivos, la perfección más esmerada . 

 No hace falta ser un erudito, para reconocer ciertos nombres que la historia del mundo destaca, desde los que han soñado con apoderarse de lo que hoy conocemos como Europa, los salvajes avances de ejércitos que habitaron lo que hoy definimos como Asia, con su historia documentada desde tiempos milenarios, sus artes de guerra, sus finas sedas y porcelanas, que el mundo apreció y a las que pocos tenían acceso.

 La ambición desmedida, perturbó las mentes más brillantes, porque entendían como obtener más a cualquier precio y por cualquier medio. Muchos de ellos, ya son parte de la historia, sus nombres son manchas oscuras en los ríos de sangre que dejaron a su paso, como una plaga de langostas sobre los campos sembrados, y yo me pregunto... ¿Para qué? Nunca pensaron que su existencia limitada, esa que no discrimina entre vencedores y vencidos, se los iba a llevar un día con la misma neutralidad, con que se reciben todas las almas despojadas de sus cuerpos, de su apariencia, poder o riqueza. Cuando el juego termina, no hay forma de arrepentirse, más allá, de si existe o no un castigo después de la muerte, lo verdaderamente real es lo que dejamos, porque nadie se lleva nada, todo es prestado, es fugaz y es momentáneo. Lo que jamás se olvida, es el terror o el amor que provocamos, el personaje que elegimos ser en este escenario de posibilidades, el legado que escribimos con ejemplo, con responsabilidad, con el entendimiento de que venimos a aprender, no a someternos, no a sufrir, no a hacerle la vida fácil a quien no quiere hacer lo que le corresponde. 


Norma.