Y sí, hoy estoy un poco triste, con ese sabor extraño, un sabor algo vacío, algo amargo y ácido a la vez.
Generalmente, intento rescatar las cosas lindas que ofrece la vida, aunque sea, la complejidad estética de una flor, un cielo despejado, un desayuno tranquilo, un árbol majestuoso, la inoscencia en la mirada de un niño, y su paraleleo en un cachorro de cualquier especie. Pero... hoy me sentí diferente, tal vez, porque siento que el invierno se acerca otra vez, y el frío me duele en la piel, o... porque veo la inestabilidad del humano, sus incoherencias, su contante esfuerzo, por ganar o quebrar la voluntad ajena.
Algunas personas, van por la vida, buscando conquista, aprobación o reconocimiento, otras, persiguen metas propias, sin importar a cuántos tengan que empujar o aplastar en el seguimiento de su objetivo. En esta carrera irresponsable, de invalidar los derechos ajenos, están los que compiten en fórmula uno, a máxima velocidad, con la adrenalina al cuello, la mayor cantidad de tiempo posible, con un ego absurdo, que los hace sentir superiores, pero, los mata la sola idea de pasar una tarde sentados en silencio, disfrutar de un paisaje o de comer un postre, sin mirar el reloj. Ya no comprenden que son, sin esa sobrecarga de estímulos o químicos, que los hacen vivir a mil.
Nunca faltan, los que viven del que se arriesga, del sacrificado, o del dependiente. ¿Cruel? Sí, totalmente, así se ve. El tema es... ¿Por qué alguien lo permite? Entonces... ¿La solución fácil, es culpar al que se deja usar? No, de ninguna manera, si bien, todos somos personas con heridas y traumas, supongo que el objetivo, no es centrarse en víctimas o victimarios, aunque es justo, que las leyes pongan a cada uno en su lugar (con criterios limpios de intereses propios), pero bueno, eso no siempre representa a una justicia real, porque también proviene de seres dañados por la dureza de la existencia, aunque nada justifique su imparcialidad.
¿Y qué se hace?.. Nada, al menos, nada a nivel de que desaparezcan los conflictivos o utopías similares, porque por algo se permite todo esto desde otro nivel de existencia. O, tal vez, solo existan, hasta el día que dejemos de aceptar todo como parte de lo normal.
Me pone triste, que sufran los inoscentes, los que aún no tienen la experiencia para defenderse, y quienes deberían hacer eso por ellos, esten subidos al delirio de creerse impunes ante las limitaciones de una convivencia aceptable.
Lo más triste de todo esto, es que un niño sin los cuidados o consideraciones mínimas, puede tranasformarse en un adulto despiadado.
Todo esto, es observado desde afuera, como quien mira las cenizas de un volcán, que puede estallar en cualquier momento, y arrasar con toda la creación en su área de influencia. No olvidemos, que los tiranos más destructores de la historia, fueron concebidos por un hombre y una mujer... ¿Y en qué fallaron ellos? No siempre el culpable es el abandono, también el otro extremo puede ser peligroso. Cuando un niño no comprende que es el amor y que es una farsa por ego. Cuando un niño no aprende, que humildad y ser pobre no es lo mismo, cuando un niño es estimulado constantemente para competir, para ser el orgullo de sus padres... algo se está malinterpretando de base, porque realmente, no necesita más que ser lo que es para ser querido.
¿Triste?.. Sí, angustiante, como la falta de oxígeno. Algunos tienen influencia sobre ciertas porciones de la humanidad, y eso los hace vivir en un falacia, donde ellos se visten y se reconocen como semidioses. ¿Y por qué? Porque una vez escuché que la ambición es un virus, es una enfermedad, algo así como una adicción, peligrosa y destructiva, que es alimentada por aduladores profesionales y vampiros energéticos.
El tablero está preparado para mandar al frente a los débiles, que se alimentan de halagos, promesas y espejitos de colores, funcionando como un blindaje, para evitar a toda costa, que se destruyan a los verdaderos cerebros que arman las jugadas. Y así, cada peón es derribado y reemplazado, porque muchos hacen colas interminables y conceden todo tipo de favores para estar ahí. Porque no ven, que un peón, es solo eso, una pieza más.
En la época colonial argentina, la población africana, alcanzaba casi la mitad de los habitantes en algunas zonas. No soy historiadora, por lo tanto, solo contaré la historia que escuché, sin detalles precisos, pero impactante por su crudeza.
Ellos desempeñaban labores domésticas y trabajaban en el campo, además de otras historias ocultas. El barrio de Barracas, donde viví por un tiempo, me llevó a investigar un poco, descubriendo, la asombrosa estética de las casonas de la elite de Buenos Aires, donde cada familia, ostentaba lujo y diseño europeo, para demostrar su status.
Egos, transacciones, intereses y poder, contrastando con las barracas abarrotadas de personas capturadas, que quedaban depositadas en el puerto de Buenos Aires, punto de tránsito y distribución.
Terrible e imperdonable comercio de humanos, que se reunían en barrios como El mondongo, porque consumían, lo que el resto de la población adinerada, desechaba. Aportaron el candombe, a una ciudad con marcada influencia europea, y lo que no te cuentan, es que muchos de ellos, estuvieron al frente de las guerras de independencia. Algunos formaban un codón de choque, el blindaje que el ejército necesitaba para agotar al enemigo, antes de llegar a los otros rangos, en que por estrategia, se arma un ejército en el campo de batalla. ¿Cuél era el estímulo? Su derecho de blancura. Un acuerdo despreciable, que solo se cumpliría, si sobrevivían en batalla. No puedo ni pensar en el horror que impulsaba a esas personas a tomar esa opción. Pero así fue, hasta que el asinamiento y la falta de cuidado, extinguió a gran parte de la población, con la fiebre amarilla y la elite, se desplazó lejos de ese infierno, asentándose en la zona que hoy sería el centro porteño. En conclusión, esto sucedió y en este tablero seguimos todos, pero saberlo nos permite entender dónde elegimos estar.
En otro extremo del mapa, están las personas que se resignan a seguir legados familiares, sumar una foto más a los álbunes, plagados de caras, que necesitan una referencia escrita para reconocerlos, porque ya no se reconocen, no se destacaron, no se revelaron contra sus supuestos destinos. Si sos pobre, te dicen que eso es digno, porque dudan de como se hacen ricos los demás. Y si son ricos, subestiman las capacidades de los pobres y desconfían de sus verdaderas intenciones cuando se acercan. Y, así, tenemos siempre un mundo dividido en esa dualidad, sea cual sea el tema o el motivo.
Yo no podría afirmar que es justo, sin agregarle mis valores aprendidos o la enseñanza que dejaron mis cicatrices, pero, es verdad, que puedo escuchar con el suficiente interés, como para que mis ideas y paradigmas se expandan o se acomoden y me ayuden a tener una visión más real, basada en miles de puntos de vista, pero, sin olvidar que me hace bien o me mantiene estable en mi dignidad.
Trato de ser justa... ¿Lo logro? Quién sabe, depende de quien lo ve, o lo escucha.
Solo sé que lo único que sí podemos cambiar, es lo que tenemos dentro nuestro, nuestras relaciones personales, lo que podemos sumar a un mundo, que corre sin saber bien a dónde. Donde es más importante cumplir con la lista de tips que sugieren como ideales, que sentir que no nos estamos traicionando y que somos importantes, solo porque somos únicos, portadores de un ADN que nos distingue de cualquier otro ser vivo, diseñados artesanalmente para una misión específica... ser los únicos capaces de tomar el timón de nuestro barco con absoluta certeza, de que fue diseñado con los comandos respondan a nuestra voluntad.
Sé que una mirada, puede provocar una sensación, que no pueden los lujos o los estímulos exagerados.
Sé que un abrazo a la persona adecuada, tiene un poder, que jamás te dará un ansiolítico.
Sé que hay escenarios naturales que pueden hacer que broten lágrimas de gratitud ante tanta belleza.
Sé que todos podemos sentirnos culpables por muchas cosas, pero sé también, que esa emoción, solo es un recordatorio de que no se puede cambiar lo hecho, solo se puede hacerlo mejor.
Sé que no hay dinero en este mundo que compre paz, eso es fruto de un trabajo interno constante.
Sé que quien dice saberlo todo o hacer todo bien, le falta aprender que eso no es posible.
Sé que la perfección, es una quimera, o no, depende de tu concepto de perfección.
Sé que la vida se consume en un suspiro, por lo que no es conveniente no sobrepensar, ya que cuando el plazo de la conclusión llegue, es posible que tu tiempo ya no exista.
Sé que todo puede ser bonito... o no, todo depende de tu percepción de la belleza.
Sé, que a veces, la intención no alcanza, pero no se debe menospreciar.
Sé que el amor, es un sentimiento hermoso, pero no, porque evite el dolor, simplemente, porque si es correspondido, y se elige vivirlo, el intercambio que se produce, es poderoso y sanador.
Norma.

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