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domingo, 1 de marzo de 2026

La medida justa de agua.


 Si, soy una persona reservada, aunque no se perciba a simple vista. Trato de tener diálogos sinceros, pero esquivando ser brutalmente honesta o mostrarme, como quien exhibe una novela dramática. Si, es verdad, mi vida fue muy dramática por muchos años, por eso lo que escribo, no tiene que ver con lo que dice la psicología, filósofos o eruditos en el comportamiento humano, son conclusiones de vivencias propias.

 Algunas situaciones solo viven en mi interior, y no es por falta de confianza en quienes me rodean, solo que de tan profundas, creo que suenan fantasiosas.

 Soy de esas personas que caminan entre la gente, sin verlas realmente, y no es desprecio o apatía, es algo que incorporé, cuando hasta una mirada directa me hacía sentir incómoda. Por ese motivo, no me rodeo de mucha gente, y también, porque percibo algunos estados de ánimo que pueden hacerme sentir mal. 

 Sé que puedo ser medio pesada con ciertos temas, por lo tanto, aprendí a leer microgestos de cansancio, lo que me permite, saber en qué momento cambiar el tema. También aprendí a no ofenderme cuando alguien no percibe que yo estaba tratando de explicar algo, pero en cualquier pausa, dan por terminado el tema. Y bueno... no pasa nada, ya sé con quien no debo intentar revelar una opinión, que ni siquiera será escuchada.

 Y de tanto ver, me muevo con más cautela, porque ya no gasto energía innecesaria en lugares que no me aportan nada. No busco validación ni reconocimientos, pero si llegan... agradezco con alegría.

 Aunque nadie lo diría, puedo ser muy pasional también, pero esa parte de mí, se restringe a momentos en que mi confianza no sufre perturbaciones de ningún tipo. 

 Tengo varios mecanismos de defensa que se me activan como alarmas, pero entiendo que eso es más normal, que forma parte de la supervivencia.

 Una de mis tareas más repetitivas, es tratar de encontrar equilibrio, porque eso no se sostiene solo. Sé que los extremos, son complicados y los juicios rápidos también, aunque a veces me gana el impulso. Y sí, debo admitir que dudo, que me agoto, me desespero y me enojo, pero no hay deseo de venganza o de perjudicar a nadie, solo es mi humanidad que no aguanta tanta consideración hacia los demás.

 Algunas personas afirman que no todos lo excesos son malos, porque nadie los  rechazaría, mmm... yo lo dudo, aunque puedo ser intensa con temas determinados.

 En definitiva, las plantas siempre son buenos ejemplos. Algunas se ven más bonitas en climas áridos, tropicales, o incluso, en zonas frías. Hay plantas que buscan sombra, otras disfrutan más del sol, están las que viven mejor en solitario, y existen casos, donde no se pueden separar dos plantas, porque se marchitan. Algunas plantas tiene flores poco agraciadas, pero... dan frutos, vemos el ritmo de floración de las que buscan algunas estaciones del año para desplegar colores y otras, que solo son verdes, pero... en diferentes tonos y densidad. 

 La variedad es infinita, incluso, insólita, si hablamos de algas. Po eso, la conclusión, sería que no existen fórmulas universales para el trato que fomente su desarrollo, y todo es una cuestión de encontrar la medida justa de agua, porque, algunas se ahogan en el exceso, otras viven solo de agua y luz y oxígeno y, lo que todos sabemos... la falta de agua, también las mata sin remedio, aunque algunos cactus tengas su reserva, para los períodos de escasez extrema. 

¿Por qué digo esto?... simplemente, porque estoy convencida, que somos un rebaño, solo en apariencia, pero no existe resoluciones infalibles, dos más dos, no siempre es cuatro en las relaciones humanas, cada ser es único e irrepetible, aunque exteriormente, la gente busque ser un ideal estético o un estereotipo, de perfección en otros aspectos. No subestimemos la capacidad de tolerancia, pero tampoco juguemos con los límites, porque nadie está dispuesto a someterse a exámenes como si fuera un objeto de laboratorio.

 Ante todo, la humildad de reconocer los errores, de saber que no se gana a cualquier precio, y la dignidad de no comprimirse en espacios asignados, solo por agradar. La expectativa ajena, solo es eso... ajena.


Norma.

Lo entiendo así

                                              https://www.youtube.com/watch?v=tGrH-Xh5gqE

  No entendía que me pasaba, por qué descartaba todo lo que escribía, y no es que esto no sea algo que cada tanto suceda, pero esta vez, se sentía diferente. 

 No voy a decir que soy de esas personas, que cuando tomo un trabajo, tenga la certeza de cuál va a ser el resultado, pero, evidentemente, transmito confianza y la gente confía en mí. Pero... debo confesar, que algunos desafíos me dan miedo, que no sé como, pero de alguna manera lo podré superar. La vida me obligó a tomar esta postura por supervivencia, por necesidad de ser autosuficiente y poder ayudar, a quien se lo merece. 

 Tengo un trabajo, que cuando parece que ya está listo para entregar... surge un problema, imperfecciones, errores... no sé, se ve como un castigo, más que el desafío que auguraba ser en un principio. Creo que ya lo desarmé como cuatro o cinco veces, cambié piezas, ángulos, rehice tantas veces los mismo, que ya lo sentía como karma, pero... cuando me suceden estas cosas, y parezco estancada en un bucle, sé que tengo que parar y ver que me está queriendo mostrar esta experiencia. Es difícil percibir el mensaje que trae esto, pero, si no me tomo el tiempo de entender, se me atrasa todo y me pone en encrucijadas incómodas.

 Retomando el tema... hoy, entendí, obvio, no es el trabajo en sí, es para que entienda que se siente, cuando uno entra en una espiral agotadora, que perturba la realidad, al punto de sentirse atrapado. Pero todo es mental, es la sensación de sentir que te van a juzgar por haberlo hecho mal, por no ser suficientemente bueno en lo que haces y sentir, que todos lo van a saber y van a interpretar, que tus aspiraciones son muy pretenciosas y que no estás a la altura.

 En conclusión, no es que yo no sea comprensiva o empática con lo que le toca vivir a otros, pero... no siempre, tengo la paciencia necesaria para entender rasgos de personalidad, que interfieren en la decisiones. No es que yo tenga autoridad para juzgar actitudes que considero irracionales o extrañas, pero... cuando me tocan de cerca, profundamente, es inevitable. Y si a mí me puede pasar en algo pequeño, no quiero imaginar lo que debe ser estar sumergido en un lugar donde la regla es, conservar con uñas y dientes, cosas no son eternas, que se pueden destruir por un mal movimiento. Entonces, me pregunto... ¿Qué hacen?, eso no trae felicidad, solo emparcha espacios vacíos. Pero, sé también, que algunas personas tardan más en ver, y otras, necesitarán varias vidas más. 

 Esto que voy a decir, parece no tener relación con lo anterior, pero sí la tiene. Yo siempre creí que las personas, eran dignas de otra oportunidad, pero... por inexperiencia, me equivoqué

. Me di cuenta, que algunas personas, son como esos rastros de humanidad que quedaron en Pompeya, tras la feroz embestida del Vesubio, por fuera, se ven como indefensas personas a las que el fuego calcinó, en un momento de horror y vulnerabilidad, aunque, por dentro de esa cáscara, no quedaron ni los huesos de lo que fueron. Y uno compra esa figura de un pasado desgarrador, asumiendo, que se merecen la consideración de quien ha sufrido. Y otra vez, pero... cuesta creer que hay gente que vive así... huecos, insensibles, e incapaces de generar luz y sensibilidad humana, aunque uno no pueda evitar sentir compasión por momentos. Es importante no dejarnos manipular por esa fachada, porque, es verdad que han sufrido y es verdad, que su destino ya fue marcado, pero no es responsabilidad de nadie. Algo pasó, incluso, pudieron haberlo pactado antes de nacer, pero, no tiene derecho de torcer otros propósitos, porque no puedan alcanzar sus caprichos.

 ¿En qué me ayudó todo esto? Me ayudó a entender, que no todos pueden solos, que la unión hace la fuerza y que nadie tiene el poder de interferir en la voluntad ajena. Que hay personas que son ladrones... parásitos de la energía, el talento y la luz ajena, porque no son capaces de generarla. Los vampiros de las películas actúan así, alimentándose de otros y perturbándoles la vida, pero no pueden con la luz, con los espejos y la verdad.

Bueno, tampoco con los ajos, pero bueno, tal vez, solo tengan que privarse de algunas comidas jajaja.

En definitiva, esto se soluciona huyendo de todo lo que nos hace mal... la vida es bonita lejos de lo turbio que irradian esas almas deformadas. 

 Sin culpa, no sos Dios, no tenés obligación de cargar con nada. Tu misión te espera y un amor también, si es lo que estás eligiendo.