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miércoles, 22 de abril de 2026

Estamos, para cambiar algo


 Quiero contarte algo, que puede sonar algo flashero, digamos que, todos fingimos demencia, pero... en el fondo, sabemos que hay algo más, que la ciencia sabe que jamás tocamos algo realmente, que nuestros dedos levitan sobre las superficies a una distancia imperceptible para el ojo humano, esto es catalogado como repulsión electromagnética, y no me voy a explayar en el tema, porque no soy una persona de ciencia, solo quise mencionar esto, porque ante este fenómeno comprobado, el cerebro, siente que no es así y defiende con con todos los argumentos posibles, que puede sentir superficies frías y superficies adorablemente cálidas, con real certeza, pero también sabemos que esto no es verdad, algunas son conductoras, y drenan tu calor con mayor facilidad, y otras te permiten retenerlo.

 Nuestro cerebro, al que le otorgamos todos los OK a su sobrevalorado y veráz razonamiento, libre de sentimientos imperfectos y perturbadores, depositario de toda nuestra confianza y de la autoridad de nuestras decisiones, pero...pero... pero, ya descubrimos que nos engaña... ¿O no?

 Y no voy a hablar de teorías y experimentos, como el de la doble rendija, que te explotan la realidad conocida y tangible, eso es para los genios que pueden manejar y procesar todas esas variables.

 Lo cierto es, que somos tan pequeñitos en el plano de existencia, que la arrogancia, no debería existir. Y si, es verdad que da miedo saber, que solo tenemos influencia en nuestro perímetro de acción, pero... también formamos parte de algo, que muchos definen como infinito, y para nuestra comprención de vida, eso es tan excesivo, que preferimos ignorarlo. 

 ¿A dónde voy con todo eso? Simplemente, a tratar de entender, que las variables de las formas de existencia visibles, son infinitas, porque el artesano, energía, o Dios que nos ha creado, no es como un humano, no es un aprendiz, no es la marioneta que se mueve con los hilos de las emosiones, no es el que actúa por instinto de supervivencia, no fue dotado de un ego que perturba su visión, no sabe de miedos, porque no tiene nada que ganar, pero tampoco, tiene nada que perder, el tiempo no lo rosa, porque no hay principio, y el final solo influye en una forma de vida cíclica como la nuestra. 

 Entonces... ¿Qué pedimos cuándo levantamos los ojos al cielo y hasta nos torturamos, en pose de ofrenda para obtener ayuda, o para agradecer? ¿Por qué los ángeles se representan como seres alados, antiguos y, hasta con rostros melancólicos? Bueno, tal vez, esto sea más simple de explicar, y tiene que ver, con las majestuosas obras de arte que se representaron hace siglos, sobre todo, en el Renacimiento y deberíamos actualizar esa percepción, porque, para los que creemos en seres de otros planos que guían o acompañan, es importante razonar, que emitimos ciertas frecuencias, que conectan con otras que pasan por el mismo rango, o algo así, digamos que, si tenés una radio AM, no va a captar las ondas de emisión de una FM, porque es otro tipo de onda, según entiendo. Así comprendo la conexión y entiendo que, ellos no se van, somos nosotros, que no los percibimos, porque nos perdemos en distracciones y en otros niveles de frecuencia. Tal vez, no sea exactamente así, pero eso hace que, nos sintamos solos, aunque eso no sea posible. Todo ese ruido en medio, no nos permite conectar o escuchar bien y da sensación de soledad.

 Somos una genialidad imposible de comprender en su totalidad. Lo intangible de nuestra composición, es complejo y sublime a la vez, y nuestra estructura visible, también lo es. 

 A pesar de muchos años de estudio y dedicación exhaustiva y masiva, no comprendemos aún, las opciones y limitaiones del cerebro, la influencia potente que emite sobre su propia composición, las capacidades del corazón y su campo magnético de influencia, el vació inmenso en el que se mueven los electrones, lo que denominan ADN basura, y la imposibilidad absoluta de que esa sea la explicación. Y... el proceso de la reproducción y la concepción, como el milagro más fascinante. 

 Todo se da por hecho, como parte de lo que toca por derecho... como algo simple, que nadie valora lo suficiente y se nos debe percibir como muy arrogantes... imagino. 

 Algunos, tienen cerebros más aptos para dimensionar parte de esto, pero, cuanto más exploran, entienden que es como un laberinto, un gran enigma, tan exquisitamente diseñado, que excede por mucho, a la idea de un dominio completo del conocimiento de la realidad. 

 Nuestra existencia, puede ser más fácil de comprender, a travez de un videojuego ( no sé mucho del tema, pero vi a mis hijos jugar por mucho tiempo ), donde cada personaje tiene una misión y lo que ves como características físicas o rasgos de personalidad, son las herramientas otorgadas, para cumplir sus objetivos. Las reglas son algo extrañas para un jueguito común, porque, los personajes, tienen autonomía y deberían responder a un bien común, pero... tienen un rasgo, que les complica las decisiones... el instinto de supervivencia. 

 El cerebro detrás de los comandos, es su divinidad, pero... como el juego no es para humanos, este ser, superior a sus avatares, los obseva interactuar sin dominarlos, solo interviniendo en momentos puntuales y accionando el botón del karma, cuando producen sufrimiento a otro avatar, tan importante en su misión como el primero.

 En este juego, el tiempo funciona de manera diferente para quien tiene el comando y para los personajes. Los seres en la pantalla, son capaces de obtener rasgos positivos o negativos, fruto de su interacción con otros, y no saben en que momento puede aparecer el cartelito del game over. Aprenden habilidades, se suman a grupos o no y se reproducen, dando paso a nuevas generaciones. Tienen un plazo máximo de existencia, hagan lo que hagan por mantenerse saludables y las atracciones con otros, tienen más que ver con sus rasgos de personalidad, que con la estética, aunque sí influye. Y así, es algo más fácil de comprender.

 ¿Como se conecta todo esto? Se conecta, entendiendo, que somos obras de arte complejas, con autonomía y misión, con las herramientas necesarias para cumplir ese objetivo. Que la meta, puede ser alcanzada o no, que nada se moverá en el cosmos si desaparecemos un día, pero... también, y por ser parte de un todo en la existencia, tenemos cierta influencia.

 Tiene que ver, con los vínculos emocionales y si anulamos estas sensaciones tan intensas, solo viviremos una vida vacía, porque puede doler o no, pero... su ausencia, nos convierte en máquinas que actuan por instinto y por inersia. Comprender que somos autores de nuestras historias, de nuestra herencia y herederos. Que no somos esclavos atados a una soga, llamada linaje de sangre, que por el contrario, estamos llamados a liberar los caminos de las futuras generaciones, porque ellos tienen que ser más aptos para una armonía entre las especies que habitamos el planeta, no podemos seguir siendo los depredadores que destruyen o estropean todo. 

Tenemos que enseñarles, que no vinimos a este plano de existencia para sufrir, para dominar, o ser víctimas del miedo, que nos ata al reloj o a los resultados. Vinimos a prender de este viaje, de sus paisajes alucinantes, de las variables infinitas, de personas esparcidas por el mundo, de disfrutar de los maravillosos espectáculos que brinda el clima, el arte y los movimientos de los astros. 

 Estamos, para cambiar algo, como huella de haber vivido, como agradecimiento por este recorrido fascinante, enriquecido con las enseñanzas de las experiencias. 

 Dejarles una notita a las nuevas generaciones, diciéndoles, que aprovechen todo lo que no destruya la existencia de otros, que la felicidad, no está en un auto de alta gama de edición limitada, en colecciones de valor incalculable, en el poder, o en los aplausos. Todo puede ser más simple... está al alcance de la mano, en alunas miradas, en gestos de afecto, en saber valorar el hecho de abrir los ojos una vez más, en la seguridad que da estar de la mano de la persona adecuada, o solo sentarse en silencio para observar, la majestuosa obra de arte que es este planetas y el espectáculos astronómico que lo rodea.

 No somos las víctimas, somos los coautores, los que pueden crear belleza a partir de un pensamiento... Somos los comandantes de nuestro propio destino.

Norma.