Algo que se explica por mentes maestras,
que vibran y suben, hasta otra esfera.
Que hablan de seres que dejan sus cuerpos,
que tocan frecuencias... que requiere tiempo.
Ensalzan la paz... ¡No es para cualquiera!
se visten humildes, su luz es hoguera.
Hablan de proezas... parece imposible,
solo así se alcanza... poder invencible.
Hablan de personas desafiando el frío,
ingrávidos, fuertes, en pleno equilibrio.
Su mundo es interno, su paz... garantía,
casi semidioses, sin mal, ni codicia.
Todo el misticismo, que excede lo humano,
sabios y valiosos... se han transformado.
Inspiran y exhalan... crean realidades,
su perfil no cuadra con simples mortales.
En Nepal o el Tibet... ancestral cultura,
enfocan su alma, buscando la altura,
y los Himalayas, parecen respaldo,
un hito en el mundo, que asusta al más apto.
Dos picos del mundo como grandes torres,
que quita el aliento y te lleva al borde.
Everest, gigante, feroz, e implacable,
defiende su paz, del soberbio andante.
Y aquí, el Aconcagua, con su cresta helada,
se exhibe atrevido, majestuoso, en plata.
Y le muestra al hombre, que su vida es frágil,
se siente pequeña, dudosa... inconstante.
Nos cuentan historias de poder y esfuerzo,
¡Beberás dolor... desengaños cruentos!
Solo así tendrás verdad y alimento,
y serás llamado, el sabio... el perfecto.
Nada garantiza, que roto, seas bueno,
que tanta rudeza, te eleve a los cielos,
que debas sangrar, sufrir... ser de hielo,
para que la paz, te premie el esfuerzo.
Y así, se nos pasan los detalles tiernos,
miradas de amor, caricias y aliento.
Esa tarde hermosa, sonidos del río,
cuando quedas mudo, de emoción y alivio.
No hay que ser monje, gurú o hechicero,
no es en la cumbre, que se observa del cielo,
no es en el brillo del oro, o el diamante,
no es en palacio, gélido y distante.
La paz, no es blasón, por tanta tortura,
la paz, no se alcanza con flagelo y dudas,
la paz, no está afuera, en marcas y estatus,
la paz, vive adentro... debe liberarse.
No es adrenalina, que agota y socava,
no viene de aplausos, ni halagos a ultranza,
no está en los trofeos, placas... o personas,
no está en escenarios de exclusiva forma.
La paz, es saber que no estás en deuda,
no estás esperando... no viene se afuera.
Es lo que te dices cuando estás a solas,
es el equilibrio... entre luz y sombra.
La paz, no se compra... no se regenera,
es trabajo diario, es fe y es paciencia.
Viene en las sonrisas, en los pensamientos,
llega, como el agua que cambia un desierto.
Norma.

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