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jueves, 16 de julio de 2026

La soberbia deja ciego...

                                                               https://youtu.be/9gsQDFQX1gk

 No siempre recuerdo lo que sueño, y entiendo que es natural. Esta mañana, recordé partes de un sueño, que creo haber interpretado bien, pero... obviamente, no hay certeza.

 Me desperté recordando que estaba arreglando un jean, y por una extraña razón. había caído en medio de un terreno que no era mío, creo que era de una vecina que no conocía personalmente. El caso es, que al momento de ver en que lugar había caído, se veía un terreno largo, que tenía una casa pequeña en el fondo. Un camino de tierra, permitía entrar a la casa, casi oculta desde mi ángulo de visión. El frente del terreno, estaba abierto y también era de tierra. En el sector derecho, un rectángulo de pasto ocupaba gran parte del espacio, y en el centro, un círculo libre de hierbas. Por obra de la casualidad, no recuerdo bien, mi pantalón había caído en el centro.

 Al momento de perder el pantalón que estaba intentando arreglar, me sentí desconcertada, por el movimiento que motivó que se encontrara en el centro y la angustia de haber dejado algo inconcluso, incluso con una aguja enhebrada, que denotaba que la acción había quedado a medio camino. 

 No recuerdo como, pero al momento siguiente, estaba entrando al terreno, y la dueña de casa salió, por lo que le expliqué la situación, y ella me dijo que si podía pasar en medio del pasto lo recuperara, pero la situación no era la misma que había visto antes, el pasto había crecido casi a mi altura y era increíblemente denso y espeso, casi como un cañaveral. No todo el pasto era verde, se alternaba con pasto seco en ciertos sectores y el círculo central era inexistente, por lo que me era imposible descifrar, en qué condiciones se encontraba el pantalón. 

 En algún momento, que no percibí como un ruido de alerta, pude ver que en el frente del terreno, había un hombre parado fuera de su auto, pero apenas miré y no le di importancia. A continuación, comencé una lucha contra ese obstáculo infranqueable que me separaba de lo que quería recuperar. Juro que lo intenté con todas mis fuerzas, pero no podía avanzar, ni siquiera encontraba un lugar donde entrar un pie para hacer fuerza con el cuerpo y no solo con mis brazos, pero... fue inútil.

 Después de un tiempo de querer forzar un camino, me rendí, por cansancio, por aceptación, y por entender que, aunque encontrara el pantalón, ya no sería el mismo, ya no valdría la pena tanto esfuerzo. Llegaba a la conclusión, que la industria confecciona millones de jeans diarios, con variables de precios, calidad y colores. Insistir en algo que vale la pena, es importante, pero... obstinarse en algo, sin entender que pasó después de  tanto tiempo, permitiendo que el camino se plagara de impedimentos y sin tener una certeza, no me llevaba a ningún lado. Aunque no entienda, por qué la señora no corta su pasto y disfruta de la amplitud de su espacio, ese lugar no es mío, y tal vez, ni siquiera una tela creada para resistir, pueda sobrevivir el tiempo necesario, como para invertir tiempo y esfuerzo solo por una ilusión.

 En definitiva, es como pensar que hubiera pasado si el Titanic no se hubiera hundido, o dar vuelta sobre la especulaciones que tratan de explicar los motivos de ese caos. Algunos afirman que fue un descuido del capitán, otros que, tal vez el lujo, fue priorizado por sobre la seguridad, también se habla de una trampa mortal entre magnates, por una licitación que deseaban obtener. Lo último que me llegó, es que el invento de Marconi, se había incorporado como un elemento exclusivo para la elite que abordó el trasatlántico y suponen que el fervor con que los jóvenes hacían uso de esa comunicación inalámbrica tan novedosa, pudo haber interferido en el alerta, que supuestamente se le envió a ese coloso del mar.

 Sea como sea, mucha gente de alta sociedad o los refugiados en las bodegas, perdieron su vida en una espacio que parecía inmutable, seguro y poderoso, casi un milagroso paraíso, flotando seguro en terreno peligroso y casi siempre mortal para el humano. 

 La soberbia deja ciego, a quien cree que el castillo de naipes que sostiene su realidad, es permanente. Esta deformación de lo real, implica no ver que la vida no sostiene ni garantiza nada, porque su objetivo no es detenerse, su misión, es permitir la creatividad y la transformación en forma fluida y dinámica. Lo cierto es, que el Titanic, en su majestuosa ostentación de lujo y detalles de exquisito pulido, no era más que una pequeña cáscara de nuez, frente a la inmensidad del mar y su imponente fuerza. Nada pudo hacer el poder humano, frente al movimiento devastador del Vesubio o ante la grieta que parte un continente en dos. 

 Las personas creen que cumplir con algún ritual religioso, los protege frente a las inclemencias del clima o a los movimientos de las placas tectónicas. Creen que comer bien y tomar mucha agua, les va a permitir vivir cien años en salud, que tener dinero, poder o atractivo, les abre puertas que nunca se cerrarán. Aseguran que ser parte de un grupo, les asegura protección y validación, que mañana habrá tiempo, y miles de ideas nacidas de las fantasías más tranquilizante, la que promete, asegura y cumple, pero... lo único verdadero es lo que nos está pasando y que no se trata de superar a otros, porque lo único que podemos moldear, es a nosotros mismos.

 Cuando estaba despertando de mi sueño, escuché una frase: Precisamente, abusé de mí.


Norma.

Y si escribo sin pensar...

 


Y si escribo sin pensar, como quien no piensa nada,

como quien va deslizando el tono de letra anclada.

Cuando el invierno no dice, pero tiemblan las palabras,

cuando el cuaderno no alcanza, para plasmar esa causa.


Y si, tal vez me defiendo, con silencio en abundancia,

no es agresión, es la fuerza que equilibra la balanza.

Y aprendí sin querer, a estar sola en la templanza,

pero yo no elegí... solo acepté lo que pasa.


Solo sé lo que no quiero... no más triste y agotada,

quien no traiga honestidad, se perderá en la distancia.

Aún creo en lo bonito de una sonrisa sin farsa,

algo natural y simple, como el sol en su bonanza.


Y dormir sin más pendientes, que ser feliz otro día,

que el momento sea especial, solo por la compañía.

Que sea gestual lo importante, que no falte picardía,

que sea paz y que sea fiel, esa cómplice alegría.


Que los ojos sean testigos de lealtades sin murallas, 

que aún cuando no se ve, no se altere la confianza.

Que la duda sea en pregunta y su respuesta... certeza,

como cálido refugio, que protege en su tibieza.


Y si la vida no entiende de transparente intención,

que no llegue hasta mi puerta en busca de aceptación.

Y yo sé que soy humana, con errores y emoción,

con ilusiones frustradas, con valores... con dolor.


Y cuando amé, fue sin sombra, sin bloqueo diseñado,

y abracé con la ternura que no mide lo entregado.

Solo espero que sea justo lo que traiga el calendario,

yo no busco distracciones, ni dibujos animados.


Norma.