Siempre pensé, que los años traerían certezas, fórmulas, salidas y un camino claro, pero... al menos a mí, no me sucedió así. Es increíble pensar, que muchas cosas que he vivido me sirvieron, y otras... no sé, no les encuentro un sentido.
La eterna pregunta, tan repetida y desmenuzada a través de la historia, da vueltas en un espiral, donde las respuestas, se alzan como un humo inevitable, y giran hasta disolverse en el aire, que contiene polen, sonidos, hojas y partículas, que se desplazan con la fuerza que impulsa al aire, para convertirlo en viento.
Y entonces, cuando la tarde se despide, en un espectáculo propio de la creación, cuando una inexplicable esfera roja se asoma desde el horizonte, desde los llanos propios del campo, amplio y generoso, que aún guardan el rocío de la madrugada, se siente esa magia.
En esos días, que la lluvia no cesa, y te atrapa en su juego hipnótico, cuando una ventana o una puerta, te ofrece una butaca en primera fila, en ese teatro húmedo y nostálgico, donde las gotas caen con un ritmo adormecedor, o se multiplican en una implacable cortina de hilos cristalinos.
También, en esas noches de verano, donde las estrellas se expanden o disminuyen, en su tímido parpadeo, jugando a ser reales o solo fantasmas, que dejaron su eco de luz en el universo y aún parecen vivas para nuestros ojos.
Y no puedo dejar de mencionar, la imponencia de las montañas, como colosos inertes y poderosos, y la sensación de infinito, que el mar despliega en su abrazo de olas y sus profundidades misteriosas...
Tal vez, contemplando un arco iris, mágico y fabulosamente irracional a la vista. Frente a alguno de estos momentos, el tiempo se frena, y todo parece silenciarse, entonces, surge la pregunta... ¿Por qué estoy vivo? Y, sinceramente, algunas veces, me cuestiono, si todo es tan real como parece.
Es extraño, pero suelo tener la sensación de que no todo es lo que parece, que el hombre, inventa fórmulas, respuestas, relojes, y medidores de cualquier tipo, para sentir que entiende, que lo puede explicar, que domina lo que existe, para no sentirse indefenso, frente a la omnipotencia de todo lo que puede ver y de todo lo que ya sabe, que sus sentidos no pueden registrar. Pero... yo sospecho, que si entendiéramos la fragilidad de nuestra vida, frente a un leve movimiento de la Tierra o de un fenómeno cósmico, aprenderíamos de un segundo para otro, que no se puede aprender sin la humildad, porque es la llave para abrirle las puertas a lo desconocido. Aún así, existen personas que prefieren no ahondar en esos temas, porque los asustan, y se debe respetar esa postura, porque cada uno vive o sobrevive como puede. Lo que no comprendo, es esa postura de superioridad que algunos se atribuyen, a pesar de no contar con garantías de ningún tipo.
. Y nosotors allí, en el medio, en la superficie de un planeta pequeño, diseñado a medida para nuestra existencia y aprendizaje. Sufriendo por amor, por necesidad, por resguardo, por certezas, por salud, por posibilidades, por ilusiones, por atención... o por lo que sea. ¿Qué absurdo no? pasan años, meses, días, horas y sus fracciones, y no hacemos otra cosa más que quejarnos, lamentarnos, culpar, criticar... y también agradecer (cuando nos acordamos), a algo, o a alguien que sentimos como una energía celestial, superior, creadora, indiscutible e incomprensible también.
Algunos, se llenan de tabúes, dioses que reaccionan como humanos arrogantes y vanidosos. Otros, viven todo sin entender límites, o lo que provocan. Nunca faltan los que se sacrifican sin sentido, porque cada uno es responsable de su vida, pero si la empatía es auténtica, realza su valor. Convivimos en un escenario de personajes diversos y complejos. Algunos, se alinean detrás de un líder, aunque no estén de acuerdo en todo. Los rebeldes, se resisten a todo, aunque en ocasiones no lo sientan así. No faltan los que se obsesionan con el equilibrio, los que quieren ser solo espirituales o los que se contraponen, en su versión carnal y tangible de todo lo posible.
¿Quién tiene la razón, o está más acertado? Tal vez nadie del todo, todo depende del paradigma que crearon en sus mentes, los parámetros del bien y del mal, la visión personal, o más global de la existencia. Entiendo, que el error, está en desechar automáticamente lo que nos molesta, juzgar ante la incomodidad que nos provoca o sentir que ya lo sabemos todo. ¿Cuál es la salida entonces?.. Es posible que la única salida, sea la negociación, porque todos vivimos en una gran casa, aunque, por grupos, nos dividamos en habitaciones individuales.
Yo, no estoy filosofando, pretendiendo que tengo las mejores preguntas, ni encontrando las respuestas correctas, solo creo, que no todo es como parece, ni vemos todo lo que existe, y muchos menos, podríamos agrupar o etiquetar personas, por su aspecto, capacidad intelectual, destreza física, posición social, o por fórmulas matemáticas, que al proporcionarle datos, nos devuelvan un resultado certero, para catalogar a una persona, con la complejidad incomprensible que guarda en su interior.
La concepción, es una conjunción casi mágica de dos cuerpos, desarrollándose durante varios meses dentro de otro humano, con todos los riesgos que conlleva ese proceso, que llamamos "natural".
¡Que la vida los abrace con ternura y los guíe por el mejor camino!
Norma.
