No renuncio al aire tibio aire del verano,
ni al silente abrazo del sol esperado.
No renuncio al cielo limpio del descanso,
ni al ángel que vela por mis sueños sanos.
No renuncio al trino de las aves libres,
ni a soñar con algo, que tal vez, ni existe.
No renuncio al día con su hora en blanco,
ni a esa caricia de un gesto impensado.
No renuncio al cuadro sereno y silvestre,
ni a esos ocasos que dejan inerte.
No renuncio al trazo de la letra clara,
ni a esa verdad que no niega el alma.
No renuncio al digno bastión de mis manos,
ni a los estandartes que llevo guardados.
No renuncio a ver lo que el cuerpo habla,
ni a esas miradas que gritan sus causas.
No renuncio al dulce suspiro del alba,
ni a pedir al cosmos que traiga esperanza.
No renuncio a ver lo que duele al mundo,
ni a ser consciente de lo que sea justo.
No renuncio al flujo que corre en mis venas,
ni al trabajo limpio de crear coherencia.
No renuncio al punto que busca equilibrio,
ni al amor, si es fiel en lo más profundo.
Norma.
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