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sábado, 4 de junio de 2011

Desde muy chica aprendí...

Desde muy chica, descubrí en las palabras el lenguaje genuino del alma... el escape del rincón solitario de sentirse diferente, como un llanto de letras... como soltar palomas vocales y golondrinas consonantes. Desde muy chica aprendí a vivir con mi amiga soledad, compañera de mis lugares aislados de la normalidad, silente espectadora de mis horas reprimidas... de mis mordazas impuestas... de mi pose fría.
Desde muy chica aprendí, que es preferible postergarse a defraudar... soportar a ser juzgada de intolerante. Aprendí que un guiño aprobador, era más importante que cualquier motivo propio de satisfacción, que lo que dicen "los que saben"... es ley, que un titulo habilita a cualquier humano a sentirse con autoridad sobre otro... que el dinero mueve el mundo y que si no lo conseguís... sos "marginal"... "indigente"... "desafortunado"... enorme paquete en el que se guarda indiscriminadamente a todo el resto. Todo es comercial y se cotiza... un mundo en el que conviven individuos similares, pero únicos en esencia, como su código genético, pero tenemos una tendencia peligrosa y destructiva a separar por grupos y etiquetar... entonces dejamos de ser entidades valoradas, para formar parte de determinados grupos y esto nos degrada, porque no te dejan salir y no podés entrar... los que están adentro, sienten que sos una parte de su masa, solo una partícula de un todo y... los que están afuera, sienten pánico de que los contamines y no pertenecer puramente al lugar al que creen pertenecer. Y para las estadísticas sos un número... para el comercio, sos sinónimo de ingresos, para los ambiciosos... un obstáculo, para los indiferentes... no sos nada... y muchas veces llegamos a creerlo. Alguien impone las modas y todos corren sin meditarlo ni dos segundos a incorporar los uniformes a su personalidad... y se tapan... y son todos iguales... caprichos de una matriz, entonces no saben quienes son... pero sí, que deben hacer, porque como guía, tienen un catálogo de moda que los aisla de lo que podrían ser, pero no se animan... y se engañan, se ponen máscaras, pretenden ser lo que algunos envidian, lo que se supone que es correcto, o lo que quisieran haber sido.
En fin, desde muy chica aprendí muchas cosas... de las buenas... de las malas. De la buenas que creí malas, pero hoy me ayudan... y de las malas, que creí buenas... y hoy descarto.
Si para poder entender que significa ser generosa, tuve que amar... si para arrancarme el rencor, tuve que ser libre... si para cuidar, tuve que aprender a perdonar con toda el alma... si para comprender el dolor tuve que conversar con mi amiga soledad... si llegué a pensar en que valen más las flores de tela, aunque no perfumen... porque las naturales se marchitan al sol.
Si tanto se me ha ido de las manos... por soñar despierta, por apostarlo todo... por entregar el corazón aún palpitando, mientras su sangre se me escurre entre los dedos... mientras me miro y noto el agujero que quedó en mi pecho... pero yo sé que todo lo hice con la inocencia pura de los tontos... los románticos... los que nos desnudamos en una poesía y malgastamos años, solo por la ilusión de una mirada. Para los que lloramos cuando alguien pretende hacernos ver que son utopías... y cuando la utopía es definida como "Proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre éste"... cuando alguien te grita... ¡¡Avivate!! y yo pienso... ¿De qué me tengo que avivar?... ¿Qué pretenden que entienda?... que a algunos le cuesta poco entrar y salir de mi vida... pero antes de irse te recuerdan que algunas personas solo aparecen por algún motivo y se van sin darte ninguno...
Desde muy chica aprendí a elegir con el corazón... y digan lo que digan... realmente no me importa... "Al César lo que es del César... y a Dios, lo que es de Dios".

Norma Marchetti
4/6/11

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