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viernes, 4 de enero de 2013

Empezar...


 Un nuevo año se cierne sobre la ciudad, algo despoblada... en calma. Tras el éxodo propiciado por esas irrefrenables ganas de evadir esta urbe de cemento y luces, de aire viciado y bullicio... este complejo conglomerado de ambiciones y urgencias. Donde el espíritu es aturdido y los reclamos aplacados, porque la idea es... sobrevivir.
 En este nuevo año de dulces promesas y decepciones encontradas a la vuelta de la esquina, donde los pendientes, cuelgan de la consciencia... junto algunas piezas dispersas del rompecabezas incompleto de la niñez.
 En los primeros pasos de un inicio... con el menguante de la luna sobre el agua, como un ojo entrecerrado sobre la cara de la noche. En el marco biselado de este Enero a estrenar. Y yo con mis momentos a destiempo... un pasado del que aprender y un futuro proyectado que me sorprende todas las mañanas... cuando se vuelve presente. En resumen, la idea es no volver sobre errores, es intentar, no rendirse... es adaptarse, acomodarse a este calendario que no siempre evoluciona de acuerdo a lo estipulado, entonces, lo impensado es posible y lo posible, descartado... donde sufrir no debe anotarse de antemano en el menú diario y la experiencia no puede ser solo el estigma sobre el cuerpo... donde la vida a favor sea el espacio a descubrir y donde la senda transcurrida, sea ese libro de consulta permanente, pero sin que represente un muro de defensa, porque la idea no es aislarse... es caminar más seguro con los zapatos que nos deja la sabiduría.
 Empezar... todo un desafío sin garantías, pero todo inicio es sinónimo de vida... de despertar a nuevas sensaciones... a que la emoción de intentar nos pase por dentro y por fuera... para no vivir a medias, con la mezquindad del egoísmo y el miedo impropio de aquellos que saben que no existe nada absolutamente irrefutable.
 No temerle a los sentimientos es imprescindible para apreciar la intensidad de todo lo posible.
 Gracias.
4/1/13