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lunes, 23 de julio de 2012

No le otorgues todo el poder de decisión a tu cerebro...


 En estas tardes frías de ocasos grisáceos y pasos ligeros, en este invierno particularmente extraño... donde la realidad me pide a gritos un cambio... el reloj se impacienta y el corazón reclama, asumo una nueva etapa de aceptación y cambios... de replanteos y ausencias.
 ¿Solo sé que no se nada?... Más allá de Sócrates o Platón, creo que es la pregunta que quiebra la soberbia de creer que somos dueños de una verdad irrefutable, equivocarse, reconocerlo y aprender... es saludable... reconocernos imperfectos y vulnerables también lo es. Salir de las estructuras prefijadas por otros y esa obsesión por agradar o revelarnos contra todo... salir del encierro que fija un margen imaginario que nos limita, nos predispone y nos asfixia. 
 ¿Qué es lo importante a conservar?... ¿Lo tangible?... todos sabemos que lo que nos proporciona la verdadera sensación de bienestar, es lo interno, lo que traspasa lo material, esa sensación inigualable de sentirse pleno en los afectos, en el tesón de la lucha por alcanzar los objetivos y su posterior resultado. 
 En nuestra memoria emotiva, acumulamos momentos de menor o mayor importancia, pero, sin lugar a dudas, los que ocupan un lugar de privilegio... son los momentos que nos proporcionan felicidad... esos abrazos sin un parámetro existente para otorgarle un valor... esas sonrisas que no nacen de un simple movimiento muscular... sino de la expresión genuina de un sentimiento y del complemento inevitable de una mirada... esas palabras colocadas en el tiempo y el lugar exacto, que nos dejan con la guardia baja y se dirigen con absoluta precisión a un lugar del corazón, en donde quedan grabadas para siempre y tantas otras sensaciones transmitidas sin una razón aparente... pero increíblemente profundas, que se marcan a fuego y dibujan sonrisas o se acompañan de suspiros.
 ¿Cuántos errores cometemos?... ¿Cuál es el límite de la idiotez cuando discriminamos?... ¿Dónde radica el verdadero valor de una persona?... ¿Qué ves cuando miras?... Con los ojos, vemos lo exterior, los oídos, interpretan vibraciones de sonido... nuestras cuerdas vocales emiten sonidos que generalmente no traducen los verdaderos sentimientos y el olfato nos proporciona un estímulo... pero el tacto es mudo, sordo, ciego y carente de aroma... al menos en apariencia, porque el nos conecta con las sensaciones... y tal vez, sea un sentido algo subestimado, pero percibe un lenguaje profundo y solo comprendido desde el interior y con la cercanía. No somos solo lo que se ve... ni lo que pretendemos ser... ni tampoco lo que decimos ser... somos esa esencia que escapa a la percepción del cerebro por medio de los sentidos... cada ser humano es único e irrepetible, absolutamente valioso y especial... no somos mejores o peores... SOMOS IGUALES y tenemos el derecho de amar y que nos amen. Lo auténtico e importante no tiene que ver con una imagen. 
 Cuando observes a alguien... no le otorgues todo el poder de decisión a tu cerebro...


Norma Marchetti
23/7/12

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