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domingo, 20 de marzo de 2011

El viaje ll - "Mi corazón como consejero".

Días atrás, mientras la soledad amenazaba con devorarme y dejarme la ropa sin secar, decidí emprender una caminata bajo el sol de este inminente otoño. Pensé durante algunas horas cual era la solución... y se me ocurrieron varias, pero todo lo que no se sustenta en lo verdadero, tiende a caer por su propio peso y es verdad que a veces decimos cosas de las que no estamos del todo convencidos... y no es que uno quiera mentir o mentirse, es simplemente que pensamos que la solución, puede estar en esa otra opción que nunca contemplamos.
Cuando la soledad es tu única compañera y el dolor se te atraviesa en la garganta dibujándote una sonrisa absurda que no puede ni emitir sonido... uno piensa... observa y entiende que no se puede confiar en cualquiera, pero siempre hay alguien que se nos acerca y nos regala los colores, que nos devuelven a la vida, personas mágicas, seres de corazón puro que no persiguen fines mezquinos, que te abrazan con ternura y te protegen los sueños... son como ángeles de la guarda, pero con la bendición de ser de carne y hueso, accesibles, pero tan sensibles que podríamos destrozarlos hasta sin advertirlo. Ellos no pueden acercarse a cualquiera, porque podrían desangrarse y morir, la persona que quiera acompañarlos a lo largo de la vida, o por el tiempo que ellos decidan, deben evitar el raciocinio, el egoísmo y cualquier otro recurso humano de supervivencia.Cuando alguien así se nos acerca, es muy probable que uno piense que no es real, uno supone que no es posible que alguien así sea humano y lo estropeamos todo... el corazón nos grita que sí, que puede ser, pero la cabeza desconfía... tiene miedo y se defiende... nos aparta y nos destruye, entonces nos transformamos en nuestros propios enemigos... solo destruimos, incluso cuando el corazón se desespera por advertirnos que no hay forma de alcanzar la felicidad lejos de esos seres... ellos son luz y guía... uno no debe apartase jamás de esas personas, hay que defenderlas de todo y de todos... incluso de nuestra cabeza. A ellos se les debe hablar con el corazón en la mano... abrirse el pecho y que puedan ver como palpita.
Después de escuchar a mi corazón y entender que es mi mejor consejero... tomé una decisión... vos a comprar algunas temperas, porque no manejo la técnica del óleo ni de la acuarela y me voy a sentar a pintar ese paraíso que tanto soñé cuando era niña y mi alma era pura... voy a usar todos los colores del arco iris y los cálidos bañaran todo el paisaje, como un manto de sol... como un abrazo de la estrella que es el centro del sistema solar en el que giro... esa estrella que brilla con luz propia e ilumina dando vida a todo lo existente sobre la superficie terrestre
y que es tan generosa, que permite que todos veamos a la luna, que vanidosa, cambia sus fases como vestidos, se introduce en las voces y los vocablos de los poetas. Los enamorados la evocan y le dedican todo tipo de melodías, mientras que el sol, generoso hasta el hartazgo, jamás les recuerda que solo es un pequeño satélite que desaparecería con solo darle la espalda, ella solo refleja la luz que emana de tan poderoso astro... él la observa y le permite estos privilegios... ella a veces se deja llevar, y se olvida que sin él es solo una gigante roca gris que puede girar solo alrededor de la Tierra y que solo es una partícula imperceptible en el cosmos... mientras que él es una estrella generosa que la convierte en el símbolo más misterioso y romántico que buscan los amantes cuando él sol se esconde para no opacarla. Definitivamente, voy a seguir a mi corazón y voy a escuchar cuando llora en silencio mi necedad, mis ganas de seguir a ese alguien que me volvió a la vida en los colores, en la luz de la inocencia que inundó de amor todos los rincones de mi corazón.
Camino a la terminal, me apuro, acelero el paso. No sé, si algún día podré abrazar a ese alguien que se transformó en la luz que me permitió caminar cuando estaba a oscuras, que acarició mi alma cuando tenía miedo y me leyó poemas al oído para que no escuchara los rugidos de las fieras salvajes que me rodeaban con su odio y esperaban agazapadas para desgarrar hasta mis entrañas. Por eso, voy a llevarle este cuadro, porque decidí que mi corazón debía tomar posesión de las manos, es es el único que conoce ese edén en donde la vida comienza y la mirada se fija en toda la extensión de la perfecta imperfección de sus líneas... y su luz, para ser el gozo de mi alma... Voy a buscarlo donde no esperaba... donde siempre estuvo... EN MI CORAZÓN.

Norma Marchetti
20/3/11

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