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lunes, 7 de marzo de 2011

Contradicciones y otras yerbas...

Cuando era chiquita tenía más amigos que amigas... 3x1, para ser más exacta. Me entendía mejor con mi papá que con mi mamá... admiraba y defendía el razonamiento masculino, me entendía con ellos, no sé si porque eran más simples, menos envidiosos, más frontales, más divertidos y también siempre sentía la sensación de estar protegida. Fantaseaba con que hubiera sido muy divertido tener un hermano y admiraba todo lo que hacían... ni hablar, de cuando se hablaba de destreza física... eso me dejaba con los ojos muy abiertos, alucinada con esta condición muscular que poseen los humanos masculinos, que si bien no todos la aprovechan, solo es necesario enfrentarse con una botella cerrada con extremo esmero por alguno de ellos... o cuando intentamos correr algún electrodoméstico "algo pesadito" (aunque no soy de las que se dan por vencidas con facilidad). Bueno, en definitiva... una crece y de a poco los comienza a mirar desde la vereda de enfrente... En la adolescencia y pre... el acercamiento ya no se me hizo tan fácil, si bien, en general siempre conseguía respeto, también hubo veces en que me pelee con alguno de ellos por algunos comentarios que a mi me ofendían, pero que no eran más que una forma algo torpe en la que algunos chicos suelen expresarse... esas cositas que van puliendo... o no , con los años y la experiencia de la vida. No me puedo quejar, sin siquiera insinuarlo, siempre hubo algún humano masculino que acudía en mi ayuda y me defendía... en cambio yo, ya acostumbrada a esta acción recurrente, nunca lo valoré como hubiera debido hacerlo. Y eran tan lejanos... muy inalcanzables. Rechazaba cualquier sugerencia de cambio, porque creía que no me aceptaban como era, pero nunca vi en realidad que si ellos se acercaban a mí, o incluso... se enamoraban, no era justamente por ese motivo, solo intentaban acercarme al mundo para que no sufriera tanto en mi soledad innecesaria.
En fin, como verán... cometí muchos errores y desperdicié miles de ocasiones... pero todo sirve, aunque la verdad es que me encantaría tener la ocasión de disculparme y de decirles que realmente no quise causarles ningún dolor... por el contrario, siempre prefería alejarlos, pensando que estarían mejor así.
Después, al crecer, hice de mi familia "el mundo" y en extremo me dediqué a darles todo... lo necesario... y lo que esta de más. Puse al hombre elegido como mi escudo, era una condición... él al frente y yo sosteniendo por detrás... otro error... los escudos son de metal y difícilmente uno pueda conectarse con algo tan frío.
Y siguen ahí... pero no los veo, yo nunca los busco, no sé a que vinieron... se acercan, se alejan, se quedan... se pierden... y yo tan metida en lo que no se entiende...
Realmente sí los admiro... y sé lo necesarios que son para nuestras vidas y no me refiero a que es necesario que hagan cosas para nosotras... sino porque son lo que necesitamos para comprender que si Dios nos hizo hombre y mujer... y si "no es bueno que el hombre este solo"... y porque no hay nada más lindo que saber que se tiene un compañero de ruta y que si la luz se apaga solo hay que estirar las manos y estará ahí... y porque cuando la gente dice... "amo mi libertad", también llora su soledad... ni machismo, ni feminismo... ni solucioname... ni no te necesito. En definitiva... son tan indispensables como nosotras... que no queden dudas!!!!.

28/2/11

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