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viernes, 5 de diciembre de 2025

Ser como niños


 Y no, no se trata de andar por el mundo con la inocencia a flor de piel, no se trata de creernos todo, no tiene que ver con aceptar todo lo que proviene de nuestros padres o de obedecer a ciegas, porque no queda otra. Con frecuencia, la gente confunde conceptos y mezclamos pureza con vulnerabilidad.

 Ser como niños, no es ser inmaduro, volver a cometer las equivocaciones que cometíamos cuando la vida no nos había dado las herramientas necesarias, cuando, papá y mamá, o la figura que cumpliera ese rol, era la dueña de la verdad absoluta e indiscutida, cuando todo era nuevo, al punto de asustar o fascinar. Hay algo bonito en esa idea y no nos hace retroceder o permanecer en un estado de fragilidad. 

 Ser como un niño, siendo ya adulto con experiencia, no tiene que ver con la forma que vestimos, que hablamos, con la irresponsabilidad o la falta de claridad. Por el contrario, no es negar o correr lo aprendido, es mirar sin prejuicio, es creer en lo que la sociedad censura por protocolo. Es comerse una galletita rellena separando las partes, porque eso no daña a nadie y da un poco de gracia también, es no abrir juicios, o apresurados, con posterior condena, porque los niños, no cargan con mochilas pesadas de estadísticas veredictos desfavorables. Es despertar por las mañanas, imaginando algo sorprendente, o dormirse con un cuento que te haga volar de ilusión. Eso es gratis, eso sigue vivo en algún rincón de nuestro interior, pero... aprendimos a censurar toda esa magia, por carecer de bases sólidas y estudios científicos, basados en algún porcentaje, que se les ocurre suficiente, prefieren afirmar, que la realidad es siempre dura y cruel y que quien no sufre, o se desangra para obtener algo, no merece nada. Bueno, esa es la razón de la infelicidad generalizada, de los huecos profundos, imposibles de llenar y del menosprecio sobre las capacidades innatas.

 Una vez leí, que las personas complicadas de domesticar, no son las que gritan o rompen todo, porque la sociedad las reprime e incluso se aplaude un aplastamiento por la fuerza, nadie quiere a un desquiciado suelto. Pero, aquel que aprende a dominar los impulsos, el que se hace respetar con una mirada, el que no tiene nada que explicar, porque sus actos son coherente y son verdad, pueden ser ejemplo y el ejemplo, suele ser la más sabias de las lecciones. 

 ¿Qué relación tiene todo esto con los niños? Un niño, aprende a mentir, porque ve que en otros funciona para evadir algún tipo de impacto que asusta, pero, cuando puede expresarse sin el temor de ser reprimido, es real, es transparente y sabio también, no usan filtros, solo hablan con honestidad, aunque sin experiencia, sin saber que lastima y qué no es tan necesario mencionar, por eso, el adulto puede ser un niño con ventajas. Se puede ser real, transparente y honesto, pero ya aprendimos con quien hablar... y con quién no.

 En cuanto a la magia, la imaginación, la interpretación de la belleza y de lo que está bien, el adulto comprende que no todos los caminos son fáciles de transitar, no todas las personas son dignas de confianza, no todo lo que se etiqueta como arte, realmente lo es, la belleza y la perfección, no obedecen a un mismo concepto. Así nos sucede cuando calificamos algo de ideal a la distancia, pero al estar cerca, el sacudón viene solo por lo que nos hace sentir.

 El verdadero talento, pasa más por como podemos adaptarnos a nuevas situaciones, más positivas, por como entendemos las emociones, sin reprimirlas, haciendo mapas de entornos para caminar sin romper nada, pero sin detenernos, esperando guía de gente, que quizás, tenga menos visión real que nosotros. Los niños, no juzgan por apariencias o conveniencia, al menos que, alguien se los haya inculcado con desaprobación, incluso con insultos disfrazados de enseñanza. Ellos juegan, imaginan, sueñan... saben ser felices, con todos los matices que la vida ofrece. Creen que pueden, que la vida se abre en abanico para que elijan, se ven en futuros dignos y eso alimenta el impulso, que la sociedad se encarga de destruir con noticias nefastas, trampas, ambición desmedida o deterioro de la autoestima, a niveles impensados.

 Somos consientes, que los niños, no sobreviven solos, porque están aprendiendo a ver que hay sistemas y personas en ellos, que están aferrados con tanta fuerza a ser dueños de la verdad, de posesiones, de imágenes atractivas, de poses de victimismo que alimentan la culpa de otros, para no hacer nunca nada, más que destruir la vida de quienes los rodean. De los que ostentan poder y se creen dioses inmortales, hasta que el final les toca el hombro, de los que necesitan someter personas, porque es lo único que les permite sentir, que sirven para algo, aunque todo sea una gran farsa. Y así se puede seguir un rato más, pero, lo importante es entender, que un niño, no sobrevive sano, si no tiene quien lo proteja.

 El as en la manga, es no destruir al niño interior, porque ahí está la clave que cambia la percepción del mundo. Cuando un niño piensa, que lo que parece una verdad, es como la espada en la piedra del rey Arturo, es algo, que a simple vista y con las restricciones de la física, es una causa perdida, pero, el niño ignora patrones y paradigmas, entonces, solo se acerca y la saca. Nadie vuelve a recobrar la gracia de reírse sin hacer daño, de disfrutar de la libertad, de dormir con una sonrisa, cansado por haber jugado mucho. Si dejamos de escuchar esa parte bonita que aún vive escondida en nuestro interior, esa, que nos hace sonreír sin maldad y hacer cosas ridículas cuando nadie nos ve, porque son divertidas, crece la insatisfacción del hastío por llevar una careta social agobiante y pesada, que bloquea todo lo que todavía es posible, pero una parte ciega de la sociedad, se empeña en destruir.

 La elección es personal.En lo que a mí respecta, elijo ser esa niña con la responsabilidad y la conciencia de un adulto que no obedece a los patrones exigidos para una edad determinada... ¡Y, funciona!