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domingo, 12 de abril de 2026

Sin cadenas


 Sin venganzas, sin suspiros, o egoísmo eclipsando,

sin temor y sin las culpas del dolor manipulado.

Caminando a paso firme, asumiendo lo que es cierto,

sin desear la pesadilla que asignaron a mis sueños.


Con las voces de la duda, diluídas en paciencia,

con los ecos de esas llanto, como el agua sobre piedra.

Porque era innecesario tanto alcohol sobre la herida,

cuando el ego es un demonio, que no encuentra la salida.


En las sombras de ese cuarto, que me retuvo encogida,

por no soltar esa magia, que imagino que servía.

Porque el amor no es perfume, que se ostenta por el precio,

porque el amor es sagrado, y no se juega con eso.


Porque no importa si vive, a kilómetros... o cerca,

ya no espero, yo soy libre, de compromiso y promesa.

Yo no rompí esos votos, solo rompí el documento,

ese, con los datos falsos, que no pudo ser acuerdo.


Y no importa, no lo vi... te concedo que era miedo,

y no, yo no puedo odiarte, solo me cuido y respeto.

Tampoco es indiferencia, por ahora no es posible,

después... que decida el cielo lo que sí será visible.


No busco la perfección, no me parece de humanos,

solo quiero la verdad, y la lealtad en los pasos.

Y si me llega el amor... que sea correspondido,

y sino, buscaré formas de que no forme vacíos.


Y apreciar esos momentos, que se etiquetan de diarios,

los colores de una flor amaneciendo en el campo.

Fragancias de prinavera, luna que duerme al río,

la colosal imponencia de las estrellas... y su brillo.


Después de todo, es la paz, esa indulgencia del cosmos,

esa alfombra de ternura, para que sientas su apoyo.

Y qué interprete las voces, por su valor e intenciones,

qué mi mente no divague en fantasía o reproches.


Que la claridad me alcance y decida con coherencia,

y que ya nunca me frene donde hay inconsistencia.

Que pueda abrazar sin miedo, cuando llegue ese momento,

que la vida no se rinde... porque la sangre es de fuego.


Y aquí estoy sin las cadenas, sin ninguna expectativa,

sin esperar madrugadas, que apasiguen la intriga,

sin maquillar los recuerdos, para anclarlos a mi vida,

sin reclamar ese cuento que enamoraba mis días.


Norma.