traductor

martes, 30 de diciembre de 2025

Y yo no sé



Y yo no sé, es tan extraño, que no entiendo,

es una historia alimentada de recuerdos,

de esa infancia, de inocencia y timidez,

esas simientes, por la magia de un después.


Y yo no sé, porque busqué con tanto empeño,

a un testigo de ese tramo, de esos miedos,

de esas sonrisas desbordadas... contenidas,

de esa ilusión, de observarlo a escondidas.


Y se repiten las historias menos gratas,

cuando los celos que compiten, se desatan,

y solo queda esperar que ya no falle,

que la alegría guíe al fin al caminante.


Y yo no sé, por qué se abrió, si no quería,

colgó ésa foto, junto al muro que escribía.

y yo que vi esa expresión... no era de agrado,

pero si es cruda la verdad, cuando es amado.


Y deambulé por laberintos... fuí foránea,

y la indulgente sociedad, me dió la espalda.

Rocé los sesgos que dejaron cicatrices,

caí al abismo, añorando los matices.


Y yo no sé, cómo crucé tantos desiertos,

pasé las noches del dolor, que no deseo.

Y fue mi mundo, ese nudo en el pañuelo,

y fue la bronca, por lo injusto del destierro.


Y yo no sé, cómo contar lo sucedido,

y ni pretendo que lo entiendan... solo es mío.

Y ahora la calma me llegó sin morir nada,

y yo no sé qué va a pasar... muestro mi alma..


Norma.

                 


  


jueves, 25 de diciembre de 2025

Que...

 

                                                 https://www.youtube.com/watch?v=zseC_bG1seM

Que la triste tierra no habite mis ojos,

que el dolor sin nombre, no pese en mis hombros,

Que esfume la noche, el susurro hueco,

que no hablen mis letras de largos desiertos.


Que no encuentre lodo cubriendo caminos,

que las nubes grises no cierren destinos,

Que no hable la sombra, ni me murmure nada,

que cese la intriga... justicia sagrada.


Que no se escuche al tiempo rompiéndolo todo,

que no ponga excusas, ni recuerde enojos.

Que conceda el cielo, mirar los paisajes,

que abra caminos de fuerza y de coraje.


Que no mire atrás, si no va a alcanzarme,

que hablen estrellas, que cuenten detalles.

Que ilumine el día, el rumbo correcto,

que cierre mi boca, si no hay acierto.


Que me den lo mío, que sea lo que sienta,

que todo se asuma y paguen sus cuentas.

Que balanzas sabias, sopesen los hechos,

que cuando este firme, no renuncie a eso.


Que cubran mis brazos lo que es verdadero,

que se lleve el río lo que rompió adentro.

Qué crezcan mis ganas de seguir creando,

que mis alas nuevas me eleven más alto.


Que encuentre la magia que fue relegada,

que la paz despliegue, límites y pausas.

Que siempre priorice lo que me hace digna,

solo si es real... vital en mi vida.


Norma.



martes, 23 de diciembre de 2025

Don Julio


Muchos entendemos que el amor y el respeto no deberían separarse, incluso, si se trata de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

 Mi padre siempre nos repetía, que uno debe cuidar sus cosas, y aún, se debía tener más cuidado cuando se trataba de algo ajeno. También, repetía frases como: "Ama a tu prójimo como a tí mismo" o "Siempre trata a los demás, como te gustaría que te traten ".Sé que todo es discutible, pero, con esas bases me crié, mi padre fue la persona más generosa que conocí, se desprendía fácil de lo material, cuando reconocía una causa justa. Lo he visto, justificar lo injustificable, poner excusas, o escuchar algún sermón de mi madre, por haber auxiliado en silencio, a una familia, o a alguna persona que casi no conocía. Él, tenía su carnet de donante universal, y en absoluta discreción, iba cada tres meses a donar sangre, sin recompensas y sin quejas.

 Cuando falleció mi abuela (su madre), los compañeros de trabajo, le juntaron un dinero, para ayudarlo a sobrellevar la situación, y él, sin dudarlo, fue a un supermercado y me trajo muchas cajas llenas de mercadería con ese dinero, porque yo estaba pasando por una situación económica bastante complicada, y tenía tres hijos.

Él, siempre fue mi apoyo y mi ayuda incondicional. Muchas veces, me repetía, que yo era la única que lo entendía. Me callé muchas tristezas, porque no quería verlo mal, pero, él siempre lo sabía.

Sé que no tomé las mejores decisiones en mi vida y me consta que eso le producía mucho dolor, pero jamás me lo reprochó, solo escuché de su parte palabras de aliento. Entendía sin palabras lo que no decía, e intentaba rescatarme. Él sabía, que mis hijos y yo, estaba viviendo una vida que no merecíamos, y me decía, que quería alquilar una casa con alguna casita la fondo, para que pudiera vivir con ellos.

 Con el tiempo, compró un hermoso terreno en La Falda, Córdoba y su sueño era construir dos casas, para podernos mudar allí, pero... no pasó, a los setenta años y tres meses, Dios lo reclamó, supongo que porque los ángeles deben vivir en el cielo. Fuí a su velatorio con un pantalón clarito y una remera blanca con florcitas, porque él detestaba que la gente fuera de negro o con colores tristes a los velatorios, siempre insistía en que los los que se iban estaban bien y supongo que no quería despedirlos con tristeza. Creo que mis tías me miraron mal, pero a mí no me importó, yo solo trataba de cumplir su voluntad.

 Era una noche de verano, pero, un relámpago dejó toda la vereda iluminada, cuando a mi hija se puso a llorar sentada en la escalera y la dos vimos, como, de la nada, se largó a llover con una fuerza insospechada. Y pasaron muchas cosas inexplicables, pero, lo más reconfortante, fue escuchar, como cada pariente que entraba, decía una frase o un chiste de los que repetía él. Era de esas personas que hacía chistes por lo bajo, hasta en los velatorios... y así se fue.

 Con su partida, nada volvió a ser igual, la familia se fue separando, mi madre ya no era la matriarca y mi hermana puso en evidencia muchas actitudes, que antes preferí no ver. Y sí, era muy obvio que él siempre fue el fuerte, el optimista, el que generosamente repartía méritos que eran suyos. Tanto es así, que yo no puedo evitar emocionarme hasta las lágrimas con solo recordarlo, porque no hacía falta explicarle nada... porque él no pedía explicaciones, solo se emocionaba, o se reía con nosotros.

 No sé si es más común de lo que creo, pero, en mi casa, cuando hay problemas, se le pide ayuda al abuelo, porque sabemos que nos cuida. Yo repito constantemente sus frases, sus dichos, sus consejos y actitudes. En mis momentos más complicados, aparece en sueños y me calma. Él, siempre decía que no había que llorar por los muertos, porque ellos estaban muy bien.

 Hoy, yo lo veo en mis hijos, y sí, también se parecen a su padre, pero, tienen esa nobleza, destreza y fina creatividad de su abuelo. Y, cuando los veo preocupados, o que la vida los acorrala, siento esa impotencia de quien quisiera poder evitarles todos los sufrimientos, pero, la vida lleva una justicia lenta y bastante amarga.

 Mi padre me enseñó a amar de forma incondicional, sin segundas intenciones. Me enseñó, que solo hay que ayudar por el placer de poder ver a alguien mejor, pero jamás, por crearle una deuda o esperar recompensas.

 Me enseñó, que nunca hay que matar al niño interior, que no hay vergüenza en reírse de tonterías en cualquier lugar. Aprendí, que los títulos, los galardones, o la clase social, no te hace mejor o peor persona, que eso se define por la nobleza, los valores y la humildad. Él le hablaba a todo el mundo con el mismo respeto y simpatía y no le daba miedo decir la verdad, incluso, si era incómoda.

 Recuerdo, que se enojaba ante la falsedad, la traición y la injusticia. Que incluso,ofendido, perdonaba y daba segundas oportunidades. 

 Los pocos años que pudo ir al colegio y su facilidad innata para absorber conocimientos, le permitieron competir con personas que podían certificar los suyos con diplomas. Él, solo se compraba libros o miraba con atención, y sin que nadie entendiera cómo, incorporaba una nueva habilidad, con mucha idoneidad. 

Sus libros de Cabecera, eran: un viejo libro de catequesis, porque creía fervientemente en Jesús, el Martín Fierro, donde José Hernández, despliega, en su poema gauchesco, crudos consejos y enseñanzas de la dura vida del campo y su época.

 Le gustaba mirar las estrellas, y supongo que les inventaba los nombres, pero todo lo hacía con mucha pasión y entusiasmo. Un día, mirando las estrellas, me contó, que cuando mi hermanita mayor murió, miraban, con madre por las noches el cielo, y decían que ella estaba en una estrella rosa, que señalaba con su dedo índice. Realmente, nunca me interesó saber si era Marte, solo me quedé con su dulce y triste historia.

 Conocía mucho de pájaros y le encantaba escucharlos cantar, por lo que en casa, siempre había una jaulita con un jilguero o un cardenal, como se usaba en esos tiempos, hasta que un día los soltó, diciendo que tenían que estar libres. Recuerdo, en una ocasión, en el campo de mi tío, me mostró un hermoso pájaro con plumas rojas y alas negras, me dijo que se llamaban bracitas, y no sé es el nombre oficial, pero era el que él había aprendido, y me quedé un rato observándolo, porque parecía una obra de arte.

 De chica, pasaba muchas horas de mi vida conversando con él, en el taller que se había hecho en casa. Mientras escuchábamos la radio, me enseñaba el nombre de las herramientas, para qué se usaban, me contaba anécdotas, hacía chistes y cantaba. Desde los dos años, yo quería que mi mamá me hiciera un overol como el que usaba mi papá en la fábrica, porque él me había dicho que me iba a llevar para juntar tornillitos y yo le tomé la palabra.

 Don Julio, fue un hombre anónimo para el resto del mundo, pero, en realidad, era inventor, poeta, artista plástico, cantor, fotógrafo, artesano, carpintero, electricista, constructor, optimista, luchador, alegre, bondadoso y un padre inolvidable. 


Norma.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Quien ría conmigo

 

                    https://www.youtube.com/watch?v=2KjjrL-zv8c&list=RD2KjjrL-zv8c&start_radio=1

Y otra vez, a solas, observo el camino,

ese transitado, como un solo ciclo,

ese, que recuerda que el año termina,

ese, que su sombra, junto a mí camina.


¡Fueron tantas cosas sacudiendo el ego!

fueron esas chances que borro el silencio,

¡Tanta expectativa pegada a la espalda!

¡Tanto desencanto y noches gastadas!


Y miro hacia atrás, y digo... tranquila,

si el cielo lo quiere, no habrá despedidas.

Y si no es tu abrazo... será de quien sea,

tranquilizo el alma, para lo venga.


Y después, la noche me cuenta mentiras,

o, tal vez, no todo sea una fantasía.

Si, algo me dice que estaba en lo cierto,

pero, hago memoria y no encuentro hechos.


¿Y si esas voces, trajeran las pistas?

O quizás canciones, plegando poesías.

¿Y si nada es cierto, y no quise verlo?

¿Y si sigo sola por algo que invento?


Es así de loco este vuelo errante,

mensajes sin nombre, crudos... desafiantes.

Una voz en off, que cruza distancias...

y así, sin certezas, se intuye y rechaza.


Luego lo razono, o enumero excusas,

y nada prospera, parece renuncia.

Un gran escenario, monólogo abierto,

máscaras distintas... mi historia en los versos.


¿Y qué puedo hacer? No quiero el silencio,

y no puedo hablar, porque no es mi tiempo.

Si  no va menguando la brecha de piedras,

entiendo y acepto, la derrota nueva.


No busco ganar, ni es competencia,

nunca quise el juego, aunque no se entienda.

No importa que digan, que piensen, o hagan,

yo, soy siempre yo, aunque no les plasca.


Si es por mi edad, mi cuerpo, o mi ropa,

¡Qué pena por ellos!.. A mí no me importa.

Si es por mi intelecto, nivel o fortuna...

sí, tienen razón, no seré una ayuda.


Quien sienta mi paz, en mi cielo claro,

quien vea cumplo lo que he jurado,

quien ría conmigo sin pensar siquiera,

será quien me ha visto, aunque nadie vea.


No amo lo justo... lo que es conveniente,

no le pongo un precio... no busco obedientes.

Aprecio intenciones, limpias de soberbia,

me abro a lo justo... la lealtad es regla.


Norma.





jueves, 18 de diciembre de 2025

Traté...

                                           https://www.youtube.com/watch?v=Z0IUX1TXURw&t=2s

 Traté de ser noble, ser fuerte, ser neutra,

traté de ser cauta, sensible o serena,

traté de ser puente, ser luz, ser paciencia,

traté, y fue en vano, me dañé sin tregua.


Traté de decirme, que tal vez sirviera,

traté de entender de todas maneras.

Traté, y el esfuerzo, me cansó las ganas,

traté, y ya no quiero intentar más nada.


Traté de seguir, aún sin sustento,

traté en el silencio, superar  mis miedos.

Traté de alentarme cuando estaba oscuro,

traté de ver algo que me diera un rumbo.


Traté, y la fatiga se hizo infranqueable,

traté, de estar sola en un tono amable.

Traté de aferrarme a un... falta poco,

traté, y ya dudo, de mí fe... de todo.


Traté de aferrarme, y observé de lejos,

traté, y fue tonto retener el tiempo.

Traté, lo di todo, por otro momento,

traté, sin un piso... ciénega de un cuento.


Muchas decepciones de aire viciado,

muchos desencuentros, por ego arraigado.

Muchos los intentos, sin un resultado,

mucho, sin decir, expuesto... dañado.


Muchas noches largas de plegaria y llanto,

mucho se rompió en el duelo largo.

Mucho, aún respira, en este desierto,

mucho que cerrar o inventar de nuevo.


No sé, si es broma, o solo es cinismo,

un destino cruento, me lanzó al abismo,

y ahora me dice, pero... ¡Lo lograste!

y yo solo entiendo, que es interminable.


Ahora, me encuentro ordenando todo,

y. sigue esa angustia mojando mi rostro.

Y  ya me da miedo pedir otra chance,

no sé quién es quién... no sé si confiarme. 


Norma 

jueves, 11 de diciembre de 2025

La lluvia


 ... Y afuera nuevamente ruge el cielo y ese aliento embravecido, reduce las suaves nubes, a simples gotas. Caen las pequeñas percusionistas, y un sonido acompasado se escucha en el silencio de la noche.

 La lluvia me da escalofríos, al menos, cuando escucho los primeros truenos, y no es que me de miedo, o tenga recuerdos de haberlo tenido en la infancia, pero, si le temía al viento, y no me refiero a esas ráfagas de aire normales, o algo molestas, no... le temía a esas tormentas que embravecía al mar y sacudía los árboles que rodeaban mi casa, con la furia de coloso y la impiedad de un cazador.

  Afuera, las hojas se agitan y mis ojos se hipnotizan con las grandes luces que como destellos imposibles, rompen la oscuridad del cielo. 

 Otro estruendo, me recuerda, que aún no se ha ido, que el melancólico murmullo del agua aún insiste en recordarme momentos de mi vida en que la naturaleza nos hace sentir lo infinito de su poderío y de lo pequeños que somos. Nos hace entender, que el más poderoso de los hombres, es nada en medio del mar, o ante la explosiva ira de un volcán. Y es ahí, en el pequeño rincón en que nos posiciona la Tierra, que aprendemos de humildad y de la gracia que nos concede, al mantenerse quieta, mientras acuna nuestros sueños, nos deja jugar en su piel y respeta su pacto con el cosmos, desde nuestro primer hálito de vida. 

 Me gusta acurrucarme y sentir que estoy a salvo, mientras espero que nadie padezca las consecuencias.

Cuando era chica, mi padre decía, que si llovía, era porque San Pedro estaba baldeando el cielo, y mi razonamiento, me decía que sonaba lógico. Mi madre, nos contaba anécdotas algo más dramáticas o cinematográficas, pero ya entendíamos que era su forma de ver la vida.

 Y sí, también recuerdo vueltas del colegio, corridas hasta el colegio de mis hijos cargando paraguas y camperas... vueltas del trabajo, cuando me volvía caminando y llegaba empapada de pies a cabeza. 

 La lluvia me trae melancolía, y, a su vez, ese agradecimiento, por tener como resguardarme. Y con los años, también recuerdo haber visto hermosos arco iris y días en los que llovía con sol. Supongo, que existen miles de experiencias y alternativas diferentes, porque el planeta, es como el atelier de un artista, donde el límite existe, solo si el creativo baja los brazos y se rinde.

 La lluvia, es una música relajante, que se escucha suave por momentos, y te invita a pensar, a mirar hacia adentro. A observar lo que falta, lo que sobra y lo que se queda, aún sin hacer esfuerzos.

 Y finalmente... ¿Qué somos? y... ¿Para qué?, ¿Cuánta belleza o destrucción podemos generar?, ¿Qué pesa más en nuestra vida?,  ¿A dónde queremos llegar?

 La verdad, solo quería escribir y no pensé, solo salió.

 De fondo, tenía otra pestaña abierta con música que se reproducía libremente, como sugiriendo algo, pero... ya estoy acostumbrada, imagino que el cielo me esta queriendo decir algo. Tal vez, solo sea una gran coincidencia.

. Les comparto: "Honesty", "Never be the same", "Is This love", "Mandy", "The one" y "Making love out fo nothing at all"


Norma.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Mi Musa y yo


                                                            https://youtu.be/V0ROwAmRD88

Y volvió la musa*, despertó mí sueño,

dictó con urgencia... y ya no recuerdo.

Transcribo los versos como fueron dichos,

Debo releerlos... yo tan solo escribo.


*A menos que caigas y no desesperes,

a menos que veas la dicha que viene,

a menos que digas lo que nadie espera,

no importa, no hay miedo que aún te detenga.

No hay llanto ni duda que impida otra entrega,

los ojos sin duda, destilan misterios,

las ganas que vencen los tramos de riesgos.

No esperes, ya es tiempo, tu piel ha sanado,

los cayos, son luchas que tienen tus manos,

no esquives, no intentes poner más barreras,

tu anhelo en silencio... yo dictó las letras.

No llores, no hay forma de borrar lo escrito,

las huellas del cielo, saben lo que he dicho,

no caigas, se fuerte, ya casi revela,

abraza con ganas lo que pronto llega.

Desnuda verdades, grises... escondidas,

ya no habrá más sombras, ni habrá partidas.

Elige tu paz, no negocies eso,

ama sin piedad, porque es justo hacerlo.


Mí musa y yo.


viernes, 5 de diciembre de 2025

Ser como niños


 Y no, no se trata de andar por el mundo con la inocencia a flor de piel, no se trata de creernos todo, no tiene que ver con aceptar todo lo que proviene de nuestros padres o de obedecer a ciegas, porque no queda otra. Con frecuencia, la gente confunde conceptos y mezclamos pureza con vulnerabilidad.

 Ser como niños, no es ser inmaduro, volver a cometer las equivocaciones que cometíamos cuando la vida no nos había dado las herramientas necesarias, cuando, papá y mamá, o la figura que cumpliera ese rol, era la dueña de la verdad absoluta e indiscutida, cuando todo era nuevo, al punto de asustar o fascinar. Hay algo bonito en esa idea y no nos hace retroceder o permanecer en un estado de fragilidad. 

 Ser como un niño, siendo ya adulto con experiencia, no tiene que ver con la forma que vestimos, que hablamos, con la irresponsabilidad o la falta de claridad. Por el contrario, no es negar o correr lo aprendido, es mirar sin prejuicio, es creer en lo que la sociedad censura por protocolo. Es comerse una galletita rellena separando las partes, porque eso no daña a nadie y da un poco de gracia también, es no abrir juicios, o apresurados, con posterior condena, porque los niños, no cargan con mochilas pesadas de estadísticas veredictos desfavorables. Es despertar por las mañanas, imaginando algo sorprendente, o dormirse con un cuento que te haga volar de ilusión. Eso es gratis, eso sigue vivo en algún rincón de nuestro interior, pero... aprendimos a censurar toda esa magia, por carecer de bases sólidas y estudios científicos, basados en algún porcentaje, que se les ocurre suficiente, prefieren afirmar, que la realidad es siempre dura y cruel y que quien no sufre, o se desangra para obtener algo, no merece nada. Bueno, esa es la razón de la infelicidad generalizada, de los huecos profundos, imposibles de llenar y del menosprecio sobre las capacidades innatas.

 Una vez leí, que las personas complicadas de domesticar, no son las que gritan o rompen todo, porque la sociedad las reprime e incluso se aplaude un aplastamiento por la fuerza, nadie quiere a un desquiciado suelto. Pero, aquel que aprende a dominar los impulsos, el que se hace respetar con una mirada, el que no tiene nada que explicar, porque sus actos son coherente y son verdad, pueden ser ejemplo y el ejemplo, suele ser la más sabias de las lecciones. 

 ¿Qué relación tiene todo esto con los niños? Un niño, aprende a mentir, porque ve que en otros funciona para evadir algún tipo de impacto que asusta, pero, cuando puede expresarse sin el temor de ser reprimido, es real, es transparente y sabio también, no usan filtros, solo hablan con honestidad, aunque sin experiencia, sin saber que lastima y qué no es tan necesario mencionar, por eso, el adulto puede ser un niño con ventajas. Se puede ser real, transparente y honesto, pero ya aprendimos con quien hablar... y con quién no.

 En cuanto a la magia, la imaginación, la interpretación de la belleza y de lo que está bien, el adulto comprende que no todos los caminos son fáciles de transitar, no todas las personas son dignas de confianza, no todo lo que se etiqueta como arte, realmente lo es, la belleza y la perfección, no obedecen a un mismo concepto. Así nos sucede cuando calificamos algo de ideal a la distancia, pero al estar cerca, el sacudón viene solo por lo que nos hace sentir.

 El verdadero talento, pasa más por como podemos adaptarnos a nuevas situaciones, más positivas, por como entendemos las emociones, sin reprimirlas, haciendo mapas de entornos para caminar sin romper nada, pero sin detenernos, esperando guía de gente, que quizás, tenga menos visión real que nosotros. Los niños, no juzgan por apariencias o conveniencia, al menos que, alguien se los haya inculcado con desaprobación, incluso con insultos disfrazados de enseñanza. Ellos juegan, imaginan, sueñan... saben ser felices, con todos los matices que la vida ofrece. Creen que pueden, que la vida se abre en abanico para que elijan, se ven en futuros dignos y eso alimenta el impulso, que la sociedad se encarga de destruir con noticias nefastas, trampas, ambición desmedida o deterioro de la autoestima, a niveles impensados.

 Somos consientes, que los niños, no sobreviven solos, porque están aprendiendo a ver que hay sistemas y personas en ellos, que están aferrados con tanta fuerza a ser dueños de la verdad, de posesiones, de imágenes atractivas, de poses de victimismo que alimentan la culpa de otros, para no hacer nunca nada, más que destruir la vida de quienes los rodean. De los que ostentan poder y se creen dioses inmortales, hasta que el final les toca el hombro, de los que necesitan someter personas, porque es lo único que les permite sentir, que sirven para algo, aunque todo sea una gran farsa. Y así se puede seguir un rato más, pero, lo importante es entender, que un niño, no sobrevive sano, si no tiene quien lo proteja.

 El as en la manga, es no destruir al niño interior, porque ahí está la clave que cambia la percepción del mundo. Cuando un niño piensa, que lo que parece una verdad, es como la espada en la piedra del rey Arturo, es algo, que a simple vista y con las restricciones de la física, es una causa perdida, pero, el niño ignora patrones y paradigmas, entonces, solo se acerca y la saca. Nadie vuelve a recobrar la gracia de reírse sin hacer daño, de disfrutar de la libertad, de dormir con una sonrisa, cansado por haber jugado mucho. Si dejamos de escuchar esa parte bonita que aún vive escondida en nuestro interior, esa, que nos hace sonreír sin maldad y hacer cosas ridículas cuando nadie nos ve, porque son divertidas, crece la insatisfacción del hastío por llevar una careta social agobiante y pesada, que bloquea todo lo que todavía es posible, pero una parte ciega de la sociedad, se empeña en destruir.

 La elección es personal.En lo que a mí respecta, elijo ser esa niña con la responsabilidad y la conciencia de un adulto que no obedece a los patrones exigidos para una edad determinada... ¡Y, funciona!


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Si soy cruel o justa, lo dirán los años



Y ya no me importa ser muy razonable,
ni cauta o ingenua... ni ser muy amable.
No me importa ser, ese hombro en sombras,
o paño que espera la acuosa derrota.

Se lo dejo al cielo, al cosmos... a Dios,
yo no anclo nada, no vengo ni voy.
No cargo en mí espalda errores ajenos,
no sello mis labios por guardar secretos.

Me sacudo todo lo que sea ingrato,
si soy cruel o justa, lo dirán los años.
Me tomo estos días de un año pesado,
me guardo las metas en bolsillos sanos.

Desayunos suaves de sol y silencio,
y solo las noches sin ningún recuerdo.
Le daré la espalda, a lo que hacía daño,
ya no habrá más sobras, ni muros, ni llanto.

Me espera lo nuevo , sin juegos extraños,
yo no aguardo a ciegas, en andén cerrado.
No extiendo mí mano, ni me sueño un cuento,
no quiero lugares de segundos puestos.

Norma.