Hace unos años, conocí a alguien y creí que al fin, encontraría la tranquilidad que trae la experiencia y el aprendizaje después de los continuos fracasos, pero...
Juro, que no podía creer, la irrealidad que viven algunas personas, sumidas en la superficialidad y las emociones fugaces, cargadas de adrenalina y esa distorsión de lo que es una persona, física y espiritualmente.
Yo había vivido, treinta y un años, en una relación que había comenzado a mis quince años, por lo que, tenía una visión muy acotada de lo que era estar soltera. ¿Si fuí fiel? absolutamente y a pesar de todo. Supongo que debí ponerle fin a esa relación muchos años antes, pero... es muy complejo desvincularse de la persona con quien creciste. Pero finalmente, mis ancestros, mis ángeles, o alguna fuerza superior, me envió la ayuda menos esperada, pero que tenía un poder especial en mi vida. Y hasta ahí, ya todo fue contado, el agradecimiento fue expresado, y lo que vino a continuación... fue muy complejo.
Algunas historias, quedan grabadas a fuego en el corazón, y otras... son expulsadas sin retorno, por un mecanismo de defensa, desarrollado de forma inconsciente, no sé bien en qué momento.
En algún momento, después de mucho tiempo a solas, mi familia, me alentó a salir y conocer personas, para apartarme de tanto sufrimiento, tristeza, rutina y obligaciones. Confieso que tenía mucho miedo, la primera vez que acepté una cita, porque ya era grande, no tenía idea de como se manejaba el mundo afuera y siempre creí, que iba a ser imposible otro intentode pareja, después de tanta desilución, pero... el día llegó.
Sin intenciones secundarias, había comentado algo sobre unas reflexiones publicadas, y la respuesta fue inmediata. La verdad, yo no tenía ningún interés en conocer a alguien, pero sucedió, animándome a imaginar algo diferente, pero... intuyendo que algo oculto había. Y a partir de ese momento, descubrí lo burdo, lo inmaduro y lo bajo que estaba cayendo el mundo, no el turbio o peligroso, sino, el más común e inofensivo que se desplegaba antes mis ojos.
No puedo decir que enfrenté momentos complicados, pero... debo destacar, que filtré intensamente cualquier propuesta.
Y, después de tanta voluntad para no prejuzgar, terminé asqueada, de la mirada con que el mundo adulto decide mirarse y tratarse, sin considerar nada, con un egoísmo extremo.
Pasada esa etapa, intensifiqué los métodos de evasión, con horarios y disciplina que me ayudaran a no pensar y a seguir adelante, pero... mi vida no era fácil, un paso en falso, y... el caos económico y emocional estaba garantizado.
Y cuando creí que lo peor había pasado... la vida me puso el desafío más intrincado, la pesadilla nunca soñada, esa persona que no quisieras cruzarte jamás. Y sí, es verdad, yo lo elegí, porque pensé, que su madurez y experiencia, ayudarían a construír algo tranquilo, donde el compañerismo acompañara los días de un futuro real. Pero... ¡No!, el destino tiene formas de entrenarte y de sacarte las dudas o los miedos.
En mi pasado, me habían hecho creer que no sabía defenderme, y creo que el cielo, me puso delante a una persona a la que se le podía ver como una bolsa de boxeo, y sin remordimientos, para poder experimentar la verdadera defensa, sin pensar en no querer herir a un inocente. ¿Cómo explicarlo?.. No fuí su primera víctima, hubo muchas mujeres en su haber y su técnica ya estaba muy pulida para ese entonces.
Fueron once años de una batalla feroz, atenuada intermitentemente, para confundir, como lo hace cualquier narcisista, pero, en su terreno, donde el escape, lastimaría a quien amaba.
Y así, la trampa se armó con estrategia, sin dejarme más alternativa, que esperar que el tiempo se acomode. Y sí... aprendí a defenderme con uñas y dientes, incluso en su idioma. Pero... a pesar de todo, no le dí la estocada final, no me interesaba destruírlo, pero tenía todo a mi alcance para hacerlo, incluso, infinidad de motivos.
Y sí, esta vez lo hice sola, y costó muchísimo. Este hombre era la representación de un demonio, con todas sus retorcidas trampas, bromas malintencionadas, despectivas y perversas. Dos años, me llevó ubicarlo dentro de mi, en el lugar que se merecía, no porque me haya enamorado, sino, porque yo no quería ser cruel, no quería aprovecharme de lo que sabía o intuía de él.
No ví las banderas rojas, porque no sabía lo que esos patrones de comportamiento, obedecían a un esquema de muy baja vibración, que ya no pueden revertir.
Yo siempre creí que con amor, paciencia y comprención, podía suceder un milagro, pero... ¡No!
En algún momento, ves algo, y ya nada vuelve a ser igual, aunque sabes que eso solo no va a salvarte, porque la araña, no deja ir a la mosca, solo porque la mosca decida que ya no quiere estar allí.
En la casa de su madre de, sobre una columna, colgaba un cuadrito que nunca observé directamente, solo de reojo... al pasar y dí por hecho, que se trataba de una imagen de la Virgen de Guadalupe. En una ocasión, hablando de un miembro de la familia, entonces, su madre se dirigió a la columna y tomó el cuadrito, comentando que ese era el recuerdo de este suceso que se había mencionado. Ella se acercaba con el cuadrito en la mano, y yo pude comprobar, como, lo que a lo lejos, y al descuido, era al cien por ciento la Virgen, a medida que se aproximaba a la mesa, y mis ojos ajustaban la la nitidez de los trazos, el corazón se me aceleraba con espanto y algo así como un pánico de segundos, me oprimió el corazón. Poco a poco, la imagen, que supuse de protección y santidad, se hizo pedazos ante mis ojos, porque jamás vi lo que realmente era. Al tener el cuadro en mis manos, observé con estupor, que era una persona, con un efecto de luz, que el sol dibujó en el fondo de una escena con árboles y un rostro casi fuera de foco, que se fundía con el resto del paisaje.
Nunca olvidé ese episodio, porque fue muy fuerte entender, que los sentidos engañan y distorsionan todo, cuando uno juraría, sin dudar, que era algo muy diferente, algo así como una pareidolia. Después que les comenté cual había sido mi percepsión por años, todos alejaban la imagen y veían lo mismo que yo, sorprendidos por esa distorsión extraña.
En definitiva, ese episodio doméstico y simple, me demostró que podemos vivir equivocados muchos años, sosteniendo una idea de realidad, totalmente errónea e inexistente, incluso, para la gente que nos rodea.
Norma.
