Caminando la vuelta
Este bendito sol que sostiene mi fatiga, acaricia mis pasos ágiles y firmes, pero esto no es fácil... nunca lo fue. Agradezco a Dios por estos días de primavera en este invierno que reseca hojas y desluce árboles inmensos y oscuros.
Mi cuerpo acompaña este camino sin quejarse, me banca aún cuando lo someto a estas pruebas extremas de inapetencia y poco sueño, aún cuando el frío lo acurruca y anhela acomodarse en la tibieza del sol.
Camino con la frente en alto y la espalda erguida, porque los dolores que pude haber causado, fueron solo porque creí que hacía lo correcto y tal vez por algo de cobardía que salía de mi mente adormilada en lo que suponía "una buena causa".
Hoy sé que la fortaleza que me oprimía nunca existió realmente, tal vez mi corazón no podía salir de su claustro por temor a abandonar algo que de verdad no existía... en definitiva... nada había, pero por alguna razón del destino, de esa nada rescaté a cuatro maravillosas personas... tal vez las más perfectas del universo... al menos ante mis ojos...
Ahora que el oasis desapareció... y no lo extraño, voy por este desierto en busca del sol, ese... que había perdido en la soledad de la noche... ese... que me da toda la energía que necesito para volver a la vida, ese... por el que voy a caminar hasta donde sea necesario para recuperar mis sueños, aunque quede mal parada sobre esta arena, aunque no me pueda acercar... por su altura. De todas maneras no importa, aunque cada día sea un desafío ante la fatiga y la tristeza... mi fuerza me avala, el corazón me impulsa... no me rindo en los finales... todos los nuevos intentos valen... aunque me lleve la vida... no pienso rendirme jamás... voy a estar ahí... cuando Dios acceda...
traductor
miércoles, 30 de junio de 2010
Caminando la vuelta
Este bendito sol que sostiene mi fatiga, acaricia mis pasos ágiles y firmes, pero esto no es fácil... nunca lo fue. Agradezco a Dios por estos días de primavera en este invierno que reseca hojas y desluce árboles inmensos y oscuros.
Mi cuerpo acompaña este camino sin quejarse, me banca aún cuando lo someto a estas pruebas extremas de inapetencia y poco sueño, aún cuando el frío lo acurruca y anhela acomodarse en la tibieza del sol.
Camino con la frente en alto y la espalda erguida, porque los dolores que pude haber causado, fueron solo porque creí que hacía lo correcto y tal vez por algo de cobardía que salía de mi mente adormilada en lo que suponía "una buena causa".
Hoy sé que la fortaleza que me oprimía nunca existió realmente, tal vez mi corazón no podía salir de su claustro por temor a abandonar algo que de verdad no existía... en definitiva... nada había, pero por alguna razón del destino, de esa nada rescaté a cuatro maravillosas personas... tal vez las más perfectas del universo... al menos ante mis ojos...
Ahora que el oasis desapareció... y no lo extraño, voy por este desierto en busca del sol, ese... que había perdido en la soledad de la noche... ese... que me da toda la energía que necesito para volver a la vida, ese... por el que voy a caminar hasta donde sea necesario para recuperar mis sueños, aunque quede mal parada sobre esta arena, aunque no me pueda acercar... por su altura. De todas maneras no importa, aunque cada día sea un desafío ante la fatiga y la tristeza... mi fuerza me avala, el corazón me impulsa... no me rindo en los finales... todos los nuevos intentos valen... aunque me lleve la vida... no pienso rendirme jamás... voy a estar ahí... cuando Dios acceda...
jueves, 27 de mayo de 2010
Juego de una carta

Amigo del aire… montaña de fuego,
tornado del Norte sobre el río lento.
pesadas las noches… helado el silencio,
camino de piedras sobre los destierros.
Una luz que clama la senda esperada,
sobre los presagios que vertía el alba.
Ánimo de acero sobre los silencios…
manos que se lían sobre esos misterios.
Esa luna llena de noche estrellada,
recupera el sueño para su morada.
Suspiro en los valles de aguas serenas,
extiendo manos… aplacando penas.
Un perfil de rosa que apuesta a la vida,
una luz impropia donde no hay salida.
Halcón peregrino de destino errante,
lucero que clama sobre lo oscilante.
Juego de una carta sobre esta mesa,
cargada de intentos sobre la marea.
calmada la ola se frena en la afrenta,
sostengo en abrazos otra dura prueba.
Los pasos del día se vuelven pausados,
los ojos se fijan en el cielo manso.
El sol tras las nubes… cálido letargo,
se tercia en las huestes de los nuevos trazos.
Allá en los temores se apagan los cierzos…
pétalos de rosas caen sin desmedro.
Una letra esquiva se afirma en su sombra,
ajustada al talle que el tiempo acomoda.
Norma Marchetti
27/5/10
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