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domingo, 21 de junio de 2026

También existe mucha gente buena


 Sinceramente, creo que hay muchos desafíos que enfrentar todavía, aunque, prefiero no pensar en eso, el futuro es incierto, y lo verdaderamente importante, es que aún hay un presente, que las ideas no tienen por qué agotarse y los límites son herramientas de construcción para un mañana más libre y más digno.

 Yo no hablo de religión o de mandatos familiares, porque no creo en eso. En alguna etapa de mi vida, viví una fe angustiada, temerosa, del castigo divino y tratando de no desviarme del camino trasado por mis padres, pero... después de tantos años, llegué a la conclusión, que los hombres interpretamos los legados, o los preceptos, como cárceles, como la zanahoria delante del burro.

 Siempre tuve la sensación, que algo no estaba bien en poner la otra mejilla o en el setenta veces siete, pero... todos sabemos que cuestionar, era herejía. Y está bien, cada uno es libre de creer en lo que quiera, siempre y cuando, no interfiera en las elecciones ajenas. Considero, que si las creecias limitantes ayudan a vivir seguras a ciertas personas, deberíamos no invalidar en sus decisiones.

 Me cuesta comprender el fanatismo, la fe ciega y los legados estructurados, cuyo objetivo, se limita a el valor de un apellido o de una tradición, pero... insisto, cada uno es libre y responsable por cada pieza que mueve en el tablero de su vida.

 Me resisto a creer, que Dios, actúa como un humano enojado, rencoroso y con un ego tan exagerado, que despierta desconfianza. Porque la energía que, con insuperable belleza y dedicación, dió origen a el misterio del cosmos y su evolución, a la majestuosa expresión de arte en nuestro planeta y la exquisita conjunción de mecanismos complejos y autónomos que componen un cuerpo humano, no puede ser parte de los caprichos, muerte y sometimiento que muchos traducen de lo que fue escrito.

 Muchas situaciones han cambiado desde que tengo uso de razón, como: el hecho, de entender, que no todos podíamos tener teléfono de línea, que la puerta del zaguán de mi abuela Ninfa, solo se cerraba por las noches, que la gente salía en verano a sentarse en la vereda después de la cena, mientras los niños, jugábamos en la calle. Hoy, me cuesta convencer a mis hijos, que todos usábamos accesorios de oro, sin miedo, porque era bastante accesible, y que los de plata, se usaban como algo más económico. Recuerdo también, que mi madre nos contaba sobre las monedas que tenían una fragata, y que nosotros no volvimos a ver, hasta que le sacaron cuatro ceros a la moneda en curso.

 Las contradicciones de los adultos, serían algo muy reprobable en la actualidad, como por ejemplo, decirte: _¡No me contestes! y, acto seguido, reprocharte el hecho de no contestar cuando te hablaban... en fin...

 El extremo, de interpretar, que los maestros, profesores, médicos y cualquiera que colgara un título en su pared, eran dueños de la verdad, aunque yo siempre fuí una silenciosa rebelde de esa idea tan equivocada, porque detrás de cada profesional, hay un ser humano, con traumas, creencias y posturas morales diversas.

 Algunas cosas eran bonitas, como escuchar a mi padre leernos cuentos, o  mi madre, contándonos historias largas y adornadas con muchos detalles, que desbordaban la imaginación. Planear un domingo de picnic, preparar la casa para las fiestas y las publicidades que contagiaban ese clima de magia e ilusión. Esas noches donde la tormenta era intensa afuera, y mis padres preocupados, por la inestabilidad de la casa y la furia del vendaval, nos decían que nos tapemos bien e imaginemos una escena, donde afuera llovía torrencialmente, pero... nosotras, estábamos a salvo en una cueva calentita.

 Recuerdo las vueltas a casa por las noches, y mi padre subiéndome a sus hombros, porque estaba con sueño y cansada. Los primeros días de Primavera en Mar del plata, cuando mi madre nos pasaba a buscar por el colegio, para ir a almorzar a la playa, y muchas veces, de postre, comíamos amarettis, que a ella le gustaban.Mi padre haciendo churros, o sus pastelitos hojaldrados con granas de colores.

 Las situaciones no parecían tan complejas en ese entonces, porque éramos niños, pero... los dultos, no entendían mucho de psicológia o de autoestima en aquellos años, por lo que tocó sobrevivir a muchos métodos equivocados, pero... ¿Cómo culparlos?, si para poder informarse de algo, había que comprar libros y tener tiempo de leerlos, o ir a una biblioteca, resumir y copiar a mano. 

 La televisión en blanco y negro y su uso restringido. La idea, de que óseo era pereza o vagancia, y estaba muy mal visto. Sí, se nos enseñaba a ser más responsables y colabordores en casa. Entre las tareas, podías barrer, lavar platos, sacarle los hilitos a las chauchas, darle forma a los ñoquis, aprender a coser la ropa si se enganchaba, sacar la ropa de la soga, empanar las milanesas, enrrollar las medias, cambiar la toalla del baño, pasar el trapo al piso si era necesario, o dar vuelta la ropa que estaba colgada, y esta última, solo la van a entender los que conocieron los lavarropas antiguos.

 En conclusión, no es que todo haya sido complicado o malo, pero... también las restricciones eran inhibidores de una expresión natural, para no ofender, por evitar el reto, por conseguir un halago, por no avergonzar a tu familia, porque no quedaba bien en una nena o en un varón, porque Dios te iba a castigar, porque había que cuidar la reputación a cualquier precio y... porque si no hacías caso, te ibas a arrepentir de por via.

 Un día, me dí cuenta, que intenté ser buena, hasta la estupidez, con dolor y con dudas, con errores y fracasos, pero... cuando decidí hacer algo diferente, algunos fingieron no conocerme, y se dedicaron a hablar mal de mí y a tratar de influenciar en las personas que yo más quería. A partir de ese momento, entendí, que no es cuestión de ser mala persona, solo es importante saber que no debe afectarte la opinión de gente sin códigos, que solo finge afecto. Ellas tiene su opinión y yo ya sé quien son, pero no importa, me enseñaron a diferenciar, que no toda cercanía tiene que ver con la lealtad, que no hay que justificar una sonrisa que se escapa cuando estas sufriendo, que decir y hacer no es lo mismo y que algunas personas, solo permanecen cerca par drenar tu energía, para usarte de chivo expiatorio o para destruirte cuando se de la ocasión.

 La venganza, o los malos deseos no conducen a nada, lo importante es mantener la distancia necesaria para no exponerse a sus intenciones retorcidas. 

 Y bueno, también existe mucha gente buena, y, no es sinónimo de perfección.


Norma