Bordeando la vida
Astro que se aleja de la mano herida,
canto de sirena que la noche anida.
Suspiro del valle en la hiedra espesa,
ahogada la orquídea bajo la maleza.
Encierro los verdes caminos del alma,
como a un diamante bajo de su agua.
Recorro la noche que encierra la nada,
como dulce brisa que mece a las hadas.
Cálido refugio de extraña fachada,
se ajusta en la lides de la añoranzas.
Una cruz de hielo en la costa magra,
luces que convergen sobre su mirada.
Clamor en el cielo bordeando la vida,
cara de otra cara más desconocida.
Acuosa la idea se plasma erosiva,
los brazos se ciñen en la estrofa ida.
Y vuelvo a las hojas las letras ausentes,
como una carencia de este presente.
Cambiados los ciclos reciclo los años,
fases de un destello sobre lo ignorado.
La mano del ángel se tiende estirada,
rescata del trueno a la nube blanca.
Se viste en su pose de perla agrisada,
en el suave encaje que la lluvia hilvana.
Norma Marchetti
3/6/10
traductor
viernes, 2 de julio de 2010
Bordeando la vida
Astro que se aleja de la mano herida,
canto de sirena que la noche anida.
Suspiro del valle en la hiedra espesa,
ahogada la orquídea bajo la maleza.
Encierro los verdes caminos del alma,
como a un diamante bajo de su agua.
Recorro la noche que encierra la nada,
como dulce brisa que mece a las hadas.
Cálido refugio de extraña fachada,
se ajusta en la lides de la añoranzas.
Una cruz de hielo en la costa magra,
luces que convergen sobre su mirada.
Clamor en el cielo bordeando la vida,
cara de otra cara más desconocida.
Acuosa la idea se plasma erosiva,
los brazos se ciñen en la estrofa ida.
Y vuelvo a las hojas las letras ausentes,
como una carencia de este presente.
Cambiados los ciclos reciclo los años,
fases de un destello sobre lo ignorado.
La mano del ángel se tiende estirada,
rescata del trueno a la nube blanca.
Se viste en su pose de perla agrisada,
en el suave encaje que la lluvia hilvana.
Norma Marchetti
3/6/10
miércoles, 30 de junio de 2010
Caminando la vuelta
Este bendito sol que sostiene mi fatiga, acaricia mis pasos ágiles y firmes, pero esto no es fácil... nunca lo fue. Agradezco a Dios por estos días de primavera en este invierno que reseca hojas y desluce árboles inmensos y oscuros.
Mi cuerpo acompaña este camino sin quejarse, me banca aún cuando lo someto a estas pruebas extremas de inapetencia y poco sueño, aún cuando el frío lo acurruca y anhela acomodarse en la tibieza del sol.
Camino con la frente en alto y la espalda erguida, porque los dolores que pude haber causado, fueron solo porque creí que hacía lo correcto y tal vez por algo de cobardía que salía de mi mente adormilada en lo que suponía "una buena causa".
Hoy sé que la fortaleza que me oprimía nunca existió realmente, tal vez mi corazón no podía salir de su claustro por temor a abandonar algo que de verdad no existía... en definitiva... nada había, pero por alguna razón del destino, de esa nada rescaté a cuatro maravillosas personas... tal vez las más perfectas del universo... al menos ante mis ojos...
Ahora que el oasis desapareció... y no lo extraño, voy por este desierto en busca del sol, ese... que había perdido en la soledad de la noche... ese... que me da toda la energía que necesito para volver a la vida, ese... por el que voy a caminar hasta donde sea necesario para recuperar mis sueños, aunque quede mal parada sobre esta arena, aunque no me pueda acercar... por su altura. De todas maneras no importa, aunque cada día sea un desafío ante la fatiga y la tristeza... mi fuerza me avala, el corazón me impulsa... no me rindo en los finales... todos los nuevos intentos valen... aunque me lleve la vida... no pienso rendirme jamás... voy a estar ahí... cuando Dios acceda...
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