Desde muy chica, descubrí en las palabras el lenguaje genuino del alma... el escape del rincón solitario de sentirse diferente, como un llanto de letras... como soltar palomas vocales y golondrinas consonantes. Desde muy chica aprendí a vivir con mi amiga soledad, compañera de mis lugares aislados de la normalidad, silente espectadora de mis horas reprimidas... de mis mordazas impuestas... de mi pose fría.
Desde muy chica aprendí, que es preferible postergarse a defraudar... soportar a ser juzgada de intolerante. Aprendí que un guiño aprobador, era más importante que cualquier motivo propio de satisfacción, que lo que dicen "los que saben"... es ley, que un titulo habilita a cualquier humano a sentirse con autoridad sobre otro... que el dinero mueve el mundo y que si no lo conseguís... sos "marginal"... "indigente"... "desafortunado"... enorme paquete en el que se guarda indiscriminadamente a todo el resto. Todo es comercial y se cotiza... un mundo en el que conviven individuos similares, pero únicos en esencia, como su código genético, pero tenemos una tendencia peligrosa y destructiva a separar por grupos y etiquetar... entonces dejamos de ser entidades valoradas, para formar parte de determinados grupos y esto nos degrada, porque no te dejan salir y no podés entrar... los que están adentro, sienten que sos una parte de su masa, solo una partícula de un todo y... los que están afuera, sienten pánico de que los contamines y no pertenecer puramente al lugar al que creen pertenecer. Y para las estadísticas sos un número... para el comercio, sos sinónimo de ingresos, para los ambiciosos... un obstáculo, para los indiferentes... no sos nada... y muchas veces llegamos a creerlo. Alguien impone las modas y todos corren sin meditarlo ni dos segundos a incorporar los uniformes a su personalidad... y se tapan... y son todos iguales... caprichos de una matriz, entonces no saben quienes son... pero sí, que deben hacer, porque como guía, tienen un catálogo de moda que los aisla de lo que podrían ser, pero no se animan... y se engañan, se ponen máscaras, pretenden ser lo que algunos envidian, lo que se supone que es correcto, o lo que quisieran haber sido.
En fin, desde muy chica aprendí muchas cosas... de las buenas... de las malas. De la buenas que creí malas, pero hoy me ayudan... y de las malas, que creí buenas... y hoy descarto.
Si para poder entender que significa ser generosa, tuve que amar... si para arrancarme el rencor, tuve que ser libre... si para cuidar, tuve que aprender a perdonar con toda el alma... si para comprender el dolor tuve que conversar con mi amiga soledad... si llegué a pensar en que valen más las flores de tela, aunque no perfumen... porque las naturales se marchitan al sol.
Si tanto se me ha ido de las manos... por soñar despierta, por apostarlo todo... por entregar el corazón aún palpitando, mientras su sangre se me escurre entre los dedos... mientras me miro y noto el agujero que quedó en mi pecho... pero yo sé que todo lo hice con la inocencia pura de los tontos... los románticos... los que nos desnudamos en una poesía y malgastamos años, solo por la ilusión de una mirada. Para los que lloramos cuando alguien pretende hacernos ver que son utopías... y cuando la utopía es definida como "Proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre éste"... cuando alguien te grita... ¡¡Avivate!! y yo pienso... ¿De qué me tengo que avivar?... ¿Qué pretenden que entienda?... que a algunos le cuesta poco entrar y salir de mi vida... pero antes de irse te recuerdan que algunas personas solo aparecen por algún motivo y se van sin darte ninguno...
Desde muy chica aprendí a elegir con el corazón... y digan lo que digan... realmente no me importa... "Al César lo que es del César... y a Dios, lo que es de Dios".
Norma Marchetti
4/6/11
traductor
sábado, 4 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
Le escribo al amor...
Le escribo al amor... ese transparente...
de infantil pureza... de versos vehementes.
Le escribo al amor... ese impensado...
que se avista siempre mirando agitado.
Le escribo al amor... fuego de presencia...
que aviva los vientos... calma la tormenta.
Le escribo al amor... ese de los sueños...
que es de carne y vive en el pecho.
Le escribo al amor... casi escalofrío...
que fluye en volcanes... en invierno frío.
Le escribo al amor... que barre la arena...
y no importa el tiempo cuando el alma llena.
Le escribo al amor... paraíso interno...
pasión que te eleva... más allá del cielo.
Le escribo al amor... mágica poesía...
vocablos que bailan hasta la locura.
Le escribo al amor... verdad de una rima...
canción de la entrega... beso sin medida.
Le escribo al amor... caricia sin freno...
la luna y el sol jugando en el eco.
Le escribo al amor... embrujo de estrellas...
reales las manos... abrazo de hiedra.
Le escribo al amor... destello en la noche...
compases sublimes de dos corazones.
Norma Marchetti
2/6/11
de infantil pureza... de versos vehementes.
Le escribo al amor... ese impensado...
que se avista siempre mirando agitado.
Le escribo al amor... fuego de presencia...
que aviva los vientos... calma la tormenta.
Le escribo al amor... ese de los sueños...
que es de carne y vive en el pecho.
Le escribo al amor... casi escalofrío...
que fluye en volcanes... en invierno frío.
Le escribo al amor... que barre la arena...
y no importa el tiempo cuando el alma llena.
Le escribo al amor... paraíso interno...
pasión que te eleva... más allá del cielo.
Le escribo al amor... mágica poesía...
vocablos que bailan hasta la locura.
Le escribo al amor... verdad de una rima...
canción de la entrega... beso sin medida.
Le escribo al amor... caricia sin freno...
la luna y el sol jugando en el eco.
Le escribo al amor... embrujo de estrellas...
reales las manos... abrazo de hiedra.
Le escribo al amor... destello en la noche...
compases sublimes de dos corazones.
Norma Marchetti
2/6/11
lunes, 30 de mayo de 2011
Rosas sin espinas.
La tristeza se hace añicos tras su paso,
el misterio es un suspiro en el ocaso.
Las caricias son el agua que exonera...
la sonrisa es el fruto de la espera.
Y me abro al dulce embrujo de lo simple,
y me lleno de verdor en lo invisible.
Y acepto que no soy más que otro humano,
en la búsqueda sencilla del abrazo.
El aroma de una flor en el desierto,
lo común de un sentimiento verdadero.
El vaivén de alguna hoja entre la brisa,
la canción que sembró rosas sin espinas.
Unas alas transparentes en la espalda,
un temor a no encontrarme con mi alma.
La franqueza de exponerme en mis defectos,
caminar de pies descalzos en los sueños.
Y si el cielo no se abriera en mi universo,
y si el tiempo se me burla en el intento,
no me importa, yo encontré lo que buscaba...
no me importa, si esto amo más que a nada.
Norma Marchetti
30/5/11
el misterio es un suspiro en el ocaso.
Las caricias son el agua que exonera...
la sonrisa es el fruto de la espera.
Y me abro al dulce embrujo de lo simple,
y me lleno de verdor en lo invisible.
Y acepto que no soy más que otro humano,
en la búsqueda sencilla del abrazo.
El aroma de una flor en el desierto,
lo común de un sentimiento verdadero.
El vaivén de alguna hoja entre la brisa,
la canción que sembró rosas sin espinas.
Unas alas transparentes en la espalda,
un temor a no encontrarme con mi alma.
La franqueza de exponerme en mis defectos,
caminar de pies descalzos en los sueños.
Y si el cielo no se abriera en mi universo,
y si el tiempo se me burla en el intento,
no me importa, yo encontré lo que buscaba...
no me importa, si esto amo más que a nada.
Norma Marchetti
30/5/11
domingo, 22 de mayo de 2011
Junto a la ventana.
Canción de afonía... armonía de nada,
dejos del idioma que ha perdió el habla.
Blanco mortecino... pálido cortejo...
pisadas difusas sobre los desiertos.
Ambiguas razones... tristes, soslayadas,
penumbras del cuarto a puertas cerradas.
Canción del pasado que jamás termina,
las letras bailando en su melodía.
Álgida la noche y su escaso intento,
se aquieta en los brazos fríos de los muertos.
Un paisaje agreste de otoño lluvioso...
junto a la ventana se pierden mis ojos.
Estiro mis manos de tacto prohibido...
reclamo de un tiempo que cae rendido.
La vela encendida aviva su llama...
ilumina el cielo cuando lo reclama.
Ecos casi sordos de gritos de mudos,
la gruta es refugio para los sentidos.
Espera el abrazo sentado en la cama...
y escribe los versos que le dicta el alma.
Norma Marchetti
22/5/11
dejos del idioma que ha perdió el habla.
Blanco mortecino... pálido cortejo...
pisadas difusas sobre los desiertos.
Ambiguas razones... tristes, soslayadas,
penumbras del cuarto a puertas cerradas.
Canción del pasado que jamás termina,
las letras bailando en su melodía.
Álgida la noche y su escaso intento,
se aquieta en los brazos fríos de los muertos.
Un paisaje agreste de otoño lluvioso...
junto a la ventana se pierden mis ojos.
Estiro mis manos de tacto prohibido...
reclamo de un tiempo que cae rendido.
La vela encendida aviva su llama...
ilumina el cielo cuando lo reclama.
Ecos casi sordos de gritos de mudos,
la gruta es refugio para los sentidos.
Espera el abrazo sentado en la cama...
y escribe los versos que le dicta el alma.
Norma Marchetti
22/5/11
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