traductor
jueves, 3 de febrero de 2011
Extasiada de sonidos.
Mis brazos cruzados sobre la mesa, mi cabeza reposando sobre ellos,
un silencio de voces en el entorno y mi cuerpo se distiende. Entorno
mis ojos y relajados mis músculos, delinean una sonrisa a mi
expresión.
Me alcanza la dulce melodía de unas aves y voy desandando el tiempo.
Me vuelvo niña extasiada de sonidos, coros de aves celestiales,
sonidos de paz sobrevolando campos inmensos, frondosos de vida,
infinitos de ecos ancestrales, virginales de guerras, sordos de
bramidos de mar, huérfanos de retumbos humanos. El crujir de las
hojas otoñales, la casi imperceptible eufonía de las flores
bostezando, una gota de agua que cae, estalla y se expande en
círculos.
El viento en su perpetuo juego, envuelve al nogal, sacude al pino y
menea el paraíso, en su incesante melodía oscilante, abraza, huye,
retorna y se repliega en un vaivén de silbidos.
Voces del pasado, hoy ya desvanecidas, vienen desde el recuerdo a
hurgar en mi puericia, e irrumpen en mi paz con su alegría, vetando a
la muerte que nos distancia.
Mi padre con su voz me trae tardes de chocolate con churros y de
cuentos, de inventos, de ilusión y de sorpresas, de proyectos y risas
a la mesa. Tía Luisa con su voz amasa panes, hace tortas de limón,
cocina dulces, se ataja el sol con una mano y se aleja con andar
apresurado. Abuela Ninfa con voz me cuenta historias, brilla con
kerosén el piso del zaguán, se toma un té, juega al chinchón y barre
el patio con la escoba de paja mientras las gallinas picotean la
comida.
El rechinar de la puerta, el sonido metálico del picaporte, el agua
llenando la pava, el golpecito de la puerta de la alacena, el intento
del roce que enciende el fuego, el hurgar en la caja del té, el vapor
que hace bailar la tapa, nuevamente el agua cae como catarata y se
acomoda... finalmente el repicar de la cucharita que se baila un vals
en la taza. Escucho una voz nacida en mis entrañas que me agita
diciendo... –Má, ¿te quedaste
dormida?.
Autorretrato
Tomo mi paleta de papel y mis pinceles pelados. El espejo enfrente
de mí, la silla, el escritorio y las miradas indecisas que no pueden
resolver que retratar.
Improviso un bosquejo a grandes rasgos. Estatura media, acorde el
peso... normal, castaño el pelo y los ojos, tez blanca, manos y pies
pequeños y el cabello natural, sin peinados, medio largo, sin tintura
y alguna cana escondida que me delata la edad.
Paso a los detalles de mis manos imperfectas, que han lavado,
cosido, planchado, mimado, curado, bañado, calmado, vestido,
advertido, cocinado, barrido, colgado, tendido... y escrito palabras
que desnudaron mi alma. Mis ojos que han sonreído tanto, mis noches
de llanto que también me han navegado, mis iras denunciadas y las
contenidas que me ensombrecieron la mirada.
Fusiono los colores con tonos naturales. Montañas, lagos y sol para
matizar mi paz. colosales campos sembrados para mi libertad, cuevas
de hielos eternos para mi tristeza, prados de coloridas flores para
mi niñez, oleajes de indescriptible vigor para mi cólera, pájaros de
indefinible divinidad para mi concepción, mágicas comarcas para mi
origen... y rosas de fuego para mi amor mortal.
Un abanico de gamas en mi espíritu, inmaculados blancos para derogar
las guerras, insondables azules para purificar, verdes perpetuos para
prosperar, anaranjados penetrantes para la ternura, ambarinos
insulsos para mi indiferencia, grises asfixiados para mis rencores,
rozados intensos para mi júbilo, castaños prolongados para mi
constancia y concluyo mi obra con pinceladas en carmesíes de
vehemencia para mi intimidad.
Soy una radiante luminiscencia oculta, soy un río manso que no
dimite su transitar, soy un brote nuevo, endeble, expuesto y a su vez
un titán de pasmosa fortaleza. Soy un junco, una piedra, un volcán
adormilado, un sauce, soy tierra simple y productiva, un ocaso de sol
por su nostalgia, un iceberg por mi reserva, madero sediento de
conciliación y extenso abrazo para cándidas victimas.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Sosteniendo el cielo
Mis pasos son nubes sobre el pavimento,
desprende mi alma sus versos dispuestos.
No pretendo nada... pero siempre espero...
su aroma es verano sobre mis deseos.
Cálidos los brazos sosteniendo el cielo,
suave en su mesura de amor y misterio.
Abriendo un camino después de los claustros,
sus manos dibujan el verso esperado.
Cambia el escenario, ordena y alinea,
deja su presencia en cualquier hendija.
Se acelera y corre, se apacigua y calma,
tiene una maestría sobre las palabras.
Tiene ese dominio sobre lo propuesto...
se acerca, se aleja, se exhibe dispuesto.
Con pasos pesados o sutil pisada...
pinta los paisajes para su mirada.
Elijo esa voz de ternura y calma,
elijo ese sueño que pende del alba.
Lo elijo... lo siento, trasluce y hechiza,
lo firma en caricias sobre su sonrisa.
Norma Marchetti
2/2/11
http://www.youtube.com/watch?v=gqLV17MotFg
lunes, 31 de enero de 2011
Él y ella
Pendiendo de un sueño reciclaban años,
la vida se acopia tras su calendario.
Caléndula abstracta que gira orbitada,
buscando en la dicha de sentirse amada.
Disipa... se expande, fusiona, repliega,
en manto se extiende en virtual entrega.
Lo abraza y se queda mirando su ocaso...
la brújula vuelve a marcar sus trazos.
El viento se vuelve suavidad de brisa,
la luna lo envuelve en sutil sonrisa.
Ella estaba cerca... él la convocaba...
su brazo de arena en su piel de agua.
La efímera cuota de amor en silencio,
la diestra propuesta sobre algún sosiego.
Ella lo esperaba... él la retenía...
cambiaban la cara... en las melodías.
La llevaba al cielo a juntar estrellas,
luego la esperaba... le leía un poema.
Caminaba cerca... sentía sus pasos...
ambos dominaban un lenguaje extraño.
Comían del fruto de la fantasía...
jugaban a un juego que nadie entendía.
Él era un juglar del anonimato...
ella un laberinto de pimpollos blancos.
Él era el idioma de muchas naciones,
ella lo encendía todo con colores.
Él era ese mago de excelencia y clase...
ella era la fuerza para su rescate.
Unían espaldas venciendo batallas...
el tiempo, el gentío y su dura estafa.
Él cubría con hielo la verdad de su alma...
ella con sus rosas lo esperaba al alba.
Torcían la historia... no eran usuales,
nada los vencía... dos duros rivales.
Eran dos guerreros de antiguas tierras...
solo ellos sabían sortear esas pruebas.
Ellos hacían gestos que nadie entendía...
traducían en letras toda su osadía.
Surcaban espacios, kilómetros, mares,
castillos de nubes... puentes de corales.
Norma Marchetti
31/1/11
http://www.youtube.com/watch?v=blhigCRqvVQ
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