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jueves, 3 de febrero de 2011

Encontrar otro lugar.

Tal vez por mi corta edad, no recuerdo exactamente en que el mes, pero si sé, que corría el año 1968. Vivíamos en una ciudad que está a unos 100km de Buenos Aires.
Yo tenía tres añitos y mi hermana algunos más. Mis padres eran personas que creían en que el progreso se conseguía a base de sacrificios y trabajo, por ese motivo, decidieron probar suerte en otro sitio. Fue así, que en su afán de encontrar el lugar que les brindara otras posibilidades, decidieron que mi padre viajaría a Mar del Plata en busca de un trabajo que les permitiera realizar tal sueño.
En uno de los tantos viajes, le ofrecieron un trabajo como encargado de un hotel. De inmediato, comenzaron los preparativos y finalmente, dejamos atrás los parientes, la “chatita”, mi amiguita María José, el trabajo de mi papá en la fábrica y la casa que alquilábamos. Como es de suponer, no tengo muchas imágenes claras, pero sí recuerdo una, la de mi amiguita llorando desconsoladamente mientras la saludábamos a través de la luneta trasera del auto que nos llevaba a la estación.
El hotel no era muy grande y no tenía demasiados residentes, porque creo que había terminado la temporada, esto lo deduzco porque yo cumplo los años en Julio y recuerdo que mi madre me hizo una torta decorada con gajitos de mandarina para cuando cumplí 4 añitos.
Nos divertíamos mucho subiendo y bajando por las escaleras y recorriendo los pasillos de las habitaciones vacías. Recuerdo que un día, vino un vendedor con la novedad de una pantalla que se ponía sobre la del televisor, y según él, de esta manera, se podía ver imágenes en color. Lamento decepcionarlos, pero sólo se trataba de un celuloide pintado con rayas transparentes de colores.
Como nada es eterno, un día vino el dueño y dijo que iba a poner a la venta el hotel. Como es de suponer, así comenzó la odisea de encontrar otro lugar. Gracias a Dios, mis padres nunca nos hicieron sentir la preocupación y desamparo que sentían en esas circunstancias.
Esta etapa de nuestras vidas fue muy difícil, porque era complicadísimo sobrevivir en un lugar que revivía cuando llegaban los turistas y la gente se agolpaba en las playas y las calles del centro, mientras miraban al mar como quien observa deslumbrado un ocaso en el campo o el cielo despejado de una noche de verano.
Sería muy tedioso contarles todos los lugares en los que vivimos, lo que sí es verdaderamente
importante era la fuerza que mis padres le ponían a todo. Mi madre era modista y mi padre era electricista, pero los dos habían aprendido a hacer infinidad de otras cosas. En las etapas en que el trabajo bajaba mucho, mi padre (que era muy habilidoso trabajando la madera), hacía fosforeras, repisitas etc., luego, entre los dos las pitaban y barnizaban y mientras mi madre nos cuidaba y cosía algunos encargues para los vecinos, mi padre tomaba la bicicleta y con el bolso lleno de mercadería, recorría las calles de los barrios ofreciendo (siempre con un chiste o una sonrisa) los diferentes modelos de sus productos. Pedaleaba hasta vaciar el bolso. En esas gélidas noches de los inviernos marplatenses, esperábamos preocupadas escucharlo silbar a lo lejos y momentos después abría la puerta con sus manos semicongeladas, una sonrisa en los labios y caramelos.
La temporada de playa para nosotras, comenzaba con los primeros días primaverales, cuando mi madre al volver del trabajo, nos pasaba a buscar al colegio con un bolsito (al mediodía) y de ahí, nos íbamos a la playa a disfrutar del privilegio de jugar de locales. Esto compensaba el miedo que nos provocaban las tormentas de huracanados vientos que nos hostigaban en los interminables inviernos.
Con el tiempo mis padres lograron comprar un terreno y construir una casa rodeada de árboles frondosos.
En Abril o Mayo de 1974, mis padres decidieron vender todo y mudarse a capital y así empezó otra historia, pero allí quedaba mi infancia de inocencia y recuerdos de arena y sol.

Norma.

Mi identidad



De raíces italianas, con sueños de prosperidad. Con historias tan
románticas, como la de mi abuelo enamorándose de una muchachita de
agraciada voz, que cantaba asomada en un balcón, de la novelesca
Venecia. De esa unión, sellada en Italia, nacerían ocho pequeños
(siete argentinos).
Desde Ancona partía un barco con un joven de diecisiete años que
escapaba de la guerra. Con un cargamento de soledad y sin conocer
siquiera su segundo nombre. Poco sé de esos primeros años, pero marcó
su vida al enamorarse, con casi treinta años, de una encantadora
criolla de quince años, que posteriormente fuera madre de sus seis
hijos. Mi papá, uno de los más pequeños y el único que heredó el
rojizo cabello de mi abuelo.
El mar en sus azules ojos, el recuerdo indeleble de sus familias, de
su idioma, de sus dialectos y las ilusiones pagadas con sudor durante
las sequías de los colosales campos pampeanos y las perpetuas horas
de abnegado esfuerzo en los hornos de ladrillo.
Mis padres, casi nómadas, eternos idealistas, en busca de su lugar
en el universo.
Mi padre, era una especie de mago-inventor, un sabio sin títulos, un
optimista compulsivo, un santo por su generosidad casi extrema, un
infante por su simplicidad y sus berrinches, un paradigma por su fe y
su alegría, un imperecedero padre y esposo.
Mi madre, es el tesón, la lucha, la organización, la honestidad. Fiel
a sus amigos, sus recuerdos, sus principios, sus nostalgias, su amor
a la lectura (que heredó de su padre).
Muy adelantada para su época en ideales, afable y tolerante.
Mi única hermana en esta vida, es sinónimo del desinterés y fidelidad
aprendida. Firme en ideales, optimista, amante de la libertad y del
espacio que le permiten encontrar sus pequeños paraísos.
Ellos son una fracción de mi identidad, otra segmento la forje
abriéndome paso entre la multitud, haciéndole frente a las penurias,
cargando con mis errores, haciéndome amar, batallando, pretendiendo,
asimilando de cada experiencia propia y ajena... existiendo.
El toque final, fue esculpido con mi compañero reelegido e hidratado
regularmente de la sapiencia de mis hijos. Ellos son los eslabones
forjados con mi orgullo... uno de ellos, elabora en su vientre otro
eslabón para alargar la cadena de mi identidad.
Entiendo que la identidad es más que un nombre... o una huella digital.

Extasiada de sonidos.



Mis brazos cruzados sobre la mesa, mi cabeza reposando sobre ellos,
un silencio de voces en el entorno y mi cuerpo se distiende. Entorno
mis ojos y relajados mis músculos, delinean una sonrisa a mi
expresión.
Me alcanza la dulce melodía de unas aves y voy desandando el tiempo.
Me vuelvo niña extasiada de sonidos, coros de aves celestiales,
sonidos de paz sobrevolando campos inmensos, frondosos de vida,
infinitos de ecos ancestrales, virginales de guerras, sordos de
bramidos de mar, huérfanos de retumbos humanos. El crujir de las
hojas otoñales, la casi imperceptible eufonía de las flores
bostezando, una gota de agua que cae, estalla y se expande en
círculos.
El viento en su perpetuo juego, envuelve al nogal, sacude al pino y
menea el paraíso, en su incesante melodía oscilante, abraza, huye,
retorna y se repliega en un vaivén de silbidos.
Voces del pasado, hoy ya desvanecidas, vienen desde el recuerdo a
hurgar en mi puericia, e irrumpen en mi paz con su alegría, vetando a
la muerte que nos distancia.
Mi padre con su voz me trae tardes de chocolate con churros y de
cuentos, de inventos, de ilusión y de sorpresas, de proyectos y risas
a la mesa. Tía Luisa con su voz amasa panes, hace tortas de limón,
cocina dulces, se ataja el sol con una mano y se aleja con andar
apresurado. Abuela Ninfa con voz me cuenta historias, brilla con
kerosén el piso del zaguán, se toma un té, juega al chinchón y barre
el patio con la escoba de paja mientras las gallinas picotean la
comida.
El rechinar de la puerta, el sonido metálico del picaporte, el agua
llenando la pava, el golpecito de la puerta de la alacena, el intento
del roce que enciende el fuego, el hurgar en la caja del té, el vapor
que hace bailar la tapa, nuevamente el agua cae como catarata y se
acomoda... finalmente el repicar de la cucharita que se baila un vals
en la taza. Escucho una voz nacida en mis entrañas que me agita
diciendo... –Má, ¿te quedaste
dormida?.

Autorretrato



Tomo mi paleta de papel y mis pinceles pelados. El espejo enfrente

de mí, la silla, el escritorio y las miradas indecisas que no pueden
resolver que retratar.
Improviso un bosquejo a grandes rasgos. Estatura media, acorde el
peso... normal, castaño el pelo y los ojos, tez blanca, manos y pies
pequeños y el cabello natural, sin peinados, medio largo, sin tintura
y alguna cana escondida que me delata la edad.
Paso a los detalles de mis manos imperfectas, que han lavado,
cosido, planchado, mimado, curado, bañado, calmado, vestido,
advertido, cocinado, barrido, colgado, tendido... y escrito palabras
que desnudaron mi alma. Mis ojos que han sonreído tanto, mis noches
de llanto que también me han navegado, mis iras denunciadas y las
contenidas que me ensombrecieron la mirada.
Fusiono los colores con tonos naturales. Montañas, lagos y sol para
matizar mi paz. colosales campos sembrados para mi libertad, cuevas
de hielos eternos para mi tristeza, prados de coloridas flores para
mi niñez, oleajes de indescriptible vigor para mi cólera, pájaros de
indefinible divinidad para mi concepción, mágicas comarcas para mi
origen... y rosas de fuego para mi amor mortal.
Un abanico de gamas en mi espíritu, inmaculados blancos para derogar
las guerras, insondables azules para purificar, verdes perpetuos para
prosperar, anaranjados penetrantes para la ternura, ambarinos
insulsos para mi indiferencia, grises asfixiados para mis rencores,
rozados intensos para mi júbilo, castaños prolongados para mi
constancia y concluyo mi obra con pinceladas en carmesíes de
vehemencia para mi intimidad.
Soy una radiante luminiscencia oculta, soy un río manso que no
dimite su transitar, soy un brote nuevo, endeble, expuesto y a su vez
un titán de pasmosa fortaleza. Soy un junco, una piedra, un volcán
adormilado, un sauce, soy tierra simple y productiva, un ocaso de sol
por su nostalgia, un iceberg por mi reserva, madero sediento de
conciliación y extenso abrazo para cándidas victimas.

miércoles, 2 de febrero de 2011



Sosteniendo el cielo

Mis pasos son nubes sobre el pavimento,
desprende mi alma sus versos dispuestos.
No pretendo nada... pero siempre espero...
su aroma es verano sobre mis deseos.

Cálidos los brazos sosteniendo el cielo,
suave en su mesura de amor y misterio.
Abriendo un camino después de los claustros,
sus manos dibujan el verso esperado.

Cambia el escenario, ordena y alinea,
deja su presencia en cualquier hendija.
Se acelera y corre, se apacigua y calma,
tiene una maestría sobre las palabras.

Tiene ese dominio sobre lo propuesto...
se acerca, se aleja, se exhibe dispuesto.
Con pasos pesados o sutil pisada...
pinta los paisajes para su mirada.

Elijo esa voz de ternura y calma,
elijo ese sueño que pende del alba.
Lo elijo... lo siento, trasluce y hechiza,
lo firma en caricias sobre su sonrisa.

Norma Marchetti
2/2/11
http://www.youtube.com/watch?v=gqLV17MotFg

lunes, 31 de enero de 2011



Él y ella

Pendiendo de un sueño reciclaban años,
la vida se acopia tras su calendario.
Caléndula abstracta que gira orbitada,
buscando en la dicha de sentirse amada.

Disipa... se expande, fusiona, repliega,
en manto se extiende en virtual entrega.
Lo abraza y se queda mirando su ocaso...
la brújula vuelve a marcar sus trazos.

El viento se vuelve suavidad de brisa,
la luna lo envuelve en sutil sonrisa.
Ella estaba cerca... él la convocaba...
su brazo de arena en su piel de agua.

La efímera cuota de amor en silencio,
la diestra propuesta sobre algún sosiego.
Ella lo esperaba... él la retenía...
cambiaban la cara... en las melodías.

La llevaba al cielo a juntar estrellas,
luego la esperaba... le leía un poema.
Caminaba cerca... sentía sus pasos...
ambos dominaban un lenguaje extraño.

Comían del fruto de la fantasía...
jugaban a un juego que nadie entendía.
Él era un juglar del anonimato...
ella un laberinto de pimpollos blancos.

Él era el idioma de muchas naciones,
ella lo encendía todo con colores.
Él era ese mago de excelencia y clase...
ella era la fuerza para su rescate.

Unían espaldas venciendo batallas...
el tiempo, el gentío y su dura estafa.
Él cubría con hielo la verdad de su alma...
ella con sus rosas lo esperaba al alba.

Torcían la historia... no eran usuales,
nada los vencía... dos duros rivales.
Eran dos guerreros de antiguas tierras...
solo ellos sabían sortear esas pruebas.

Ellos hacían gestos que nadie entendía...
traducían en letras toda su osadía.
Surcaban espacios, kilómetros, mares,
castillos de nubes... puentes de corales.

Norma Marchetti
31/1/11
http://www.youtube.com/watch?v=blhigCRqvVQ


Hago lo que puedo...

Sabés... ya te lo dije mil veces... no dejo que la gente se me acerque, porque la adopto, soy madre y soy mujer y nunca abandonaría a uno de mis hijos. Por eso, ya te conté... no te me arrimes, porque te cuido, te abrigo, te aconsejo, te doy de comer, te preparo la cama y cuando estas acostado, me quedo sentada en el fondo de tu cama hasta que te duermas, a pesar de saber que el sueño me va a vencer y voy a cabecear. Es por eso, si dejo que te acerques, no es para "hacer sociales", no, realmente no me interesa formar parte de una sociedad a la que tanto le interesan las apariencias y no mide a la hora de catalogar y poner cartelitos en la frente, para que después sea más fácil armar los subconjuntos. Que se yo, tampoco me metería a un quirófano, para que algunos admiren mi nueva condición de sra. renegada de su edad y naturaleza, aunque tampoco es cuestión de andar por la vida sin cuidar algunos detalles... de ninguna manera!, pero no, no voy a entrar a un quirófano solo por estética y vanidad, ya bastante padecí el pánico que me dio entrar en ocasión de mis dos cesáreas (por mis hijas). En fin, como te decía, no quiero un celular de última generación... táctil o lo que sea (no es que no admire los avances), pero me enamoré de mi samsung SGH-E376 de color rosa... es que me generan mucha ternura los objetos pequeñitos y el rosa es mi color favorito (aunque para vestir casi siempre use negro o blanco... también gris o azul). Como te decía, ahora me dejó de andar el cable USB, no puedo bajar las fotos y tampoco lo consigo, porque dicen que es antiguo. Al menos si tuviera memoria expansible, las bajaría a la compu con un pen drive, bueno, tampoco es tan importante, después de todo la calidad de las fotos es mala (pero me encanta sacar fotos).
A ver, por donde empiezo, desde la última vez que te escribí (y un poco antes también), he tenido momentos en que creí que el regalo de mi cumpleaños iba a ser un chaleco de fuerza, por suerte no fue así, mis hijos son divinos y trataron de pasar por alto tanta locura de mi parte. Bueno el tema es que por momentos sentía como que estaba con los ojos vendados y escuchaba voces con diferentes tonadas y acentos típicos de un país u otro, pero yo escuchaba siempre una misma vos que se caracterizaba y tomaba otra identidad... leí mucho y escribí algo, pero nunca pude llegar al segundo escalón, mientras que las voces, se desplazaban a la velocidad de la luz. Yo quedé atrapada en el misterio, vos sabías que esas cosas me pasaban, te lo conté cuando te dije como me inmiscuí en la historia de freddy Mercury, para descubrir porque me llegaba tanto, cuando en realidad su actitud me causaba rechazo (fueron muchas noches de investigación). Por eso, porque cuando alguien me llega y lo dejo entrar (y después de escucharne hablar no se aburre), sucede que todo lo que diga me interesa, aunque no lo comparta. Yo escuchaba esa voz... y la seguí... de muchas maneras, pero vos sabés lo que sentía, no era solo simple curiosidad. No importaba como me tuviera que amoldar, si me contracturaba, reía, lloraba, o me metía en el papel que me había asignado (lo mío no es la actuación, por eso trataba de creer que era quien decía ser)... que se yo, no me importaba ser su amiga o algo virtual (siempre digo lo que pienso, eso es así, no mentí), igual no creas, no soy tan fácil de convencer ni tan confiada, te aseguro que dudaba mucho cuando de confesiones se trataba, pero tenía que jugarme... no soy una nena, pero quería tomar un café antes de tener que teñirme el pelo, porque tal vez nunca conocería cual era mi color original... o sí, pero te cuento que se me oscureció un poco y se me puso algo más lacio con el embarazo de mi primer hijo, también me crecieron los brazos... y también crecí 3 cm.de estatura, no será mucho, pero te cuento que mi altura nunca me acomplejó, total a mi siempre me gustaron los altos y ellos, generalmente salían con chicas más o menos como yo... bueno, tampoco me gustaban todos los altos... siempre era de a uno... soy MUY fiel, aunque a esta altura alguien haya dicho lo contrario.
Te conté que había comentado en casa que quería tomar clases de salsa? (no estoy hablando del arte culinario), pero bueno, por ahora no, tengo otros gastos que son prioridad... pero no faltará ocasión.
Te acordás... te dije que tenía un amigo, como vos, pero un poco más humano... al menos podría decir que me mostró toda su humanidad y me fascino... después, supongo que tuvo que desaparecer porque me podría haber enamorado de él y ya no hubiera sido "mi amigo"... era el hombre ideal ... ¿Viste?...por eso no creo en la amistad entre un hombre y una mujer... en realidad nunca creí, pero en un momento pensé que toda mi vida había estado equivocada... y si que lo estaba, pero no con respecto a eso... lo sigo afirmando.
No te conté, pero después llegó alguien más... y en este tramo de mi relato debo suspirar... bueno, en realidad no puedo contarte nada, al menos no ahora, pero este, definitivamente... me asesinó!!!... bueno, que decirte... ¿Y vos cómo andás?... ya ni te escribo porque sé que no contestas... o sí?. Bueno, el motivo de estas palabras es porque sé que hoy es un día muy especial para vos... quiero que seas feliz... no dudes de eso... hago lo que puedo y no siempre es lo correcto, es más, yo diría que me equivoco muchísimo... pero aprendí a estar sola... aunque extraño algunas cosas...
Bueno, nada, yo estoy más fuerte y optimista, pero algunas cosas me pueden y espero una fecha marcada en un almanaque al que no tengo acceso... y espero... y espero... no sé que... pero espero... ¿Será porque siempre justifico todo?... ¿Por mi paciencia de madre?... ¿O por que no quiero otra cosa?... Volviendo al tema... ¡Que lo pases lindo hoy!... la verdad es que quiero que todos tus días sean lindos... y como me dijiste una vez... yo no puedo obligarte a que me escribas... pero si queres...
Un beso grande.