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martes, 6 de enero de 2026

Mi barrio

                                                


                                                   https://youtu.be/NH3MKW8U4SA

 Las mañanas en mi barrio son tranquilas,

en mí calle, pocos autos... luz de día,

No se admiten edificios, pocos llegan,

son los mismos, que envejecen en su tierra.


Y es verdad, yo no crecí en este barrio,

bueno, al menos, ya tenía veinte años.

Y me fui, buscando al fin huir del miedo,

pero, ese tiempo, me mostró un crudo invierno.


Mismas miserias... mezquindades disfrazadas,

más agradables en su arte, sus fachadas.

Mismas personas... que se visten de arrogancia.

mismas bajezas, bajo el velo de su estampa.


Y volví al barrio, ya sin miedos, ni impaciencia,

de gente simple, que no entiende sutilezas,

entre salvaje y solidario... todo se arriesga,

no van pensando en el futuro... van sin reglas.


Todos sabemos de raíces y de historias,

cuando los viejos rezongaban a la sombra.

Pocos pudieron apartarse del destino...

acostumbrados a ser eso... no hay caminos


Pero conservan calidez, son como niños,

tan inocentes y malvados... no usan filtros.

Y por las tardes, los pequeños arman juegos,

son esos mismos, que jugaban los abuelos.


Y si pelean, todo allí es duelo abierto,

gritan tan fuerte que el final, parece incierto,

pero se insultan sin hacer... escena extraña,

después, se juntan en sus vicios y andanzas.


Se escucha el canto de las aves... ladran perros,

las casas más bonitas, saben de otros tiempos.

Esa vecina que no entiende que molesta,

escucha música y canta fuerte... sin vergüenza.


Y crecen casas que se trepan en terrazas,

y ya no todos van tranquilos a las plazas.

Miramos caras conocidas... muchos años,

y te saludan con sonrisas, hablan alto.


Y ya conocés los sonidos repetidos,

viste a ese árbol tan enorme, en sus inicios.

Mis hijos, viven todos cerca... no hay rutinas,

ellos trabajan por sus sueños, no declinan.


Pasamos fotos al whatsapp de la familia,

hacemos chistes, y compartimos las desdichas.

Y sí, es verdad, que es difícil... pero hay sueños,

nos alentamos, respetando los procesos.


Y casi siempre el desayuno lo hago a solas,

pero disfruto de esa paz, que hoy se honra.

Trabajo, y salgo a caminar, cuido mis plantas,

y yo agradezco lo que tengo... aunque aún falta.


No sabe el mundo cuánto aprecio estar en calma,

que solo el día, con su sol, abre mis alas.

Después, la noche me recuerda las carencias,

pero, me abrazo a otro mañana con falencias.


Norma.

viernes, 2 de enero de 2026

Honestamente

                                              https://www.youtube.com/watch?v=ac-xsDPNZws

 Y... ¿Qué más da?, si nadie dijo que sería,

es como el lento palpitar de la agonía.

No hay garantías, ni por qué, frente a mis ojos,

solo el silencio y su sabor, lejos de todo.


. Soy esa flor que se rearma en el desierto.

soy esa extraña identidad... algo complejo.

Soy distraída en lo común, puedo no verlo,

siento el dolor de una mirada en mi cuerpo.


Y ya no callo... ¿Para qué? ¿A quién cuidaba?,

mi tiempo es mío, y lo sé, pierdo la calma.

La vida puso su presión sobre mis hombros,

a mi sensible corazón lo hizo escombros.


Llevo en mis manos precaución, no voy tan suelta,

llevo el rumor que no se apaga... experiencia.

Me duele adentro, y es verdad que fuí sincera,

que no entendí por qué el amor no se eligiera.


Si, soy más fuerte... pero nunca lo he pedido,

pocas personas deje entrar en mi escondrijo.

Cambié mi rumbo al entender que no era mío,

por cada intento, perdí un sueño... y su sentido.


Le grité al cielo en mis noches de tristeza,

isé banderas de prohibido... nadie entra.

Faltó cariño y los cuidados... fue carencia,

faltó el descanso, y se me dió supervivencia.


Fui entrenada para actuar en la pobreza,

mi reciclada humanidad, pasó las pruebas.

Honestamente, no quería el sufrimiento,

y en el dolor, lloraba a solas, sin lamentos.


Me costó mucho comprender tanto egoísmo,

de tantos seres, que  no ven más que su ombligo,

de quien no ve por su ventana a otras personas,

porque se agrupan en niveles que valoran.


Y la verdad, no me interesa que me aprueben,

no hice un casting, no hay valores que me tienten.

Quién me conoce, sabe bien que me conmueve,

no es el lujo, ni los  halagos... ni los placeres.


Me censuraron la emoción  y el optimismo,

y me quedé, como quien mira un espejismo.

Y no me hablen de los tiempos más correctos,

llevo mil años esperando... y ya es tiempo.


Prorrogue plazos, extendidos a la nada,

busque razones, y me inventé historias raras.

Honestamente, son los hechos los que hablan,

separan cuerpo y corazón... usan... descartan.


Dicen que esto no está bien, y que es complejo,

y... ¿Qué los hace importantes, más que el resto?

Y honestamente, no me importa lo que piensan,

si han amado, si me culpan... o desprecian.


Honestamente, ya no veo a quien abrazan,

si sonríen, son felices... o es la farsa.

Si no puedo ver que ocultan las miradas,

las palabras son quimeras ensambladas.


Norma


 









 



martes, 30 de diciembre de 2025

Y yo no sé



Y yo no sé, es tan extraño, que no entiendo,

es una historia alimentada de recuerdos,

de esa infancia, de inocencia y timidez,

esas simientes, por la magia de un después.


Y yo no sé, porque busqué con tanto empeño,

a un testigo de ese tramo, de esos miedos,

de esas sonrisas desbordadas... contenidas,

de esa ilusión, de observarlo a escondidas.


Y se repiten las historias menos gratas,

cuando los celos que compiten, se desatan,

y solo queda esperar que ya no falle,

que la alegría guíe al fin al caminante.


Y yo no sé, por qué se abrió, si no quería,

colgó ésa foto, junto al muro que escribía.

y yo que vi esa expresión... no era de agrado,

pero si es cruda la verdad, cuando es amado.


Y deambulé por laberintos... fuí foránea,

y la indulgente sociedad, me dió la espalda.

Rocé los sesgos que dejaron cicatrices,

caí al abismo, añorando los matices.


Y yo no sé, cómo crucé tantos desiertos,

pasé las noches del dolor, que no deseo.

Y fue mi mundo, ese nudo en el pañuelo,

y fue la bronca, por lo injusto del destierro.


Y yo no sé, cómo contar lo sucedido,

y ni pretendo que lo entiendan... solo es mío.

Y ahora la calma me llegó sin morir nada,

y yo no sé qué va a pasar... muestro mi alma..


Norma.

                 


  


jueves, 25 de diciembre de 2025

Que...

 

                                                 https://www.youtube.com/watch?v=zseC_bG1seM

Que la triste tierra no habite mis ojos,

que el dolor sin nombre, no pese en mis hombros,

Que esfume la noche, el susurro hueco,

que no hablen mis letras de largos desiertos.


Que no encuentre lodo cubriendo caminos,

que las nubes grises no cierren destinos,

Que no hable la sombra, ni me murmure nada,

que cese la intriga... justicia sagrada.


Que no se escuche al tiempo rompiéndolo todo,

que no ponga excusas, ni recuerde enojos.

Que conceda el cielo, mirar los paisajes,

que abra caminos de fuerza y de coraje.


Que no mire atrás, si no va a alcanzarme,

que hablen estrellas, que cuenten detalles.

Que ilumine el día, el rumbo correcto,

que cierre mi boca, si no hay acierto.


Que me den lo mío, que sea lo que sienta,

que todo se asuma y paguen sus cuentas.

Que balanzas sabias, sopesen los hechos,

que cuando este firme, no renuncie a eso.


Que cubran mis brazos lo que es verdadero,

que se lleve el río lo que rompió adentro.

Qué crezcan mis ganas de seguir creando,

que mis alas nuevas me eleven más alto.


Que encuentre la magia que fue relegada,

que la paz despliegue, límites y pausas.

Que siempre priorice lo que me hace digna,

solo si es real... vital en mi vida.


Norma.



martes, 23 de diciembre de 2025

Don Julio


Muchos entendemos que el amor y el respeto no deberían separarse, incluso, si se trata de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

 Mi padre siempre nos repetía, que uno debe cuidar sus cosas, y aún, se debía tener más cuidado cuando se trataba de algo ajeno. También, repetía frases como: "Ama a tu prójimo como a tí mismo" o "Siempre trata a los demás, como te gustaría que te traten ".Sé que todo es discutible, pero, con esas bases me crié, mi padre fue la persona más generosa que conocí, se desprendía fácil de lo material, cuando reconocía una causa justa. Lo he visto, justificar lo injustificable, poner excusas, o escuchar algún sermón de mi madre, por haber auxiliado en silencio, a una familia, o a alguna persona que casi no conocía. Él, tenía su carnet de donante universal, y en absoluta discreción, iba cada tres meses a donar sangre, sin recompensas y sin quejas.

 Cuando falleció mi abuela (su madre), los compañeros de trabajo, le juntaron un dinero, para ayudarlo a sobrellevar la situación, y él, sin dudarlo, fue a un supermercado y me trajo muchas cajas llenas de mercadería con ese dinero, porque yo estaba pasando por una situación económica bastante complicada, y tenía tres hijos.

Él, siempre fue mi apoyo y mi ayuda incondicional. Muchas veces, me repetía, que yo era la única que lo entendía. Me callé muchas tristezas, porque no quería verlo mal, pero, él siempre lo sabía.

Sé que no tomé las mejores decisiones en mi vida y me consta que eso le producía mucho dolor, pero jamás me lo reprochó, solo escuché de su parte palabras de aliento. Entendía sin palabras lo que no decía, e intentaba rescatarme. Él sabía, que mis hijos y yo, estaba viviendo una vida que no merecíamos, y me decía, que quería alquilar una casa con alguna casita la fondo, para que pudiera vivir con ellos.

 Con el tiempo, compró un hermoso terreno en La Falda, Córdoba y su sueño era construir dos casas, para podernos mudar allí, pero... no pasó, a los setenta años y tres meses, Dios lo reclamó, supongo que porque los ángeles deben vivir en el cielo. Fuí a su velatorio con un pantalón clarito y una remera blanca con florcitas, porque él detestaba que la gente fuera de negro o con colores tristes a los velatorios, siempre insistía en que los los que se iban estaban bien y supongo que no quería despedirlos con tristeza. Creo que mis tías me miraron mal, pero a mí no me importó, yo solo trataba de cumplir su voluntad.

 Era una noche de verano, pero, un relámpago dejó toda la vereda iluminada, cuando a mi hija se puso a llorar sentada en la escalera y la dos vimos, como, de la nada, se largó a llover con una fuerza insospechada. Y pasaron muchas cosas inexplicables, pero, lo más reconfortante, fue escuchar, como cada pariente que entraba, decía una frase o un chiste de los que repetía él. Era de esas personas que hacía chistes por lo bajo, hasta en los velatorios... y así se fue.

 Con su partida, nada volvió a ser igual, la familia se fue separando, mi madre ya no era la matriarca y mi hermana puso en evidencia muchas actitudes, que antes preferí no ver. Y sí, era muy obvio que él siempre fue el fuerte, el optimista, el que generosamente repartía méritos que eran suyos. Tanto es así, que yo no puedo evitar emocionarme hasta las lágrimas con solo recordarlo, porque no hacía falta explicarle nada... porque él no pedía explicaciones, solo se emocionaba, o se reía con nosotros.

 No sé si es más común de lo que creo, pero, en mi casa, cuando hay problemas, se le pide ayuda al abuelo, porque sabemos que nos cuida. Yo repito constantemente sus frases, sus dichos, sus consejos y actitudes. En mis momentos más complicados, aparece en sueños y me calma. Él, siempre decía que no había que llorar por los muertos, porque ellos estaban muy bien.

 Hoy, yo lo veo en mis hijos, y sí, también se parecen a su padre, pero, tienen esa nobleza, destreza y fina creatividad de su abuelo. Y, cuando los veo preocupados, o que la vida los acorrala, siento esa impotencia de quien quisiera poder evitarles todos los sufrimientos, pero, la vida lleva una justicia lenta y bastante amarga.

 Mi padre me enseñó a amar de forma incondicional, sin segundas intenciones. Me enseñó, que solo hay que ayudar por el placer de poder ver a alguien mejor, pero jamás, por crearle una deuda o esperar recompensas.

 Me enseñó, que nunca hay que matar al niño interior, que no hay vergüenza en reírse de tonterías en cualquier lugar. Aprendí, que los títulos, los galardones, o la clase social, no te hace mejor o peor persona, que eso se define por la nobleza, los valores y la humildad. Él le hablaba a todo el mundo con el mismo respeto y simpatía y no le daba miedo decir la verdad, incluso, si era incómoda.

 Recuerdo, que se enojaba ante la falsedad, la traición y la injusticia. Que incluso,ofendido, perdonaba y daba segundas oportunidades. 

 Los pocos años que pudo ir al colegio y su facilidad innata para absorber conocimientos, le permitieron competir con personas que podían certificar los suyos con diplomas. Él, solo se compraba libros o miraba con atención, y sin que nadie entendiera cómo, incorporaba una nueva habilidad, con mucha idoneidad. 

Sus libros de Cabecera, eran: un viejo libro de catequesis, porque creía fervientemente en Jesús, el Martín Fierro, donde José Hernández, despliega, en su poema gauchesco, crudos consejos y enseñanzas de la dura vida del campo y su época.

 Le gustaba mirar las estrellas, y supongo que les inventaba los nombres, pero todo lo hacía con mucha pasión y entusiasmo. Un día, mirando las estrellas, me contó, que cuando mi hermanita mayor murió, miraban, con madre por las noches el cielo, y decían que ella estaba en una estrella rosa, que señalaba con su dedo índice. Realmente, nunca me interesó saber si era Marte, solo me quedé con su dulce y triste historia.

 Conocía mucho de pájaros y le encantaba escucharlos cantar, por lo que en casa, siempre había una jaulita con un jilguero o un cardenal, como se usaba en esos tiempos, hasta que un día los soltó, diciendo que tenían que estar libres. Recuerdo, en una ocasión, en el campo de mi tío, me mostró un hermoso pájaro con plumas rojas y alas negras, me dijo que se llamaban bracitas, y no sé es el nombre oficial, pero era el que él había aprendido, y me quedé un rato observándolo, porque parecía una obra de arte.

 De chica, pasaba muchas horas de mi vida conversando con él, en el taller que se había hecho en casa. Mientras escuchábamos la radio, me enseñaba el nombre de las herramientas, para qué se usaban, me contaba anécdotas, hacía chistes y cantaba. Desde los dos años, yo quería que mi mamá me hiciera un overol como el que usaba mi papá en la fábrica, porque él me había dicho que me iba a llevar para juntar tornillitos y yo le tomé la palabra.

 Don Julio, fue un hombre anónimo para el resto del mundo, pero, en realidad, era inventor, poeta, artista plástico, cantor, fotógrafo, artesano, carpintero, electricista, constructor, optimista, luchador, alegre, bondadoso y un padre inolvidable. 


Norma.